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TRIBUNA

Una operación a largo plazo

lunes 02 de noviembre de 2015, 20:17h

Desde los ya remotísimos orígenes de la Transición algunos sospecharon que la creación en Cataluña de un partido “nacionalista” denominado Convergencia Democrática de Cataluña no era más que un montaje dedicado al enriquecimiento descarado de un grupo de aprovechados y, sobre todo, de una famiglia, en el más estricto sentido semántico de la mafia italiana que, como se sabe desborda lo puramente familiar tradicional. En aquel momento la política estaba ennoblecida con todas las virtudes públicas imaginables y era casi imposible sospechar que unas finalidades tan nobles como las políticas encubrieran sucios designios como esos que define tan acertadamente María Moliner: “Asociación de personas que utilizan métodos poco éticos, particularmente si disfrutan o acaparan la mayor parte de algo, impidiendo a los demás participar en ello”.

Por supuesto el objetivo oficial –cuidadosamente encubierto- lo era a medio y largo plazo político y recuerdo todavía algunas “sabrosas” conversaciones en las que se notaba una ya bien definida estrategia y que se podrían sintetizar así: “De momento, a forrarse y, en el futuro, ya veremos lo que se podrá hacer”. Como decía uno de los dirigentes de entonces: “Siempre se podrá pedir algo más”. Ese “algo más” era, por supuesto la independencia, un secreto bien guardado pero que para los iniciados era una especie de Santo Grial. Después hemos conocido que la operación no era una “exclusiva del Clan Pujol”, aunque nunca se dejaron a arrebatar la condición de portaestandartes del resucitado/inventado “patriotismo” catalán a cuyo servicio se puso todo un complejo montaje, bien engrasado con dinero público, que monopolizó el “ámbito cultural” mediático-educativo, con vanguardias catalanistas tan señaladas como el Omnium Cultural y otras entidades menores. Por no hablar de la descarada utilización de las instituciones deportivas que, si no recuerdo mal empezó con aquella estupidez que se difundió (con la generosa ayuda del dinero público en los Juegos Olímpico de 1992) de “Cataluña is not Spain”. Nada que extrañar porque el chamán de la tribu –que disponía de “bruja” de cabecera para que no faltase nada- ya andaba afirmando que España no era una Nación, sino un montaje extraño, mosaico informe y sin cohesión. Por el contrario Cataluña sí que era una nación. ¡Por lo menos desde “el Pilós”! Resulta difícil comprender cómo semejantes aberraciones, sin ningún fundamento histórico (Cataluña no ha sido nunca una nación reconocida y lo de “Estado”es de carcajada) pueden circular fuera de las secciones humorísticas de los medios. Pero circularon, con al apoyo y admiración de tantos catalanes y “mesetarios”, conversos éstos con entusiasmo a la patria recién encontrada, que permitía rascarse la costra del “charnego”.

Ya entonces se oyeron otros nombres, que han vuelto a aparecer en el momento de la actual crisis, como los Sumaroca, que hacían el “trabajo sucio”, si es que hay algo limpio en esta empresa netamente criminal. Algunos de aquellos nombres pasaron por los banquillos de los tribunales y por las propias cárceles, pero los objetivos bien lo valían y, además, el dinero estafado esperaba pacientemente el cumplimiento de las casi siempre benignas condiciones carcelarias. Ha existido una larga espera, plagada de connivencias y complicidades, pero ha valido la pena: Solo hacía falta trasladar el dinero robado a la comunidad desde la cercana Andorra al lejano Caribe o a la más cercana Suiza. La matriarca no tenía inconveniente en decir que “sus pobres hijos…una mano por delante y otra por detrás”, mientras uno de ellos no sabía ya dónde meter los coches de lujo que aficionaba coleccionar.

La siempre difícil y necesaria búsqueda de mayorías parlamentarias favoreció que desde el Gobierno de la Nación -la única que existe, esto es desde Madrid, y no solo porque lo dijera la Constitución de 1978 sino por la historia y todos los textos constitucionales desde 1812- se adoptara una política de apaciguamiento/cesión que, de hecho se convirtió en una carta blanca (ignoro si ya portaba la “estelada”) para que el Principado encabezado por el Muy Honorable (¡Cómo decaen las denominaciones! Pujol ha dejado este “Muy Honorable” a la altura del trapo el betunero!) que permitía todo, incluido la influencia en el nombramiento de miembros del CGPJ. ¿Se acuerdan de aquel juez de raigambre nacionalista que creo que se llamaba Pascual Estevil? A estas alturas, uno más de la Ndrangheta calabresa que tan bien ha florecido en Cataluña.

Una serie de circunstancias, incluida la “genial” gestión de Zapatero, la innecesaria reforma del Estatuto –que no es más que una constitución disfrazada- y las favorables circunstancias propiciadas por la crisis económica han dado pie para que un político de tercera, como Artur Mas –pero bien conectado con la famigla- se creyera eso de “ahora o nunca” y haya conseguido, además de cargarse a su partido (en buena hora), provocar en España la crisis más grave desde la Transición. Analizando uno a uno los pasos que este hombre ha dado resulta imposible imaginar cómo se pueden cometer tantos destrozos en tan poco tiempo. Esperemos que todo el peso de la Ley caiga sobre sus espaldas.

La gran patraña nacionalista se impuso como dogma nacional. Solo una decidida campaña de “desnacionalización” (los alemanes se inclinaron por la más expresiva “desnazificación”) logró que la gran nación germana se librara de la aberración nacionalista. Pero no fue fácil. Entretanto se impone la tarea de desmontar el criminal adoctrinamiento con que se ha envenenado a varias generaciones de catalanes y reducir a la nada la red clientelar, con tan amplias conexiones con el extranjero, que ha sido el instrumento de control del poder bien engrasado por las comisiones –robando el dínero público- que empezaron con un “modesto” tres por ciento y ya campean por los dos dígitos…que se sepa.

El Gobierno nacional tiene amplios resortes que, sin duda, va a utilizar. Pero que habrá que explicar muy bien a los ciudadanos por qué los corruptos de un color son admitidos inmediatamente en la cárcel y hasta, protocolariamente se les retiene el pasaporte, mientras que el clan Pujol disfruta de plena libertad. ¿Serán las secuelas de aquella “honorabilidad” que nunca fue más que una engañosa etiqueta?

Esperemos, en cualquier caso que aquella montada operación a largo plazo, con tantas complicidades, haya llegado a su fin y que todo el peso de la Ley caiga sobre tanto patriótico sinvergüenza.

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