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NOVELA

Marta Sanz: Farándula

domingo 22 de noviembre de 2015, 21:47h
Marta Sanz: Farándula

Premio Herralde de Novela. Anagrama. Barcelona, 2015. 240 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 9,99 €. La novelista madrileña confirma su excelencia en una novela coral sobre el mundo del espectáculo y los actores que encierra numerosas y sugerentes capas.

Por Carmen R. Santos

En Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2013), de la que nos ocupamos en estas mismas páginas, Marta Sanz nos presentaba a dos adolescentes, Catalina Hernández Griñán y Ángelica Bigur, que, encerradas en la habitación de la primera, juegan a algo muy especial: transmutarse en dos rutilantes estrellas del star system español, con su puntito de cutre, en la etapa de la Transición. El mundo del espectáculo aparecía en la novela, aunque con muchas connotaciones que iban más allá de él, al resultar un ámbito que proporcionaba numerosas posibilidades de convertirse en metáfora de un espacio mucho más amplio, la propia sociedad. En Farándula, justamente merecedora del 33º Premio Herralde de Novela, la escritora madrileña amplía la perspectiva sobre el universo del espectáculo, los actores, el teatro, que se alza en protagonista a través de una historia coral que, encierra también, como en el caso de Daniela Astor y la caja negra, mucho más que esa primera capa. Como ocurre, por otro lado, en prácticamente toda la producción novelística de Marta Sanz, cuyas ficciones revelan siempre un ambicioso planteamiento.

Un planteamiento que no defrauda ni en la primera capa ni en las que conlleva que, finalmente, se imbrican en un puzle donde todas las piezas encajan de manera natural. En Farándula, la primera capa, aborda el ámbito que da título a la novela, esa farándula, que suele despertar en la sociedad multitud de sentimientos y reacciones encontrados que van desde la curiosidad y la fascinación hasta el recelo, y que, en cualquier caso, se observa como algo muy particular. Marta Sanz ha tenido el acierto de reflejarlo, metiéndose entre bastidores, en una ágil trama donde pone en escena y cruza vidas y personajes que representan actitudes, enfoques vitales y profesionales que abarcan diferentes tipos de actores, a la vez que son personajes únicos y singulares. En un sentido novelístico y también real, pues no dejan de inspirarse en nombres reconocibles, aunque, naturalmente, pasados por el tamiz literario que Marta Sanz maneja a la perfección. Tras la lectura de Farándula, puede usted, no obstante, idear un juego con otros lectores sobre a quién se parece cada uno de ellos.

Así, tenemos a Daniel Valls, un exitoso actor que vive fuera de España y trabaja en el cine internacional. Es millonario, acaba de ganar la Copa Volpi, y está casado con Charlotte Saint-Clair, una “bróker filantrópica” que le cuida y le mima. Charlotte y su agente le recomiendan que no siga dando la nota con su apoyo a manifiestos de protesta, declaraciones y pronunciamientos en la gala de los Premios Goya, pues su posición política no casa con su cuenta corriente y estilo de vida, por lo que se duda de su sinceridad. También está Ana Urrutia, quien fue “una gran dama de la escena”, abanderada de la libertad -para sus críticos libertinaje-, cuya vida no se atuvo a convenciones ni previsiones y ahora es una anciana enferma que vive en la indigencia y la soledad, solo atemperadas por Valeria Falcón, una actriz que se preocupa por ella y la visita semanalmente. Valeria está ensayando el montaje de la versión teatral de la célebre película Eva al desnudo -su relación con Ana Urrutia será el reverso de lo que sucede en el magistral filme de Joseph L. Mankiewicz-, y con ella trabajan otros dos de los protagonistas de Farándula: Natalia de Miguel, una joven actriz que triunfará en un reality show televisivo, y Lorenzo Lucas, que terminará casándose con Natalia, y que en sus inicios creía en el teatro, y ahora envuelve su desencanto en el cinismo. Aunque quizá no sea tan cínico.

Con ser todas muy conseguidas, en Lorenzo Lucas y en Valeria Falcón, Marta Sanz ha creado sus dos criaturas más complejas -tan sugerente como acertado es el giro final del personaje de Valeria, que no desvelaremos-, en una novela en la que la metáfora del teatro sirve para indagar en el aquí y ahora, donde la precariedad -muy evidente y marcada en la farándula-, se ha enseñoreado y de alguna forma todos vivimos en el alero. Pero no es ni mucho menos Farándula una simplificadora, simplista o maniquea novela de mera denuncia. Nos formula preguntas, pone sobre el tapete contradicciones, y, entre sus capas no se escapa tampoco una que conecta con el hecho de que “todos tenemos cientos de ojos que nos observan”. En realidad, todos somos actores en el gran teatro del mundo. Todos estamos en esa farándula que es, como se titulan los dos capítulos de la novela, “Faralaes” y “Tarántula”. ¿Cómo interpretaremos nuestro papel?

En Farándula, escrita de manera prodigiosa desde su comienzo con esa rápida visión caleidoscópica de la madrileña Puerta del Sol, y donde la ironía, el sarcasmo, el humor son demoledores, no deja de haber tristeza y hasta piedad por sus personajes, igual que ocurre en los grandes narradores como Pérez Galdós, siguiendo la estela cervantina. Porque un novelista de raza, y Marta Sanz lo es como vuelve a dar muestra en su última novela, no es un inquisidor. No condena, sino que indaga, analiza, nos ayuda a comprender, lo que no está reñido con tener firmes convicciones. En su ensayo No tan incendiario (Periférica, 2014), Marta Sanz señala que la buena literatura de todos los tiempos se define “por su capacidad para ampliar la visión del mundo, replantear el significado de las frases hechas, sacar la porquería de debajo de las alfombras, darle la vuelta a las tortillas a partir de una reflexión sobre el lenguaje y sobre los géneros literarios que es indisoluble de un posicionamiento ético y, a menudo, también político”. La autora de Farándula y de novelas como, entre otras, Susana y los viejos -finalista del Nadal-, o Black, black, black, y de poemarios como Vintage, se guía por ello.

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