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NOVELA

Antonio Priante: El silencio de Goethe

domingo 25 de octubre de 2015, 18:11h
Antonio Priante: El silencio de Goethe

Piel de Zapa. Barcelona, 2015. 133 páginas. 16 €

Por Rafael Narbona

Nueve años después de la publicación El mundo como voluntad y representación aún quedaban ejemplares sin vender. La editorial Brockhaus había realizado una tirada de ochocientos, pero en su almacén aún se conservaban ciento cincuenta. Eso no significaba que se hubieran vendido los restantes, pues muchos se habían reciclado como papel o se habían regalado. En realidad, el editor había publicado la obra por deferencia hacia la madre del filósofo, Johanna Henriette Schopenhauer, autora de una copiosa colección de novelas y libros de viajes de escaso mérito literario, pero que gozaron del favor del público. No fue el único fracaso de Arthur Schopenhauer (Danzig, 1788-Fráncfort del Meno, 1860), misántropo, misógino, gran amante de los animales y profundamente nihilista. Durante sus años como profesor en la Universidad de Berlín, sólo asistían a sus clases cuatro o cinco alumnos, casi siempre con expectativas muy alejadas de la alta especulación metafísica: un militar retirado, un contable, un rentista. Schopenhauer no era un filósofo académico, sino una fascinante personalidad que exaltaba la contemplación, la compasión y el ascetismo. Abiertamente ateo, se identificaba con el budismo: la esencia de la vida es el sufrimiento y sólo negando el yo podemos acceder a un estado de serenidad, sin soportar el asalto de las pasiones que nos encadenan a la rueda del deseo.

Antonio Priante (Barcelona, 1939), con una prosa solvente y una notable erudición, se interna en la mente de Schopenhauer, urdiendo un relato en primera persona que narra las penalidades del filósofo alemán, abocado al dudoso halago de un reconocimiento tardío y polémico. Schopenhauer consideraba que la historia de la filosofía se había convertido en refugio de farsantes parapetados en la frase hermética, la mirada solemne y el gesto ampuloso. Hegel era el máximo exponente de esa tendencia, que disfrazaba la escasez de ideas con una prosa pedante e incomprensible. El filósofo del Espíritu Absoluto era extremadamente popular. Sus clases desbordaban alumnos, las autoridades le concedían toda clase de honores y el vulgo le consideraba un sabio, pero -en opinión de Schopenhauer- sólo era un ignorante, con una endeble formación científica, un repelente servilismo y un arribismo desbocado.

Como señala Priante, Schopenhauer formulaba juicios demoledores sobre sus contemporáneos. Fichte le parecía tan insufrible como Hegel, con el agravio de ser el ariete de un nacionalismo belicoso y autocomplaciente. En cambio, Kant era un gigante, el último coloso de la filosofía alemana, ese genio que sólo despunta cada generación, marcando el rumbo del porvenir. Su filosofía trascendental nos enseña que la realidad sólo es una representación. No inventamos el mundo, pero las intuiciones se ordenan mediante los conceptos hasta adquirir una forma presuntamente objetiva. Es una ilusión, pues el saber humano se agota en lo fenoménico. El noúmeno o esencia de las cosas pertenece al terreno de lo incondicionado. Podemos pensarlo, pero en ningún caso conocerlo. Schopenhauer da un paso más allá, identificando lo nouménico.

Detrás de los fenómenos o apariencias, hay una fuerza oscura, irracional y sin propósito, a la que podemos llamar Voluntad. Todo lo que existe se mueve de acuerdo con su violento latido. Hasta la forma más elemental de vida, alienta el deseo de sobrevivir a cualquier precio. El instinto de supervivencia es fruto de una oscura fatalidad cósmica y la causa última de todos los padecimientos. Un animal no puede advertir ese hecho, pero el hombre superior descubre que el desconsuelo nace de una absurda voluntad de vivir. La sabiduría consiste en resistirse a esa fuerza, reprimiendo nuestras pasiones, especialmente el deseo sexual, que reproduce infatigablemente el espanto de existir.

Priante expone con claridad y exactitud el pensamiento de Schopenhauer al hilo de su biografía, recreando sus infaustas relaciones familiares, sus malogrados romances, sus viajes y, especialmente, su relación con Goethe, al que admira profundamente y con el que llegará a realizar una investigación conjunta sobre la naturaleza del color. La resistencia del gran clásico de las letras alemanas a expresar su parecer sobre El mundo como voluntad y representación torturará al filósofo durante décadas. Uno de los méritos más destacables de Priante es transformar ese silencio en un enigma casi policial. El giro final es verdaderamente sorprendente, pues la intriga devine teología, prefigurando la muerte de Dios que proclamará más tarde Nietzsche, no sin invocar el carácter precursor de Schopenhauer, al que no perdonará sin embargo el haberse erigido en el apóstol supremo del nihilismo, del “no a la vida” de las almas débiles y resentidas.

El silencio de Goethe está a medio camino entre el ensayo y la novela. Es una obra deliberadamente híbrida, que lleva a cabo una precisa reconstrucción histórica y filológica. No conviene olvidar la faceta de Priante como traductor, que se refleja en sus flirteos con el italiano durante el viaje de Schopenhauer a Florencia, Roma, Nápoles y Venecia, siguiendo el rastro de Lord Byron, héroe trágico y poeta de talla homérica. “Saber y saberlo demostrar es valer dos veces”, escribió Baltasar Gracián, al que Schopenhauer apreciaba mucho y leía en castellano. Priante ha realizado un trabajo que bien merece esa frase.

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