Sufrió el Madrid su primera derrota esta temporada como consecuencia directa de la ausencia de ayudas defensivas y el juego entre líneas. El Sevilla remontó con rotundidad el gol de Ramos, que cayó lesionado, para inyectar confianza a Émery a través del descubrimiento de la peor cara merengue. La ruptura e indolencia visitantes se une al discreto rendimiento individual de algunas pieza clave para configurar un paisaje tenebroso de cara al Clásico de la próxima jornada. Sin liderato, el bloque de Benítez tampoco lució competitividad por las goteras en el repliegue.

La teoría y práctica del fútbol español en la última década no describe, en ningún caso, una visita de los colosos al Sánchez Pizjuán como un trámite dentro de devenir del calendario. Este axioma se veía reforzado en la mochila de hándicaps a afrontar por parte del Real Madrid, que tenía en el horizonte llegar aposentado en el liderato al Clásico del 21, por una doble presión. El primer brete del contexto suponía el más cercano, la urgencia impuesta por la goleada asestada por Neymar al Villarreal esta misma tarde de domingo. El segundo, más estructural que coyuntural y de mayor profundidad, fiscalizaba la verdadero calado del desarrollo que el nuevo proyecto ha ejecutado en un vestuario receloso del compromiso que exige tal disposición colectiva como la pretendida por Benítez. El
desasosiego filtrado tras la apatía mostrada en el duelo ante el PSG del Bernabéu -propulsada por la indolencia defensiva de un tridente desconectado que facilitó el avance por aluvión parisino y la salida de eje merengue- congela la sensación de regularidad que muestra la clasificación y el estatus de invicto.
Unai Émery apostó de inicio por un
sistema robusto y dispuesto para imponer la intensidad y la efervescente transición al espacio que debía crecer de las botas de Banega. Por delante disponía el cerebro argentino del desborde de Vitolo y Konoplianka y de la referencia de Inmobile, que ganó la pugna a Llorente. Por detrás emergía el abrigo físico y de brega de N'Zonzi y Krychowiak. El rol de los laterales mutados en carrileros, Mariano y Tremoulinas, se antojaba decisivo en un esquema que explota al extremo las superioridades en la cal. El rendimiento local quedaba, pues, delimitado por la capacidad para generar desasosiego a la circulación oponente y el colapso del centro a través de la solidaridad de esfuerzos. La conducción hacia el tono anatómico del duelo no cedía vigencia en esta empresa.
Rafael Benítez confió el futuro cercano de su obra al regreso de
Gareth Bale a su rol central, la técnica de Isco y el remate de Ronaldo. Modric, Kroos y Casemiro repetían figura en el centro del campo.
Nacho regresaba a la titularidad en el lateral izquierdo, remarcando el descenso ofensivo ante la baja de Marcelo.
Pepe volvió también para acompañar a Ramos y correspondería a Danilo la labor de salida clara del cuero.
Kiko Casilla defendería el arco. La fluidez y seguridad en la posesión resultaba capital ante un partido de exigencia notable. La precisión y las ayudas de los puntas al repliegue de su castigada medular en pos del bien común quedaba subrayados en al libreta del líder.
Arrancó el duelo respondiendo a la hoja de ruta pronosticada: el
cuadro visitante trató de exhibir jerarquía por la vía del atrape del cuero y la presión elevada. El control del ritmo se distribuyó en las manos merengues con precocidad y los pupílos de Émery rebajaron la ambición inicial para guarecerse en campo propio y explotar a la contra. Trató el Madrid de no grabar este comienzo pleno de personalidad como un espejismo y lo sostuvo, encerrando a un Sevilla ahogado tras robo, sin la referencia del balón largo Llorente y con Banega reclamado en el retraso de metros para respirar con el esférico.
No tardó en cosechar los frutos del aperitivo el bloque madrileño. La movilidad de Ronaldo y Bale generaba espacios que Modric e Isco explotaron para que el galés abriera fuego con un testarazo a las manos de Rico a centro de Danilo, en el cinco de juego. La alternancia de juego horizontal y vertical agujereaba cualquier intento de respingo local y Pepe lo atestiguó con un balón largo que Ronaldo no facturó al verse superado en carrera por Mariano. El saque de esquina fue convertido en cañonazo al poste por Nacho, que cazó un rechace de la zaga en el 10 de envite. El imponente lanzamiento y el penalti no pitado por mano de Krychowiak a centro de Bale -en el 13- confirmaba el paisaje de dominio rotundo visitante.
El ascenso en el control y mordisco a través de la pelota se disparó en intensidad por la desconexión en el cierre local y la implicación activa tras pérdida merengue. Y el fruto cayó sin menear demasiado el árbol. Un saque de esquina abierto botado por Isco concibió la
tijera de Sergio Ramos que se coló en la meta sevillana ajustado al poste. Corría el minuto 22 y el Madrid recogía réditos de tan eficiente
performance. El zaguero andaluz, para contrariedad en la alegría, se resintió de su hombro izquierdo en el aterrizaje del escorzo y debió ser sustituido por Varane, un movimiento que ahondaría en lo volcánico del duelo.
Amagaba con responder y empezar a participar en la conversación del cuero el Sevilla antes de que Bale perforara el doliente repliegue local, desbordando por potencia a tres zagueros y rematando cruzado para la parada de Rico en el 24. Sin embargo, esta llegada resultó el último estertor de la rotundidad posicional que había anestesiado el ardor sevillista. Banega y Vitolo empezarían desde este punto a arrancar espacio para crecer y mover las transiciones que alimentaban el descenso de vatios contrincante.
El
desperezo hispalense tomó cuerpo con el dibujo de las primeras aproximaciones por la vía del vuelo combinativo, retratando la incoherente presión ejercida sin tensión por los obreros ofensivos madridistas. Mariano descubrió una llanura tras el deficiente balance de la zaga oponente y chutó desviado desde la frontal en el 27. Se avecinaba el punto de inflexión que marcaría el desarrollo de los acontecimientos.
Se despojó de complejos el Sevilla al
olisquear la sangre en el desbarajuste del achique visitante por el asimétrico reparto de esfuerzos. Los laterales, Banega, Vitolo -el mejor del primer acto local- Konoplyanka horadaban la medular superada -Modric y Casemiro quedaron, de nuevo, privados de los apoyos que tampoco llegaron para cimentar la posición de Nacho y Danilo- y el carrilero galo alzó el telón de la tormenta de ocasiones que arribaron por su carril. Inmobile no remató por poco un envío en el 27 al tiempo que el sistema de Émery discutía el dominio del tempo madridista. El último cuarto de hora del primer acto acogió el ascenso de líneas local y la contaminación de la circulación visitante, hechos que confluyeron para la expansión de una incertidumbre que condujo a la deflagración de juego sevillano.

La inestabilidad sobre el verde pareció contaminar a
Kiko Casilla, que encadenó varias lagunas aéreas antes de encajar el empate. Kryschowiak cabeceó desviado una mala salida del meta. En la siguiente acción, un saque de esquina cerrado, midió mal el portero para que
Immobile, sólo en el segundo poste, rematara a placer a la red. La desconexión defensiva a balón parado, un mal que había esquivado esta temporada el Madrid, recuperaba abrasión en el peor momento. El minuto 35 anotó el 1-1 y la confirmación del movimiento local, que se había sacudido el dominio oponente con carácter en juego y pegada a balón parado.
La recta final que conectó con el intermedio contempló la
decrepitud de un Madrid que había lucido de forma impecable hasta el minuto 25 y ahora sollozaba en inseguridad, producto de la irregularidad en a entrega colectiva. La asociación se descubría ya trompicada por la intensidad sevillana, que lucía un ritmo que ganaba al del Madrid y lograba imponer su ascenso de revoluciones. Tremoulinas subía con notable veneno y los espacios tras la primera presión madrileña -no compacta- se convertían en carriles claros de avance para el contragolpe local. Inmobile remató desviado con todo a favor tras un centro del francés, Casemiro chutó desde larga distancia sin éxito y se decretó el descanso. Perdió continuidad el equipo dirigido por Benítez, enfangado en fase ofensiva e incapaz de activarse con coherencia tras pérdida para reducir los tramos de posesión rival. La posesión -63 a 37 por ciento- y la estadística de llegadas -5 a 12 en ocasiones creadas y 1 a 4 en tiros a portería- entregaban la razón a una apuesta que sollozaba deshecha.
Sin cambios empezó el segundo acto. No se modificaron los nombres ni el cariz indigesto para el gigante. La diversa intensidad aplicada quedaba prolongada y Konoplyanka avisó en la primera acción desde lejos y sin hacer diana. La valentía posicional en la presión sevillana desorientaba el temple madrileño, arrinconado por la llegada repetitiva de Mariano y Tremoulinas hasta línea de fondo. No había ajustado las carencias colectivas un Madrid que intentaba recuperar la pelota para acceder a la sensación inicial. El envite entró, entonces, en un
intercambio de golpes que perjudicó el intento visitante.Al pobre despeje de Varane reaccionó Konoplianka con una conducción arrinconada por el esfuerzo de Casemiro que concluyó en remate fuera del ucranio. A continuación, una transición tras una llegada infructuosa sevillana que Isco condujo hasta el chut desde media distancia Ronaldo se fue al limbo en el 56. Mariano tomó al réplica con un mal disparo desde larga distancia. La inquietud ante la incapacidad del Madrid para generar peligro y abrir la zaga por el centro, y su aspecto desunido en el repliegue y en la presión, padeciendo en la salida de balón rápida sevillana, resultó el caldo de cultivo para el saludo de un
Konoplyanka soberbio, jefe de la rebeldía. El extremo indetectable por los agujeros rivales trazó una pared interior con Inmobile y cedió para el
remate a la red, en soledad, de Banega. En el 60 sufría el Madrid, mermado en ambas fases del juego, sin fluidez en posesión y melancólico ante la red de ayudas que genera recuperaciones sistemáticas, su primera situación de desventaja de la temporada.
Reaccionó con celeridad Benítez:
Isco dejó su lugar a James. Intentó Benítez profundizar entre líneas para desestabilizar y la medida surtió efecto de manera esclarecedora. La lentitud relamida del malagueño dio paso al
allegro del colombiano, que cambió la cara ofensiva de los suyos. No obstante, el Madrid gozó de un ramillete de opciones en consecuencia a la apertura del juego entre líneas tras el ingreso en el ajedrez del cafetero: Kroos lo aprovechó con celeridad con un disparo que sacó Rico; el
10 cedió al desmarque de Ronaldo, que chutó a las manos del meta rival; Cristiano no remató de milagro en pase de Bale tras del envío preciso en profundidad de James; y la cesión del único mediapunta de la plantilla por el centro y al hueco fue aprovechada por Bale lanza desviado por poco.
Sin embargo, si bien refrescó conceptos el ingreso de James,
no modificó una pulgada de la indolencia en el achique de algunas piezas. El peor de los fantasmas se había reproducido sin aparente cambio de pentagrama en el partido, por segundo duelo consecutivo. El Sevilla grabó a fuego la sensación de amenaza continua la contra en torno a la media hora de partido y no al abandonaría nunca, negándose a enviar pelotazos y saliendo siempre por abajo, con los tres creativos de la medular como faros. El fallo garrafal de Rico, que entregó la pelota a Modric, supuso el episodio paradigmático de riesgo asumido, pero Ronaldo obvió la compañía de tres colegas y chutó desviada una clara superioridad numérica para culminar el empate.
Por el camino Llorente había entrado por un Immobile que mostró su eficacia ante panoramas que exigen astucia. El partido cortejaba su último cuarto de hora con el Madrid aferrado a su cara dominante con el cuero, puntiagudo por la verticalidad renacida por el camino del juego entre líneas y Modric y Casemiro probaron las manos de un Rico que enseñó reflejos para tranquilidad de los suyos.
Los de Émery resistían por físico y entrega y permanecían atentos para romper en vuelo. La inteligencia táctica del técnico vasco obtuvo recompensa y el Madrid, su castigo, en el 74, minuto de la sentencia y la apertura de la peor cara del vestuario merengue.
Un centro de Mariano encontró el
cabezazo terrible de Llorente. Sin tensión ni ayudas, el lateral brasileño culminó su gran actuación en un gol que había nacido de una charla entre cinco jugadores del Madrid contra Konoplyanka y Banega en la banda derecha. La combinación sevillana desnudó y retrató la intensidad defensiva de sus marcadores y condujo al cambio de orientación que concluyó en centro en solitario de Mariano.
Quedó espacio para los movimientos postreros de los técnicos: Krohn-Dehli ocupó el lugar de Banega -que mejoró en su dominio de la batuta en el segundo tiempo-, Kolodziejczak hizo lo propio con Andreolli y Jesé entró por Kroos, que repitió la percepción de su versión de 2015, inocuo en defensa, transparente, y denso en la circulación. Quiso Benítez contagiar de ambición a un sistema que, por contrario que parezca, yacía roto, partido por la actitud tras pérdida. Émery, que encontró paz y resuello en la contemporización gracias a la entrada del danés, volvió a merendarse a un entrenador en la lectura del partido y las modificaciones que conducen al cambio de escena. James, única noticia positiva
merengue, chutó a las nubes antes de ajustar su remate a la cepa del poste para recortar distancias en el descuento.
El Sevilla llegó a la orilla tras haber efectuado un ejercicio de introspección y manejo de los defectos propios y ajenos, cerrando su victoria más importante -ya había tumbado al Barça-, que constituye una inyección intangible de seguridad y fe en la idea de juego. El Madrid, por contra, no sólo se dejó el liderato en el Pizjuán. También comprobó con ferocidad las consecuencias de relativizar la solidaridad de esfuerzos. La presencia continuada en primer plano de piezas como Isco y Kroos no ayudan a equilibrar un equipo en el que Bale y Ronaldo no aportan lo que debieran en ambas facetas, por adolecer ambos de los mismos conceptos y soluciones. Quedó evidenciada, por tanto, la
dependencia creativa de un mediapunta al uso y la necesidad de repensar los espacios a ocupar por jugadores que conforman la espina dorsal del proyecto, en base a argumentos de rendimiento ofensivos y defensivos. Tenebrosa continuación a la imagen mostrada ante el PSG para un bloque que hoy no contó con los milagros de Keylor Navas. Regusto muy amargó para enfrentar este parón de azufre antes del advenimiento del Barcelona.
Ficha técnica:
Sevilla: Sergio Rico; Mariano, Rami, Andreolli (Koloziejczak, m.84), Tremoulinas; N'Zonzi, Krychowiak; Vitolo, Éver Banega (Krohn-Dehli, m.77), Konoplyanka; e Immobile (Llorente, m.70).
Real Madrid: Casilla; Danilo, Pepe, Sergio Ramos (Varane, m.31), Nacho; Casemiro, Kroos (Jesé, m.78), Modric; Isco (James Rodríguez, m.63), Bale y Cristiano Ronaldo.
Goles: 0-1, minuto 22: Sergio Ramos; 1-1, minuto 36: Immobile; 2-1, minuto 60: Éver Banega; 3-1, minuto 74: Llorente; 3-2, minuto 93: James.
Árbitro: José Luis González González. Amonestó al visitante Nacho (min. 5) y al local Immobile (min. 36).
Incidencias: Cuarenta mil espectadores asistieron al partido correspondiente a la undécima jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán.