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DESDE ULTRAMAR

Canadá y Argentina. Elecciones y lecciones

jueves 29 de octubre de 2015, 19:47h

En efecto, se verificaron elecciones en Canadá y Argentina, los pasados 19 y 25 de octubre, respectivamente. Nos dejan una estela de lecciones que ameritan repasarse.

Para el caso canadiense no es poco lo acontecido. Ha perdido las elecciones Stephen Harper. Un conservador que sí, en efecto, contaba con un palmarés electoral encomiable, pero que ha deteriorado de forma creciente la imagen de Canadá en el exterior, con una política intransigente que pulverizó la buena imagen de su país y ha deteriorado en especial, las relaciones con sus socios de América del Norte. Hoy sabemos que no guardaba una relación cordial ni con Estados Unidos ni con México. Sus peros tendrá, sus razones lo motivaron. Pero si bien motivos habría, será que vayan paralelos en el caso mexicano, a la imagen de corruptas y saqueadoras que definen las inversiones canadienses en México; su incapacidad para encontrar salidas y enmendar procederes de sus paisanos enturbian la relación bilateral México-Canadá, también, y Ottawa bajo Harper se negó a contribuir a lavar esa pésima imagen alcanzada por Canadá en México. Es decir, que hay quejas en ambos sentidos, y no solo en los reparos de Ottawa.

Muy sintomático resulta la cancelación (posposición, le llamaron) por parte de Canadá, de la habitual “Cumbre de Líderes de América del Norte”, también conocida como “La Cumbre de los tres amigos”, que convocaba a México, Canadá y Estados Unidos. Será que de amistad ha quedado nada. En política, la forma es fondo y el fondo es forma. Y por fortuna el “amigo” Harper que condujo a Canadá a la recesión, ya se marchó a punta de votos.

Ahora gobernará un político joven y carismático, Justin Trudeau, que, es verdad, tal parece que juega bien su ilustre y reconocible apellido para figurar, empero al mismo tiempo adelanta un estilo diferente y una visión más seria y comprometida con los temas puntuales que apremian a Canadá. Ha prometido eliminar la visa a México y eso me permite decirlo con toda prontitud, convencido de que habrá pasos serios en esa dirección si Trudeau es inteligente: los canadienses han sido inteligentes también, encumbrándolo. El inaceptable distanciamiento entre Ciudad de México y Ottawa que las debilita por igual frente al vecino incómodo, pareció importarle un pepino a Harper, mostrando Ottawa un desdén y una apatía verdaderamente censurables. Harper se fue sin mejorar un ápice la mala relación creada –pese al alarde de la embajada canadiense en México, de colocar un poster hipócrita conmemorando en 2014 los setenta años de relaciones diplomáticas– cuando que, además de fomentar Harper la crispación, solo abonó a derribar el bien nombre con que contaba Canadá en su quinto proveedor de turistas. Apenas puede creerse que semejante sujeto contara con tan elevados índices de popularidad dentro de su país.

El padre de Trudeau fue amigo de México y se le recuerda como el impulsor del Canadá moderno. Esperemos que de tal padre salga tal hijo.

A pregunta expresa, mi amiga Martha desde Toronto, me ha escrito estas líneas que describen de forma inmejorable el panorama preelectoral: “Harper hizo cambios legislativos a favor de los ricos, cambió las leyes migratorias y hubo mucha discriminación hacia ciertas culturas, como la hispana[…] la gente se hartó y se pidió que se volvieran hacer elecciones. Él quería ser como George Bush.”

Para el caso de la Argentina, lo sucedido el domingo 25 de octubre de 2015 resulta muy aleccionador. Se acaba la era Kirchner tras los titubeos por buscarse Cristina una reelección que no cuajó y, finalmente, los electores han dado el aparente giro votando por una opción que pinta para mucho, aunque el sello “Cambiemos” sabe un poco a independiente, con el riesgo de no tener tan claro el rumbo. De confirmarse su triunfo en definitiva, cabe aguardar resultados de gestión.

Mauricio Macri se perfila como presidente de la República Argentina si lo beneficiara la segunda vuelta del 22 de noviembre, saltando al cargo desde su puesto como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, alcaldía que no veda en los votantes a sus titulares a que se postulen al más alto cargo del país, como hasta ahora sí ha pasado en México con los jefes de gobierno de su capital, que por más que aspiran al puesto, los electores siempre les niegan el triunfo en la urna.

Aunque las relaciones bilaterales mexicano-argentinas son idóneas, y nació una química entre Peña Nieto y Cristina Fernández, ciertamente que el contexto de la Argentina ha de ampliarse. Y es que sucede, visto desde el exterior, que Argentina ha tenido su propia dinámica, pese a querérsele encasillar de manera simplista y no precisa, dentro de un contingente de países de izquierda iberoamericana. Y sí, pero no. Argentina fue objeto del intervencionismo chavista y sus fanfarronadas. A partir de allí, las ocurrencias de Fernández, las nacionalizaciones efectuadas o el manejo particular de la política argentina permeada por el estilo personalista de Cristina, pesan más que el intervencionismo venezolano a punta de talonario de cheques. Argentina merece el liderazgo regional que de momento, ha estado lejos de cristalizarse con una imagen de país que está lejano de corresponderle a su potencial. Advierto que su embajada en México es muy activa, por fortuna.

Todo ese modelo Kirchner parece estarse quedando atrás. No hay liderazgos ramplones en Iberoamérica y en el mejor de los casos hay varios positivos y Argentina merece ser uno de ellos. Gane o no Macri. El reducido margen obtenido entre él y el oficialista Scioli (en efecto, conteniendo la respiración y representándole Macri un portazo a la continuidad de la era Kirchner) ya anticipa una segunda vuelta cardiaca y un jugarse en Argentina algo que desde la muerte de Chávez, ya se observa: la continuidad de una postura faceta o la posibilidad de sentar las bases de un nuevo panorama y una nueva realidad a partir de estas elecciones. Argentina demuestra además, que muerto Chávez, la política local sigue su curso sin sobresaltos externos ni dependiendo de los exabruptos del inquilino de Caracas. Eso es muy sano.

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