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SIN PAÑOS CALIENTES

sábado 21 de noviembre de 2015, 18:00h
Los españoles zumbones se cachondearon del presidente del Gobierno llamándole...

El pasado día 10 de noviembre Luis María Anson publicó en el diario El Mundo el artículo que por su repercusión en las redes sociales reproducimos a continuación.

“Los españoles zumbones se cachondearon del presidente del Gobierno llamándole Rosita la Pastelera. La pasividad abúlica, la desganada displicencia, el desdén por el desdén, la excesiva moderación, la inquietante pachorra, la tendencia ineluctable a no hacer nada, la incapacidad, en fin, para tomar decisiones caracterizaron a Francisco Martínez de la Rosa. Ninguna desgracia mayor para una nación que un Gobierno débil. El poder ejecutivo exige hombres dispuestos a asumir riesgos como Winston Churchill o mujeres capaces de enfrentarse a las coacciones políticas o sociales como Margaret Thatcher.

El desafío de un sector de la clase política catalana, consumado ayer en el Parlamento autonómico, precisa de una respuesta firme y fulminante. Se terminaron las medias tintas. Se acabaron los paños calientes. Estamos en el mediodía del órdago secesionista, las doce en punto de una alarmante catástrofe histórica. Hora es de mostrar en todo su esplendor la fortaleza del Estado de Derecho, frente al golpismo civil. Está claro que no se debe perder ni la debida prudencia ni la equilibrada moderación. Tampoco la proporcionalidad en la respuesta. Pero el órdago secesionista significa, en sí mismo, un desafío desproporcionado e histórico. Desde 1640, el ser de España no se había sentido tan zarandeado en la península como en esta legislatura con mayoría absoluta de Mariano Rajoy. ¿Adónde, adónde hemos llegado? ¿Qué más tiene que suceder para que el Gobierno abandone la altivez, la desdeñosa soberbia, la prepotencia estéril y tome sin más demoras ni más pasteleos las medidas que la situación demanda a gritos, con menos declaraciones y aspavientos, sustituyendo la verborrea por acciones concretas?

La gran política consiste en prevenir, no en curar. A Mariano Rajoy se le ha venido encima una crisis que se pudo atajar, al menos en gran parte, si en el año 2012 el Gobierno hubiera actuado con firmeza desde la fortaleza de la que disfrutaba en el Parlamento. Pero se impuso la memez arriólica de “no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico”. “La situación -ha escrito Jorge de Esteban- se podría haber evitado si desde Madrid se hubiesen tomado las medidas oportunas, no necesariamente represivas”. En el mismo sentido se expresó el domingo en este periódico Félix de Azúa.

Y ahí están las consecuencias de tanta torpeza. Reconociendo que a Mariano Rajoy hay que ponerle un diez por la sagacidad y eficacia con que abordó la crisis económica, también se merece un suspenso sin paliativos por no haber sabido enfrentarse a tiempo con una situación política como la de Cataluña cuyo desarrollo era bastante fácil de prever. Parece necesario tener en cuenta la reacción a cualquier decisión que se tome ahora porque en la región catalana existe ya un millón de personas dispuestas a la manifestación pública, con riesgo de violencia, destrozo del mobiliario urbano y posibilidad de heridos o muertos. Por eso hay que actuar con celeridad y prudencia, conforme a lo que exige la opinión pública, atónita ante el espectáculo deleznable que ha producido la debilidad política. Si hoy se levantara la piel del español medio, encontraríamos grabada en la carne viva está palabra dedicada al Gobierno de la nación: autoridad, autoridad, autoridad”.