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LA GUERRA MUNDIAL DEL TERRORISMO Y LA INMIGRACIÓN

miércoles 18 de noviembre de 2015, 10:30h
El hombre más inteligente que he conocido a lo largo de mi vida profesional, Arnold J. Toynbee, escribió...

El 18 de mayo del año 2003 publiqué en el diario La Razón, que fundé en 1998, el artículo que sin alterar una coma reproduzco a continuación.



El hombre más inteligente que he conocido a lo largo de mi vida profesional, Arnold J. Toynbee, escribió poco antes de morir en 1975 que estallaría inevitablemente una tercera guerra mundial, pero que no sería convencional. Sería, según el gran filósofo de la Historia, la guerra del terrorismo y la inmigración.

“Imposible para los pueblos hollados, vejados, explotados, enfrentarse con las fuerzas armadas de las grandes potencias, con los ejércitos del Imperio. Para los pequeños, la única fórmula eficaz de hacer daño a los grandes es el terrorismo. Veinte guerras de Irak como la última hubieran causado menos víctimas a Estados Unidos que la atrocidad del 11-S. El mundo entero es ya objetivo de los terroristas. Tenía razón Toynbee. Estamos ante una forma no convencional de guerra mundial.

La otra cara de esa guerra es la inmigración. Millones de personas del tercer mundo, de los antiguos países colonizados y expoliados, se infiltran, para mejorar su nivel de vida, en las grandes potencias. Es de hecho una invasión de consecuencias todavía difíciles de calibrar. El mayor revolucionario del siglo XX, Mao Tse-tung, clamaba en el puerto de Sanghai: "Vosotros los sin albergue, vosotros los sin arroz, vosotros todos los que no tenéis nombre, a los que se reconoce por las llagas de las caderas, descargadores de barcos o por las llagas del hombro, obreros del puerto, escuchad, escuchad el clamor de esos que han amasado su gloria con vuestra sangre". Y Léopold Sédar Senghor escribió en L'esprit de la civilization: "El Renacimiento europeo fue construido sobre la ruina de la cultura negro africana. El poderío de América fue cebado con la sangre y el sudor de los negros. Aimé Cesaire añade: " Londres, París, Nueva York, Amsterdam, todas esas ciudades nos rodean como lunas victoriosas. Pero calculad qué parte de su tranquilidad, de su dignidad y de su equilibrio, qué parte de su animación y de su ruido nos deben a nosotros. Y calculad cuánto miedo, cuánta nerviosidad, cuánto pánico y torturas tuvimos que aguantar y cuántas gotas de sudor tuvieron que caer de nuestros rostros fatigados para crear todas esas ciudades".

Ayer el mundo asistió, tras los atentados atroces en Arabia y Chechenia, a la salvajada de Casablanca. Nadie puede justificar semejante barbarie. Sí se puede explicar. Toynbee anunció lo que se nos venía encima hace treinta años. Los gobiernos de las grandes potencias, en su ávida ceguera, instalados en el capitalismo salvaje, sordos también a la voz de los Papas desde el Vaticano exigiendo la justa distribución de la riqueza mundial, no hicieron ni caso. Pero la realidad termina siempre pasando sus espesas facturas”.