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DESDE ULTRAMAR

Venezuela clama cambios

martes 08 de diciembre de 2015, 19:01h
Los resultados delaseleccciones venezolanas demuestran hartazgo con las chifladuras de Maduro,alertan agotamiento actuante de las esperanzas delapoblación con deseos de cambio y muestran una muyprobableerosión irreversibledelrégimen de Maduro, el sujeto designado por la graciadeChávez como su sucesor, sencillamente por su linda cara, que es un decir, ya se sabe.

A mí me entusiasman estos resultados porque la lucha opositora que viene de muy atrás, esa de la que se burlaba Chávez con maneras groseras y autoritarias, muy poquito democráticas cabe espetarle en la cara a sus simpatizantes; esa misma que encarcela a quienes no piensan cómo Maduro (Leopoldo Gómez no es el único caso, por desgracia) o que ha lidiado con la beligerancia de la gente de izquierda que lo sigue o que así se hace llamar; esa misma oposición que ha visto huir de Venezuela a cuantos no deseaban ser arrastrados a la ruina económica por las medidas de Chávez y Maduro, esa oposición está dando una voltereta a la realidad y puede ser capaz por fin, de pararle los pies a Maduro. Enhorabuena y ya viene siendo hora.

Ya que hablo de los venezolanos que han salido de su país, que no se nos olvide que este ha sido un régimen expulsor de gente, y que huyeron por razones económicas y políticas, cual si enfrentaran una dictadura bananera, de esas que tanto daño hicieron a la América Latina y que el petróleo chavista no tiene porqué callarnos la boca denunciándola, desde los países que no hemos tragado de él ante el silecio complice y vergonzoso de los que sí. Y en efecto, el régimen chavista usufructuado por Maduro supone ser uno caudillil, de esos que tanto daño han hecho a Iberoamérica, y está en la misma tónica y a la altura de un Trujillo, un Somoza, un Batista o un Franco.

Un régimen autoritario y de dictatoriales maneras como el de Maduro, con una constitución chavista a modo de los chavistas, merece un sablazo en las urnas. Un sablazo tan popular, que resulta incuestionable. Porque lo popular, hay que decirlo, no será un vocablo que solo Maduro y sus canchanchanes definan a su conveniencia. ¡No señor! Así como Simón Bolívar no pertenece solo a esa facción, como burdamente han pretendido todos estos años. Faltaba más.

Un resultado adverso (no lo es tanto, si se mira bien, pero lo es) como el que le están propinando los venezolanos a los chavistas de Maduro, da una lección múltiple a Iberoamérica. Una lección que amerita varias lecturas.

Por un lado, demuestran que si al final apenas logran mayoría opositora endeble, los contrarios a Maduro hoy saben que las redes chavistas no han sido eficaces para evitar su avance, pese a tener todos los medios de coacción a su disposición y haberlos aplicado. Contra la incapacidad de Maduro, no hay sistema que aguante. Y sí, es igual que en México: ante la desmedida corrupción y la inepetitud de Enrique Peña Nieto, no habrá redes priistas capaces que lo tengan tan fácil para repetir en 2018, coaccionando el voto: la gente no es tonta y sabe bien a quién darle entrada y a quién no. Y se requiere una oposición organizada que sepa explotar los errores del gobierno.

También el resultado demuestra que no todo el mundo tiene que pensar como Maduro, ni ese pensamiento es el único valedero ni hay motivos para eternizar un chavismo caduco; y que se puede optar por otras formas, ante una Venezuela que está postrada por quienes prometieron levantarla. ¿Que triunfa la derecha en esta ocasión? Excelente, porque en democracia los resultados van y vienen, puesto que no todo tiene que ser de izquierdas y para siempre. Y que las urnas lo digan, tanto mejor.

Conviene añadir unas cuantas cosas que, cual verdades de Perogrullo, no sobra mencionarlas en estas elecciones, pese a serlo. Así, recordémonos que Maduro no es Chávez, que su desempeño económico ha sido más desastroso (populista e improvisado, autoritario y ciego, serían poca cosa para definirlo) y desde luego ¡basta de buscar culpables! los únicos responsables de la tristísima situación venezolana son Maduro y su camarilla. Y en efecto, las elecciones venezolanas advierten lo que sabemos afuera: Maduro pierde liderazgo y ya se refleja afuera hace tiempo. El intervencionismo de Caracas en temas de otros países es tan condenable como si fuera de Washington. No vale más hacerlo desde Caracas ni puede justificarse. Es reprobable y hoy Maduro no da a Venezuela el liderazgo de Chávez, porque la región cada vez menos acepta los exabruptos de Maduro y su ingerencia en asuntos ajenos. Ya desde Argentina, Macri parece dispuesto a ponerle un alto a Caracas. Y hará muy bien, como muchas veces lo hizo México con Chávez, mándandolo al Diablo por entrometido.

La voltereta en las urnas es un varapalo no menor a Maduro. Y sí, en democracia no hay victorias ni derrotas para siempre, pero es necesario la victoria actual, ya urgente, y que los analistas iberoamericanos proclives dejen de exaltar los triunfos de la izquierda como si fueran irreversibles y los únicos válidos y democráticos, porque no son los únicos –máxime si están sujetos a periodos establecidos en la ley– y que dejen de satanizar el triunfo de partidos de derecha o simplemente opositores a la izquierda. Esa forma maniquea solo abona a una facción, la suya. Que ya vendrán otras elecciones para hacer los cambios requeridos y que desde luego, deseamos que un discurso excluyente deje de existir, venga de izquierda o de derecha.

Maduro se ha empecinado con el poder sin tener un solo mérito de los que pudo esgrimir Chávez. La Historia demuestra una vez más que los movimientos caudilliles no sobreviven a sus caudillos. Hacen agua en un, dos por tres y a Maduro le está pasando casi desde el primer día. Es evidente que se ha dejado perder a su fórmula por la falta de apoyos desde el propio chavismo. Hay fracturas, hay problemas en el Paraíso, para que nos entendamos, y eso le va a costar a futuro si no despliega una capacidad negociadora que hasta ahora solo ha sido cerril. El inmaduro de Maduro va a necesitar mucho más que un pájaro parlante para encontrar soluciones. Los opositores lo saben bien y están sacando válida raja de todo ello. ¡Adelante Venezuela! ¡avante con el cambio!

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