Balaídos no resulta visita insustancial para un candidato a todo que se precie. En lo que va de curso, el proyecto de Eduardo Berizzo ha desarrollado tal magnitud que el partido de este sábado no era, en la lógica de los guarismos, sino una cita entre los líderes del campeonato y los únicos que sobrevivían invictos. A estas alturas del calendario, el fulgurante primer capítulo liguero vigués venía propulsado por la legitimidad que le imprime haber arrodillado -cuando no sonrojado- al Barcelona de Leo Messi, Neymar y compañía, con argumentos estrictamente futbolísticos e identitarios: juego combinativo puntiagudo e intensidad despojada de complejos. El Celta juega igual sin importar el pelaje o pedigree del oponente y trata de llevarle a su terreno de incertidumbre. Bajo este paraguas desembarcó un Madrid todavía en crecimiento. Aún sin la estabilidad propia del vestuario que adolece de lesiones capitales.
El Toto Berizzo, en consecuencia con su percepción del juego, no innovó en su apuesta. Desplegó sobre el maltrecho césped un 4-3-3 tan rocoso como ofensivo. La medular se conformaba salpicada de talento con Augusto, Wass y Pablo Hernández como cuerpo central, el colosal desborde de Nolito en la izquierda y la movilidad de Orellana entre líneas. Iago Aspas culminaba un sistema que quedaba aderezado por el esfuerzo de ida y vuelta de laterales como Jonny y Hugo Mallo y el cierre de Cabral y Gómez. Trataría el club gallego de conducir el tipo de duelo al ritmo e intercambio de golpes, que le es familiar, con el fin de mirar a los ojos al coloso madrileño como si se tratara de una conversación entre iguales.
Rafa Benítez concibió la empresa como una prueba más de consistencia mas que de pegada o creatividad. Así, sentó a Isco para poblar el centro del campo con el equilibrio exclusivo de Casemiro y el abrigo de esfuerzo y clase de Modric -que regresaba a la titularidad tras la lesión- y Kroos. Danilo y Marcelo medirían su capacidad de cierre y Ronaldo figuraba como punta de lanza central, arropado por la velocidad de Jesé y Lucas Vázquez. Ramos y Varane habrían de lucir concentración en un esquema que abogaba por la red de ayudas que templaran el ardor local. La precisión en el manejo del cuero, la cohesión de líneas y la afinación en el remate marcarían si el Madrid abandonaría Galicia en la cima de la tabla.
Arrancó el partido como se susurraba en la previa: ambos contendientes desplegaron presiones altas, con las líneas adelantadas, en busca de la reducción de espacios y la exigencia en la construcción en estático ajena para volar a la contra. La discusión ofreció una mejor apertura madrileña, que cortocircuitó los pasillos centrales vigueses y complicaba la profundidad del avance local. Modric se aplicaba para batir líneas y aprovechar los espacios a la espalda del primer esfuerzo celtiña, y Danilo avisó en el tercer minuto con un chut desde larga distancia sin consecuencias.
Reaccionó el Celta reclamando finura en la asociación primaria merengue, pero la ocupación de espacios de los pupilos de Benítez allanaba el camino para la recuperación y la estabilidad en el primer suspiro a través de una buena combinación. Kroos se adelantaba para ejercer como pieza de presión y los otros dos pivotes taponaban los intentos para remarcar el dominio de la situación capitalina. Una expresión de control que obtuvo cosecha prematura. Corría el octavo minuto cuando el cerebro alemán detectó una fisura en el carril central para el desmarque entre líenas de Ronaldo. El luso trazó una pared larga con Lucas Vázquez para abrir el marcador con un chut ajustado al primer poste. Midió mal Jonny como reflejo simbólico del colectivo. Sosprendió la personalidad de un Madrid que se adelantaba como resultado de su firme salida de vestuarios.
Despertó Nolito con una pared con Orellana que encontró aire para disparar arriba desde el pico del área en el 9 de juego. Se desperezaba la fase ofensiva del conjunto gallego que, por contra, se veía superado por el despliegue escalonado de los tres puntas móviles visitantes. Los espacios en la mediapunta indigestaban la posesión madrileña al repliegue local. La filtración de envíos rompía la unidad y permitía, además, mantener el monopolio de la pelota con 0-1 a favor. Permanecía el Celta abocado al robo y salida, con la intensidad diseñada amaestrada a través del fútbol control. Tan sólo la pizarra entregaba réditos a los de Berizzo. Iago Aspas cabeceaba sin peligro un saque de esquina en el 12.
Salía victorioso de la batalla principal del evento el Madrid en este tramo del duelo: la superioridad en los carriles laterales. Pasado el primer cuarto de hora intercambiaban imprecisiones ambos equipos con la entrada definitiva de los gallegos en la discusión por el manejo de la pelota. En coherente desarrollo con el avance territorial vigués surgieron las opciones de remate. Orellana -omnipresente en el primer acto- probó los guantes de Keylor Navas en el 16, al rematar una jugada deslavazada, y Aspas recogía, a continuación, un mal despeje para chutar cruzado y forzar la estirada de foto del portero tico.
En pleno ascenso de vatios de esfuerzo local empezaba el desborde del colapso central madridista. Pablo y Orellana se movían con erosiva inteligencia para generar desequilibrios que no traducían en gol su equipo debido a la escasez de precisión en el último pase. Sin embargo, cuando más incómodo se encontraba el Madrid, incapaz de mantener la horizontalidad de la posesión para respirar, una salida de pelota de Marcelo y Kroos encontró los pies de Jesé, que dibujó una diagonal para detectar el desmarque de Danilo. El lateral brasileño, en soledad, eligió el primer poste y batió a Sergio en el 23, exhibiendo la mordiente de un Madrid que ganaba en confianza y calma por la vía del atino en transición.
No torció el gesto el bloque local. Jonny subrayó esta aseveración, que mostraba la seriedad de la obra del Toto, y lanzó un cañonazo desde media distancia que obligó a un nuevo vuelo de Navas en el 25. Pero Casemiro lucía facultades de ordenamiento táctico complicando el avance vertical vigués, cuya fluida elaboración quedó trompicada. En el ecuador del primer acto el Madrid combinaba el repliegue y salida, habiendo constatado su poder devastador en contraataque, y mezclando presión elevada para recuperar el cuero y contemporizar. El Celta bajó entonces el ritmo para retomar la coherencia en su circulación y algo de resuello.
Percutió sobre la meta de Navas Wass, en el 32, a través de una falta frontal directa que sacó el meta visitante luciendo reflejos hacia su poste derecho y el dominio sostenido de la situación del sistema de Benítez no conseguía sacar de eje al Celta. Los locales buscaron las soluciones habituales sin perder la fe pese al marcador. Nolito sentó a Danilo para colarse entre tres zagueros y ceder al remate de Aspas que sacó Keylor, imponente, con inteligencia y clarividencia posicional. Jesé respondía conduciendo con frenesí una contra que culminó con remate precario Ronaldo en el 39. Se entregaba el partido al intermedio bajo una escena incierta que favorecía a la pegada capitalina. Cerró el primer tiempo Navas con un vuelo para despejar el testarazo de Pablo generado en una falta lateral lanzada por Nolito y cedida por un error de Varane en el 41.

Sin cambios se decretó la reanudación. Ni de nombres ni de cariz de partido. Mantuvo la exigencia el Celta a un Madrid que le costó reconectarse con la concentración en el repliegue. Orellana aprovechó la tesitura para rematar desviado por poco desde la frontal en el minuto 47. Wass repitió suerte en un lanzamiento desde media distancia que pilló mal colocada a la zaga. Ascendía en ambición y vehemencia el Celta. Pero amortiguó el aterrizaje la amenaza continua que supuso la transición madrileña.
Vázquez desbordó a la contra y perdonó el mano a mano en el primer aviso. Sergio adivinó la intención y amortiguó la vaselina del canterano en el 48. La estirada de efectivos significó un repunte del achique y deflagración al espacio de un bloque madridista que buscaba encontrar la comodidad en el correcalles. El Celta permanecía tendente a una excesiva querencia por la verticalidad que patrocinaba pérdidas que lanzaron la voracidad de Ronaldo. El luso chutó desviado en pared en vuelo con Danilo, en el 49, y cabeceó fuera en el 52 a centro de Marcelo.
Recuperaba el pulso competitivo en el tramo inicial el Madrid. Asumía el riesgo que entrañaba no prolongar el tiempo de sus posesiones. Nolito hizo caja en el 55 al desmarcarse con clase y descubrir un agujero en el repliegue visitante. Orellana mandó a las nubes el pase del extremo desde el punto de penalti antes de que sobreviniera el punto de inflexión del envite. Se había caldeado el temple del equipo local por las amarillas ausentes -a su entender- por la reiteración de faltas madridistas y un ligero agarrón de Pablo a Ramos confluyó en amarilla para el centrocampista y se desató una nube de protestas que Clos entendió como segunda amonestación y expulsión para Cabral, el central. El rosario de tarjetas con un Celta abandonado al escrutinio arbitral aturdió el intervalo.
Arribaron los cambios con Isco entrando por un efectivo Lucas Vázquez, cada vez más legitimado por su brega táctica. Parecería que el Madrid optaba, entonces, por recuperar el monopolio del cuero, para anestesiar y cerrar el partido, y lo intentó al tiempo que el equipo vigués recuperaba el norte y el vértigo por las bandas. En el entretanto de esto último gozó el club visitante de opciones para sentenciar: Modric cambió el ritmo de la circulación y Ronaldo chutó a las manos de Sergio en el 63; el punta luso entregó a las manos del portero gallego una contra dirigida Isco; y Orellana sacaba bajo palos el remate cruzado de Casemiro a la salida de un córner en el 65.
Proseguía el paréntesis de dominio merengue y Berizzo intentó cambiar el plano introduciendo a Radoja por Wass, con el fin de sostener la medular. Pero no variaría al instante la situación. Isco tomó el mando en la dirección en base a su salida motivada para desestabilizar entre líneas. Aceleró el malagueño por el carril central para desbordar a su par y granjearse el espacio para disparar un envío que Sergio deslizó, in extremis, al larguero.
Por contra, el galope madridista se topó con la contestación de un hombre cuyo magnetismo es capaz de contaminar cualquier fluir. Jesé abandonó el verde, en pleno ascenso de peldaños hacia el regreso a su nivel primigenio, y Cheryshev ocupó su escaño. Ahondó el Madrid en el intento de materializar contras y arrinconó la relevancia del cierre del duelo a través del cuero. Lo pagaría con creces.
Nolito tomó a su equipo y se lo echó a la espalda hasta el epílogo. Con un jugador menos, el descenso de intensidad visitante, que yacía partido por la apatía defensiva de los recién entrados y el bajón físico de Kroos, lanzó la confianza de un Celta que arrollaba, por primera vez, en la superioridad por banda. El extremo andaluz abrió fuego al trazar una pared que le dispuso la opción de batir a Navas, y lo consiguió, pero Marcelo sacó bajo palos el disparo. Danilo estaba sufriendo, sin ayudas, el virtuosismo artístico en el baile del ex blaugrana.
La valiente reacción del Celta, que recuperó el balón y aprovechó el descenso de revoluciones visitantes para ganar metros y convicción, redundaba en la falta de pausa del Madrid cuando recuperaba la pelota. Navas surgía para capea la apnea de los suyos y abortar el regate al espacio de Iago Aspas a Ramos en el 75. Modric entró en rotación y salió al campo Nacho cuando arreciaba el chaparrón. La notable lucidez del croata bajó su rendimiento tras el descanso y Benítez quiso evitar la debacle colectiva a través del parche específico: el canterano se colocó de lateral y Danilo subió metros para completar la ayuda ante Nolito. Berizzo reaccionó sacando a escena a Planas y Guidetti por Pablo y Orellana. Metió consistencia y remate el técnico argentino para afrontar el tramo final con más amenaza y menos riesgo.
Los 10 minutos finales supusieron un suplicio para el líder, incapaz de rematar las contras y de ofrecer rebate al ahinco local. Penalizó Nolito, al fin, la cosecha de la apatía en el control del partido merengue, imposibilitado a través de la posesión ni en la cohesión del repliegue. Había quedado congelada la intensidad del Madrid y el extremo recibió en el pico del área, amagó y la puso en la escuadra de potente disparo al primer poste. Recortó distancias el jugador andaluz en el 84 y el Celta confirmó su respingo postrero para complicar a un Madrid olvidadizo, que obvió el mecanismo que le había llevado a la comodidad en el segundo acto. El cansancio por la acumulación continental de esfuerzos también figuraba en la fórmula.
Guidetti confirmó el paisaje incierto con un remate que rozó las tablas al pase desde la izquierda. Sensacional la influencia de un Nolito desatado, incontestable. A estas alturas se habían esfumado Isco y Kroos, y sollozaba en incomrensión el bloque de un Benítez que se desgañitaba para reclamar compromiso y concentración. Sin embargo, consiguió el club capitalino que el Celta no llegara a la orilla en un esfuerzo final que ofreció a Ronaldo otro mano a mano culminado sin éxito y que alzó la calidad de Marcelo, que autografió la sufrida victoria en el 93 con un número de amago y remate que desbarató la firmeza del portero oponente.
Trayectoria de picos y valles del Madrid en Balaídos, como reflejo del tierno punto de cocción del proyecto y como línea argumental extrapolable al rendimiento en lo que va de ejercicio. Negó y gustó el conjunto victorioso del cortejo con el esférico para rozar el patinazo por mor de la desconexión. Cuando el afán solidario en las labores defensivas se esfumó, arrolló consigo la estabilidad del colectivo. Espectacular versión combativa de un Celta que murió con las botas puestas y mantiene, de manera provisional, el justo segundo puesto. Nolito brilló para remarcar su candidatura a la próxima Eurocopa y los extremos madrileños, hoy titulares, afianzaron la profundidad de plantilla del equipo puntero en esta novena jornada liguera. Un colectivo del que sigue sobresaliendo Keylor Navas.
Ficha técnica:
Celta: Sergio; Hugo Mallo, Cabral, Gómez, Jonny; Augusto, Pablo Hernández (Planas, min. 80), Wass (Radoja, min. 66); Orellana (Guidetti, min. 80), Iago Aspas y Nolito.
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric (Nacho, min. 79); Lucas Vázquez (Isco, min. 61), Jesé (Cheryshev, min. 69) y Cristiano.
Goles: 0-1: min. 8, Ronaldo; 0-2: min. 23, Danilo; 1-2: min. 84, Nolito; 1-3: min: 94, Marcelo.
Árbitro: Clos Gómez. Expulsó a Cabral por doble amarilla (min. 37 y 55) y amonestó a Lucas Vázquez (min. 51), Pablo (min. 55), Augusto (min. 55), Iago Aspas (min. 55) y Nolito (min. 60).
Incidencias: 26.000 espectadores acudieron al partido correspondiente a la novena jornada de Liga, disputado en el estadio de Balaídos.