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DESDE ULTRAMAR

40 años sin Franco y con los saharauis

jueves 19 de noviembre de 2015, 20:23h

El 20 de noviembre de 2015 marca los 40 años de la muerte de Francisco Franco. Fuera de España se le suele llamar dictador. Desde luego que en México la corriente republicana española en el exilio desde 1939, lo mantuvo en esa categoría sitio y al alojarse aquí el gobierno de la república en el exilio, cobijado desde tiempos de Lázaro Cárdenas y cancelado en sus relaciones con el Estado Mexicano en 1977, más aún y no hubo forma de lavarle la cara. Por supuesto que la condición final atribuible al gallego ha de ser definida antes que nadie y en definitiva por los propios españoles, y estoy cierto que participando todos los bandos, corrientes y esquinas, dentro y fuera de España misma.

Y suman 40 años ya, casi tantos como los que Franco ejerció el mando en España.

Para quienes no estamos ni con tirios ni con troyanos y el franquismo nos resulta un episodio histórico a secas (dimensionando sus profundas consecuencias y su todavía manifiesta presencia), no hemos tenido inconveniente ni en hurgar en el pasado ni en rastrear todo lo que, por citar un ejemplo, atrajo la megalomanía del sujeto –que es innegable– y que supuso ponerse hasta su nombre y efigies por toda España, desde avenidas hasta en las monedas. Pero nos mueve más la curiosidad a buscarla que otra cosa. Yo mismo he visitado el Valle de los Caídos con un simple afán turístico y lo dejo en eso. Me pareció monumental, algo lúgubre, un eco de un pasado que no acaba de morirse y a ello se resiste y hasta allí. Y me queda claro que fue una dictadura.

Tenía yo 4 años y medio cuando murió Franco. Recuerdo a mi madre comentándolo con un tío que tenía relativamente poco de haber regresado de España –descrita ampliamente por él en esa etapa dictatorial y represiva, tras la muerte de Carrero Blanco– cuando México no tenía relaciones diplomáticas con España porque Cárdenas mandó al garete al gobierno franquista, señalándolo como traidor y derrocador de la segunda república y así México mantuvo su postura de no reanudarlas, mientras la democracia no regresara a España. Abrió las puertas al exilio cuando muchos las cerraron u ofrecían oportunidades quizás menos ventajosas y atractivas. Aún en 1974 en Naciones Unidas, México condenó el régimen franquista y los republicanos españoles avecindados en México siempre refrendaron su agradecimiento al gobierno mexicano de turno, por su inamovible postura que se llevó Franco a la tumba. Como sea, influyeron más en la Transición los exiliados de París que los de México.

Siendo feriado el 20 de noviembre en México, por el aniversario de la Revolución Mexicana, la diferencia horaria no facilitó difundir el deceso. Solo hasta que apareció la prensa del 21 se conocieron más detalles. Un silencio mutuo entre España y México hizo que se perdieran del horizonte por cuatro décadas. Mientras los mexicanos preferían ir a Francia o Inglaterra, en España se exaltaba más la ayuda al régimen dada por la República Argentina. Así las cosas y han cambiado por fortuna.

Pienso que estas cuatro décadas en que España y el mundo cambiaron tanto, han de ser para bien. Desde luego que resulta aleccionador y muy vivo ver el debate que por muchas razones, aún despierta Franco y aquella etapa que murió formalmente aquel otoñó del 75. Su sombra alcanza a nuestra época. En ese contexto, por igual atestigüé a la batahola causada por la remoción de la estatua ecuestre de Franco situada en los Nuevos Ministerios en Madrid, que lo mismo vi el hueco dejado por el retiro de la prominente placa en latín que, mencionándolo, te recibía en el Museo Arqueológico de Sevilla. La fotografié. Cuando regresé años después ya no estaba por efecto de la Ley de memoria histórica. La dependienta del museo me negó su existencia. Desconozco la razón de su peculiar desmemoria. No quise discutir. A mi regreso a México busqué la foto y así fue, esa placa inmensa elogiando a Franco, sí existió y fue retirada.

En el 92 vi una pinta frente a la entrada de la majestuosa catedral granadina: “Franco: España (no) te necesita para abonar su suelo”. He preguntado su significado y cada español me da una interpretación distinta de tal grafiteo. Es muestra firme de que el debate está más que vigente. El “(no)” estaba sobrepuesto a las letras originales.

A veces reflexiono si hay que diluir su figura. Como sea es una etapa más de la dilatada historia española. Borrar a Franco tal y como de cuando en cuando se pretende, es negarse en un pasado reciente. Los pueblos enfrentan esos desafíos intelectuales. Quizá todavía es temprano para calibrar en justeza y con justicia a su figura. Quizá ya es tiempo. No tengo una respuesta clara y definitiva.

Y en medio de la agonía del Caudillo, hubo el intríngulis que forma el marasmo informativo e histórico del tema saharaui, que cumple también sus cuarenta prolongados años de desolación, ante la salida intempestiva de España –que truncó su proceso independentista [ese sí, digno de aplaudirse]– y ante un Marruecos injustificadamente invasor que, tomado por un pseudolibertador, mostró su verdadero rostro y fue replegando a España en un acto que aún hoy se antoja increíble, adueñándose con pasmosa facilidad de lo que no le asistía ni por derecho histórico ni por derecho de gentes. Y Rabat lo sabe perfectamente bien. Se ha negado a atender las resoluciones de la ONU. Quienes simpatizamos con el Frente Polisario denunciamos las acciones perversas marroquíes, retardatarias de la libertad saharaui.

Desde luego que somos muy consientes de la importancia geoestratégica del territorio saharaui, el único país árabe de lengua española –que serviría de magnífico interlocutor entre los mundos árabe e hispánico– así como de la negativa a una presencia hispánica en el Sahara Occidental de influencia francesa; y de sus inagotables recursos pesqueros y en el subsuelo, que mueven a visualizarlo como conveniente y necesario que esté sin la tutela marroquí; y de la indiferencia de las potencias alcahueteando a Marruecos, frente al clamor de la comunidad internacional en pro de la independencia saharaui. La misma España se beneficiaría de una solución independentista saharaui que ha rehuido ayudar en serio, pese a que no necesita un vecino marroquí fuerte. Son ya también 40 años que nos reclaman nuestra indiferencia y nuestra pasividad iberoamericanas ante Marruecos. Nuestra furia y nuestra memoria son la mejor bandera a restregarle en la cara al gobierno de Rabat en este cuarenta aniversario. Va por ellos mi apoyo y mi denuncia.

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