www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EL CLÁSICO SE DESARROLLÓ SIN INCIDENTES Y LA GOLEADA CATALANA DEFINIÓ LO DEPORTIVO

El fútbol gana al miedo y el Barça, al Madrid

sábado 21 de noviembre de 2015, 20:06h
El Barcelona arrolló a un Madrid desorientado, que pecó de improvisación ofensiva. Benítez rompió su libreto y querencia por el equilibrio para atender las voces endógenas y exógenas que reclamaban más alegrías y el natural desbarajuste se transformó en un descalabro sin matices. Los pupilos de Luis Enrique dominaron a placer para autografiar un 0-4 imponente. El público asistió masivamente al Bernabéu, venciendo el miedo tras los atentados sufridos en París. Por Diego García

  • Iniesta, el mejor del partido, marcó uno de los tantos. (Efe)


  • Neymar sumó su nombre al festival azulgrana en el Bernabéu. (Efe)


  • Antes de empezar, La Marsellesa sonó en homenaje a las víctimas de los ataques de París. (Efe)


  • El partido, declarado de alto riesgo, contó con la presencia de 1.200 policías y 1.195 agentes de seguridad privada. (Efe).


  • El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, asistió al palco del Santiago Bernabéu. (Efe)


  • Luis Suárez celebra el primero de los dos goles que anotó en el partido. (Efe)


  • Messi reapareció sobre los terrenos de juego tras su lesión en la segunda parte .(Efe)

El frente de ventisca polar se cernió sobre el Santiago Bernabéu como la cobertura de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado amplió su despliegue hasta una cota sin parangón, configurando una atmósfera enrarecida, plomiza, en un evento de la altura del Clásico. Como si los prolegómenos del envite deportivo susurrarán lo que se le vendría encima a uno de los púgiles, congelado por la incapacidad de adaptarse a la situación. Los 1.100 policías, que incluyeron Tedax, caballería, helicópteros, una unidad de subsuelo y perros rastreadores, velaron de manera efectiva por la tranquilidad de los asistentes, entre ellos el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y, por extensión, de la sociedad española. La Marsellesa retumbó estruendosa en el coliseo de Chamartín, con una bandera gigante francesa como marco de la fraternidad mostrada por ambas plantillas, unidas en la escenificación idónea de la victoria del deporte y sus valores sobre la barbarie.

Lo concerniente a lo estrictamente futbolístico esbozó, con precocidad, un cariz interesante: la decisión de Rafa Benítez tendió a la acumulación de calidad, como reclamaba el entorno endógeno y exógeno, y prescindió de la coherencia entre los fundamentos implementados hasta este punto de calendario y los nombres. Apostó el técnico merengue por inundar de talento la medular, asumiendo el árido riesgo -descontextualizado en su currículum- que ésto significa para el equilibrio de un sistema. Así, James acompañó a Kroos y Modric, y Bale, Ronaldo y Benzema asumirían las atribuciones acostumbradas con el galés por el centro, en un escaño antinatural para sus aptitudes. Ahondó en la querencia por lo ofensivo el preparador confeccionando unos laterales ambiciosos con Marcelo y Danilo. Ante una escena tan desacostumbrada, la unidad entre líneas sufriría un examen fiscalizador por la combinación oponente. Asimismo, la precisión en la combinación se entendería como un elemento capital, ya que cada pérdida generaría opciones de desnudez para un planteamiento desprovisto, en su totalidad, de recuperadores de pelota o peones dotados de sabiduría táctica y concepción de lo colectivo.

Luis Enrique adoptó la medida pronosticada: Messi empezaría aposentado en el banquillo. Ideó el técnico asturiano un refuerzo en la medular que entregaba la punta a Neymar y Suárez. Sergi Roberto se incluía en el trivote que recuperaba a Rakitic para la compañía de Iniesta y Busquets. Mascherano figuraba como pareja de Piqué y Alba y Alves debían incidir en el cuidado del cuero y vigilar su espalda. La intención inicial barcelonesa no escondía la conducción del juego hacia la explotación de las flaquezas oponentes a través del monopolio de la pelota, del control de la situación en transición y del intercambio de horizontalidad y verticalidad. Quería el actual líder lucir variantes y probar lo inconexo de la aventura madrileña. El balón fluiría entre las botas visitante y la presión ahogaría la ajena. Con la intensidad y el orden como elementos antagónicos a los dispuestos por los capitalinos desembarcó el Barça ante los ojos del planeta.

Arrancó el partido con el Madrid aventurando una presión muy elevada. Esbozó personalidad buscando la pelota y cortocircuitando la salida blaugrana por la vía de la presión ciertamente valiente. Bale se disparaba por el centro, Ronaldo en diagonal y Benzema tendiendo al centro. Los visitantes agazapados, trataban de imponer calma ante el empuje local, refrescando si amenaza a la contra por el perfil de Neymar. Tardó tan sólo cinco minutos en recuperar la posesión horizontal el bloque dirigido por Lucho, en un ejercicio que no soltaría hasta el pitido final. La respuesta del club catalán al respingo inicial madridista reflejó la anestesia del ritmo y aceleración con verticalidad, figuras identitarias que sembrarían la debacle de la autogestión de talentosos que abrazó Benítez. Alba abrió el fuego al espacio para enviar al centro, donde Suárez imaginó una cesión repleta de clase que Neymar envió a las nubes desde la frontal. Corría el seis de partido y había aterrizado un aviso en forma de prólogo extrapolable al escenario general.

El péndulo en la lucha por el cuero llevó al Barça a presionar arriba de inmediato. La salida rápida del Madrid, con patrocinio clarividente de Benzema, había conducido al mano a mano de Ronaldo con Mascherano, que resolvió el luso con un autopase, y el centro tenso que sacó Bravo en el 8, y reaccionó con defensa ofensiva el club culé. El esférico recayó de forma decidida en el manejo catalán y el Madrid auguraba su resbalón cediendo metros para no desnudar huecos. Sin embargo, en pleno juego de reconocimiento, Sergi Roberto detectó un pasillo entre líneas que no cubría ningún obrero de contención y dejó a Luis Suárez en posición idónea, desde el área grande y sin marca, para que abriera el marcador de sedoso golpeo exterior de seda. La indecisión a la espalda de la medular Modric-Kroos, desempolvaba fanstasmas heredados de proyectos anteriores y amortiguados por Casemiro. La penalización arribó en el minuto 10 en grado sumo.


La actuación coral del Madrid no reflejaba coordinación en la presión y con las líneas todavía adelantadas, sin seguridad en el achique, generaba espacios que Iniesta interpretó con clarividencia. Rakitic profundizó en el pentagrama al rematar, en soledad y desviado, un pase de Sergio Roberto -cada vez mejor legitimado-, que había ganado la espalda a toda la zaga previamente tras en envío del manchego. El dominio de la situación blaugrana resultaba ya incontestable en la conversación ante un equipo que sufría para recuperar, un episodio que convertía en inocuo el movimiento de presión y dejaba a los creadores sin alimento. La consecuencia directa emergió al provocar el continuo pase rifado. Abandonó al sentido colectivo al desconsuelo, mutilado de reacción en los primeros 20 minutos. Sin pausa con la pelota por mor del tiempo de espera hasta que se cosechaba una recuperación. La intencional superioridad con los laterales en el centro del campo, que resguardaban el mando del tempo para el Barcelona, convirtió a Iniesta en patrón del duelo y director de la orquesta.

Se quemaba la primera media hora con una falta directa ejecutada por Neymar que atajó Navas. El lanzamiento nació de una acción paradigmática: Ramos perdió el balón en la salida y James derribó, in extremis, al carioca. El Barça presionaba muy arriba y la estrategia de acumular calidad sin concepción táctica constriñó al Madrid a la inseguridad en la circulación, el pelotazo y los pitos en la tribuna. Sergi Roberto envió arriba un pase interior de Rakitic tras la circulación brillante de Iniesta después de otro desesperado mal envío, en este caso de Varane. El recital posicional del Barça resultaba, entonces, rotundo, indigesto para un Real Madrid que se sorprendía enfangado por la incoherencia del despliegue con la idea de trabajo de su técnico. James desperezó a los suyos por la vía del chut peligroso que atajó Bravo después de que la presión merengue forzara un error venenoso de Busquets en el 28.

Necesitaba encontrar respiro a la tensión de saberse inferior el Madrid, que sufría afligido por los agujeros que leía el Barça en las perennes superioridades por banda, provocadas por desajustes en el compromiso de los tres de arriba y los desequilibrios inherentes a la colocación de James y Kroos como interiores tapones en la fase defensiva. Lo cierto es que regresó el once de gala reclamado por el entorno y, con él, los males que despidieron a Ancelotti. En el entretanto, paseaba estatus colectivo el vigente campeón de todo, muy cómodo, que subió la retaguardia hasta el centro del campo, en un ejercicio de confianza y valentía.

Mathieu entró por el lesionado Mascherano -la baja quedaría cercenada de trascendencia por el propio devenir del juego- al tiempo que el Madrid deglutía su amargura en el desierto de imprecisiones provocado por la posición no escalonada y entre líneas de las piezas decisivas en este ámbito –James y Benzema-. Bale permanecía apostado en el carril central como un extra en la línea argumental y Ronaldo se desesperaba, sin participar en la dinámica ni gozar de balones ajustados a su rango de remate. Había reducido los espacios a la elaboración la mezcla entre el suicidio ofensivo de Benítez y el excelso despliegue táctico catalán. Así, la confirmación de la cosecha de réditos a la actitud y puesta en práctica de automatismos azulgrana toco terreno tangible en una acción descriptiva: Modric, que actuaba como boya ante la inoperancia de un Kroos superado -denso en la distribución y transparente, como siempre, en repliegue-, perdió el balón ante su soledad constructora, la ausencia de soluciones en el horizonte y el cierre de tres rivales. El cuero se movió en frenética transición hasta las botas de un Iniesta generador extremo de fútbol y ordenador de la abrasiva presión tras pérdida. El manchego encontró el recorrido dibujado en su mente de un envío que Neymar tradujo en el 0-2 al rematar y superar, por bajo, a Navas. Todo ello en situación antirreglamentaria. Aunque, este apartado, también quedaría relativizado.

Marcelo sacó bajo palos el remate de Neymar tras un número de desborde a Danilo, amaestrado y desbordado por la ausencia de ayudas, que encontró en Suárez la pared de timing perfecta. La acción salvadora del lateral zurdo condujo a la bocana de vestuarios con el 0-3 contaminanto la atmósfera. Los pañuelos y la pitada despidieron un primer acto que no admitía rebate: los pupilos de Luis Enrique habían dispuesto del 62% de la posesión y habían lanzado nueves veces por un intento local. La diferencia nuclear entre ambos despliegues, atendido ya lo incoherente de la alineación, resultó el compromiso en pos de lo común. Andrés Iniesta, mejor del partido, lució pedigree en el último pase y en el esfuerzo solidario por robar el balón. El 8 sintetizó la filosofía que encumbra, de manera sistemática, a todo equipo que quiere ser tal. Por mucho oro que reluzca en las vitrinas. Por mucha calidad que se guarde en espíritu.



Sin cambio de nombres se inició el segundo tiempo. Sí se modificó de forma coyuntural, no prolongada, la intensidad y actitud madridistas, mientras que el Barça buscaba recuperar la anestesia para jugar con su endeble némesis. Producto del intento por elevar los vatios de exigencia se desataron las llegadas que ejercieron de aperitivo: Rakitic dejó hueco en el repliegue y Marcelo, que superó a dos rivales por fe, culminó su inaugural acción individual con un chut al lateral de la red -minuto 46-; James la puso en la cepa del poste y Bravo lució reflejos tras un pase interior de Bale -en el 48-; y el galés probó suerte sin éxito desde media distancia tras driblar a Mathieu, en el cierre del paréntesis.


El Barcelona retomó, con natural lógica, el tempo. Con la pelota y atravesando las fracturas tácticas. Así, el juego volvió a inclinar el césped sobre la meta del portero costarricense, que sacó de la escuadra una falta ejecutada por Neymar. Pero nada pudo hacer en el remate angulado de Iniesta. El centrocampista español, de soberbia actuación, culminó una asociación de terciopelo, paseando, entre Rakitic y Ney. Tres jugadores en movimiento rompieron el repliegue de Modric, Kroos, Ramos y Varane. La ruptura entre líneas penalizaba, de nuevo, el respingo madridista. Quedaba sentenciado el partido en el 53. La obra maestra del Barcelona no asumía aristas.

La recolección de goles no encontraría el sonrojo de la manita por desatino azulgrana. Mientras Bravo negaba cualquier opción, por puntiaguda que resultara -detuvo un mano a mano claro a Ronaldo y dos remates idóneos al luso y a Benzema- Suárez perseguía su segundo tanto sin éxito. Perdonó el cuarto con el Madrid defragmentado en una suerte de guerra de guerrillas individuales y forzó un penalti no pitado de Ramos.

Quedó abocado el duelo a un inflamado desenlace para el bando madrileño. Isco y Carvajal entraron por James -desorientado en la tesitura- y Marcelo -que recayó en la lesión para amargura propia y colectiva- y Messi ocupó el pusto de un eficiente Rakitic. Parecería que a estas alturas -minuto 60-, sólo el orgullo estaba en juego. Los pupilos de Benítez no querían empaparse en la tormenta sin un gol que llevarse a la versión más optimista del relato, y los catalanes no cejaban en su empeño al haber olido sangre. Carvajal chutó desviado en otra acción solitaria y Bravo aparecía para atrapar un cabezazo de Varane -tétrico en el repliegue e inseguro con el balón- en saque de esquina. El Madrid daba un paso adelante con balón pero el Barcelona se imponía en cada variante, engrasando la circulación ante la urgencia local.

No habría espacio antes del pitido final para mucho más que el intercambio de disparos infructuosos que la recompensa postrera a la performance de Suárez, que resolvió un mano a mano clamoroso ante Navas apuntando y rematando al segundo poste -minuto 74-. Los tres puntos que ambos técnicos auguraron como irrelevantes terminaron por pesar con gravedad propia. Queda en una posición rocambolesca -Isco vio la roja directa como colofón simbólico de lo acontecido a los gritos que exigieron al dimisión de Florentino Pérez- el Madrid de un Benítez que atendió los reclamos contrarios a su hoja de ruta y lo pagó muy caro. No se antoja sencilla la situación de un entrenador que ha renegado de sus ideas ni parece claro que el integrismo ofensivo asuma lo arriesgado de la apuesta. Con todo ello son seis puntos los que separan su indecisión de un Barça imponente, propulsado en esta deflagración de campanillas, que no necesitó frotar la lámpara mágica de Messi para resolver una empresa, a priori, igualada. Triunfó la lógica en Madrid: la libertad primó sobre el odio y los argumentos equilibrados asestaron un duro golpe al radicalismo futbolístico. Con el club más rico del mundo como sujeto pasivo.


Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Sergio Ramos y Marcelo (Carvajal, min. 58); Kroos, Modric, James (Isco, min. 55); Benzema, Bale y Cristiano Ronaldo.
Barcelona: Claudio Bravo; Dani Alves, Piqué, Mascherano (Mathieu, min.27), Jordi Alba; Sergi Roberto, Rakitic (Messi, min. 55), Sergio Busquets, Andrés Iniesta (Munir, min. 75); Neymar y Luis Suárez.
Goles: 0-1, minuto 10: Luis Suárez; 0-2, minuto 39: Neymar; 0-3, minuto 53: Iniesta; 0-4, minuto 74: Suárez
Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a James (min. 22), Alves (min. 30), Sergio Ramos (min. 50), Carvajal (min. 82) y expulsó con roja directa a Isco (min. 84).
Incidencias: 55.000 espectadores asistieron al partido correspondiente a la duodécima jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Santiago Bernabéu.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios