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JORNADA 12: BETIS 0 ATLÉTICO 1

El Atlético adelanta al Madrid dominando sin rematar al Betis | 0-1

domingo 22 de noviembre de 2015, 22:21h
El Atlético adelanta al Madrid dominando sin rematar al Betis | 0-1
Simeone trató de desestabilizar la inseguridad casera del Betis -cuatro derrotas consecutivas en el Villamarín- a través de una mezcla de presión agresiva y lógica con el balón. Así, se adelantó a las primeras de cambio con gol de Koke y dominó con claridad el primer acto. Sin embargo, sudó más de lo pronosticable para arrancar los tres puntos de Sevilla al no rematar las opciones elaboradas. Los andaluces no consiguen despegar la sensación de irregularidad.
Sobre el Benito Villamarín no se desplegó un dispositivo asimilable al ideado para el Clásico de este sábado. Tampoco sonó La Marsellesa, quizá por representar un evento menos aristocrático del de Chamartín. Y el minuto de silencio previo al pitido inicial disfrutó de homenaje compartido: las víctimas de París y un ex directivo verdiblanco fallecido, Manuel Romero Álvarez. Sin embargo, el Madrid-Barça condicionó la teoría y práctica del Betis-Atlético. Los enemigos íntimos del desguazado Real Madrid propulsaron su natural impulso como reacción a imaginarse en la segunda plaza de la Liga BBVA, haciendo acopio del resbalón merengue. Los que encuentran en el Sevilla su némesis trataban de oponer resistencia y revertir la inercia trompicada con la que se manejan en su casa.

Dispuso Pepe Mel una alineación con ambición ofensiva e intención de esconder finura combinativa para imponer despliegue físico. Así, Xavi Torres figuraba como ancla de un centro del campo salpicado de talento y brío, y conformado por N`Diaye y Digard como interiores y Joaquín y Cejudo en el rol de desborde pegado a la cal. Rubén Castro trataría de aplicar su astucia a un sistema que quedaría definido por la altura de los laterales Piccini y Varela. Habría de juntar las líneas el Betis y perfilar su atino en el pase para erosionar el bagaje colectivo de su rival. La intención de colapso del centro y vigilancia de las transiciones no cedían preeminencia en esta empresa disfrazada de examen a la evolución propia.

Diego Pablo Simeone imaginó un partido en el que el control de la pelota le facilitaría la papeleta. Desplegó una suerte de 4-2-3-1 con Fernando Torres como punta de lanza móvil. Gabi y Tiago ejercerían de colchón de seguridad y distribuidores de la línea formada por Koke -centrado- y Carrasco y Griezmann -que ocuparían las bandas-. Filipe y Gámez buscarían su espacio en la asignación de carrileros para alimentar la circulación de pelota. El nivel de presión y la continuidad en el esfuerzo por asumir el mando del partido fiscalizaría el desarrolló de la idea del técnico, que no acaba de resultar coherente en el uso de las variantes que le permite la profundidad de su plantilla. Sacudirse el aspecto unidreccional de cierre y salida empieza a ser un mantra.

Con la incertidumbre propia de la vertiente escogida por cada preparador arrancó el duelo. Salió en vía fulgurante del Atlético, desbordante de intensidad y verticalidad, con dos córners en al mochila en 5 minutos. Se desplegó con rapidez el intercambio de presión muy arriba de ambos equipos. El Betis trataba de tomar el control del ritmo a través de la combinación pausada, aunque no lograba sacudirse la exigencia y N´Diaye y Digard se sumaron a la línea ofensiva para bajar balones largos.

El nivel de concentración reclamado por los madrileños esbozaron el paisaje que dominaría todo el primer acto pero, en el entretanto, la cosecha tomaría forma en el primer impulso. Un despeje de los pupilos de Mel a la jugada de pizarra colchonera quedó en las botas de Xavi Torres, que buscó soluciones pero tres rivales le roban el cuero, convirtiéndole en víctima. Fernando Torres chutó el balón disperso, Adán despejó y Koke, que leyó la presión de forma sublime, abrió el marcador a placer en el minuto 7. Recogía frutos el Atlético tras un comienzo terrible, que condujo a un frenesí mutuo que le favorecía claramente por su rigor táctico. El ajedrez indicaba forzar la angustia del oponente, sabedor de su irregularidad en casa, y se cumplió a rajatabla.


Reaccionó rebelde el Betis, adelantando líneas y obligando al pelotazo al esquema del Cholo. El juego tornó trompicado, repleto de imprecisiones producto de la reducción de espacios en una medular superpoblada. Pero el Atlético, seguro en el repliegue y en la brega del balón suelto, se movía con más comodidad. No obstante, Filipe ejemplificó el panorama mostrado por el prólogo del guión de partido con una pared larga con Carrasco que concluyó en dejada de Torres y remate desviado de Koke desde el pico del área.

Digard intentaba mover a un equipo arrinconado al avance y centro desde los laterales, con Joaquín muy vigilado por las ayudas del centro del campo rojiblanco. Los envíos aéreos no inquietaban a Savic y Godín en una situación que respondía al libreto de Simeone, que imponía, sin fusuras, su zona de confort como normal general. El dominio posicional pegajoso del Atlético, con o sin balón, intenso en el repliegue en cancha propia y lógico, apoyado en Tiago, Koke y Carrasco, para salir con coherencia asociativa, repiqueteaba en la posibilidad de encontrar la sentencia prematura en torno al 20 de partido. Griezmann había efectuado ya dos remates al aire, sin conectar con centros precisos en el área pequeña, que cortaron el respiro de una tribuna gélida ante el escenario planteado.

En el 22 se desataron los pitos tras la volea que lamió el larguero del galo. Filipe había recuperado la pelota en su campo y había arribado sin oposición hasta la frontal. Encontró el hueco para Torres, que sirvió la opción al 7 colchonero. La personalidad del club que buscaba, ardoroso, el segundo puesto clasificatorio, había bloqueado la finura y orden locales. Tan sólo una falta desde larga distancia ofreció al Betis la oportunidad de estirarse y Cejudo chutó sin consecuencias. Un fallo en el envío de Griezmann desató la contra personal de un Joaquín que, a sus galones sumó el cambio de ritmo para sólo ser derribado por Tiago. Corría el minuto 26 y el primer ajuste se escenificaba: el ex extremo de Osasuna centró su posición para que su equipo explotara el juego entre líneas por el centro para desestabilizar, en transición, el equilibrio oponente.

Quemada la primera media hora descendieron los decibelios el Atlético, que trataba de relajar el esfuerzo a través de la asociación horizontal, con Filipe –omnipresente como desengrasante de la salida combinativa de la cueva- y Gámez apostados en los extremos de la circulación, añadiendo sus voluntades a la intención general de controlar el movimiento del cuero y, con ello, el devenir del duelo. N`Diaye aprovechó la tesitura para chutar desviado desde media distancia. Los pupilos de Pepe Mel atisbaban el horizonte en la contracción colchonera, discutían la posesión y empezaban a amenazar tras robo por el ascenso de la concentración e intensidad. Pero la gestación de llegadas limpias a posiciones de remate resultaba patrimonio capitalino, con los duchos laterales andaluces recluidos en labores de achique como ejemplo paradigmático de la incomodidad local.

El intermedio se susurraba con Godín cabeceando a las manos de Adán un saque de esquina botado en el 40. Había lucido endeblez e inconsistencia el Betis antes del descanso, desprovisto de convicción en la salida ordenada por la elección física de Mel. El regreso de la imposición de presión elevada visitante cortocircuitó el respingo sevillano, que no conseguía construir jugadas privadas de envíos largos. Además, la inteligencia colectiva visitante complicó la precisión en zonas de riesgo máximo y una pérdida de Piccini en campo propio, perseguido de nuevo por la superioridad posicional contrincante, condujo al chut al lateral de la red de Carrasco, que evitó con su desatino de cara a portería, que el imponente primer acto del Atlético obtuviera el rédito tangible del merecido 0-2.

Bajó el telón el partido con un 53% para el equipo capitalino, que, también, había ganado en la relación de remates a portería (1 a 3) y de ocasiones generadas (3 a 7). Pepe Mel quiso virar el aspecto de los suyos dando entrada en la fórmula a la clase y saber estar en el cortejo del balón de Dani Ceballos. Salió a la hierba por Xavi Torres, inseguro y señalado por la grada. El Betis necesitaba superar la intranquilidad en la primera salida de balón y, de no bajar más piezas al mediocentro, ni el cambio surtiría el efecto deseado para recuperar el temple y crecer. En consecuencia, Digard descendió metros y N´Diaye le acompañó para aclarar la asociación. Ceballos adoptaría la posición escalonada por delante, reclamando el cuero desde su entrada en el verde. Pero el Atlético cortó de forma abrupta la directriz: reflejó el arranque de envite, subiendo líneas, y ahogó a su rival con el avance masivo de obreros a cancha ajena. Además, Simeone movió ficha retrasando a Griemzann para sumar otra pieza talentosa al cuidado de la posesión. Había vuelto a robar la escena el club madrileño.

Sin embargo, pasado el primer capítulo de la reanudación, aflojó el empeño en el suspiro posterior al infortunio protagonizado por un duelo aéreo entre Godín y Adán –por el que el guardameta sería sustituido por Dani Giménez-, y el Betis descubrió una oquedad en la primera combinación fluida en campo madrileño del enfrentamiento, significando ésta el punto de inflexión que discutiría el dominio colchonero. Cejudo culminó la distribución esclarecida por Ceballos, elemento revitalizante, y Oblak estiró su anatomía para abortar el chut y convertirlo en córner en el 59.

La mutación del escenario sobrevino. De hecho, atravesado el minuto 65, dio un paso al frente el bloque andaluz, que sacó de su comodidad con el balón a un Atlético que empezaba a mostrar goteras en la continuidad por mor de la subida de vatios local. El esfuerzo realizado en el primer acto parecería pasarle factura en este intervalo de cesión de temple para con la pelota. Aún así, gozó Godín de un centro nacido de una falta centrada que remató a las manos del portero en el 67.



Se decretaron, entonces, las modificaciones que configurarían el destino final del desarrollo del juego. Vietto entró por Torres en el 70 mientras el balón emergía ya pintado de verdiblanco. El Atlético achicaba agua, incapaz de responder a la iniciativa del renacido bloque local en la punga por la batalla de la posesión. Por contra, los de Simeone asumieron la variable más familiar y se afanaron en el cierre y lanzamiento de contras puntiagudas, en un camino que conduciría hasta el minuto 90.

Antes del arribo del último cuarto de hora Carrasco, deshilachado en el segundo acto, dejó su escaño a Óliver, en un claro intento por reconducir la situación y cerrar el duelo a través de la lúcida circulación. Anhelaba el banquillo la calma horizontal, pero el Betis no estaba por la labor. Joaquín, imposibilitado por las ayudas rivales, dejó su sitio a Molina. La inclusión del rematador construía una doble referencia para los envíos al área andaluces, que no descubrieron caminos entre líneas para incomodar el muro oponente. Con la salida de Koke -muy eficaz y trascendente, centrado, en el manejo colectivo de la pelota- por Saúl, movimiento que buscaba acogerse al cambio de escena y el refuerzo del repliegue, se abrió el espacio para la incertidumbre. Avanzaba con tosquedad el Betis y se agazapaba el Atlético para morder a la contra. El tramo final asisitó a la voluntad ofensiva desprovista de claridad local y la falta de puntería rojiblanca en el remate de las mçultyiples contras que llegaron a buen término.

Griezmann mandó a las nubes un mano a mano granjeado por dicha vía en vuelo, obviendo la aislada posición de compañeros en el 73; a continuación reclamó penalti de Westermann al volver a plantarse sólo para el remate; Bruno coló su slalom individual con remate débil a las manos de Oblak en la inercia como entremés que dio paso a nuevas opciones visitantes; y el poste, que repelió otro disparo del punta galo, en el 87, tras la enésima contra conjugada por la falta de precisión, concluyó el postrero festival.

El cansancio se antojó protagónico del desenlace, con un Betis voluntarioso que arrastró su pundonor con uno menos, por lesión muscular de Digard, y un Atlético que puso en jaque su crecimiento en la temporada, con cénit en los primeros 45 minutos de este jornada, por su pobre rendimiento de cara a portería -suma 17 goles a favor, una cifra discreta en la zona noble de la competición-. Saborea los tres puntos, conseguidos con justicia, el proyecto de Simeone. Pese a las dudas, hubiera firmado encontrarse a cuatro puntos del líder a estas alturas de calendario. Las piezas van ensamblando en el nuevo pentagrama, exhibiendo jerarquía en acordes renovados por intervalos cada vez más extensos (la batalla por la posesión refrendó el enriquecimiento con un 57%). Complicada papeleta la que queda reservada para el conjunto sevillano. Con ésta suma ya cuatro derrotas consecutivas en el Villamarín.




Ficha técnica:
Betis: Adán (Dani Giménez, min. 65) Piccini, Bruno, Westermann, Varela, N'Diaye, Xavi Torres (Dani Ceballos, min.45), Digard, Joaquín (Molina, min. 79), Cejudo y Rubén Castro.
Atlético de Madrid: Oblak, Gámez, Savic, Godín, Filipe Luis, Tiago, Gabi, Koke (Saúl, min. 80), Carrasco (Óliver, min. 77), Griezmann y Fernando Torres (Vietto, min. 70).
Goles: 0-1, minuto 7: Koke
Árbitro: Jaime Latre. Amonestó a Filipe (min. 9), Tiago (min. 26), Gámez (min. 37), Bruno (min. 52) y Gabi (min. 76)
Incidencias: 42.000 espectadores acudieron al partido correspondiente a la duodécima jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio Benito Villamarín. El club sevillano incrementó las medidas de seguridad y control de acceso.
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