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DESDE ULTRAMAR

Advenimiento del Año Jubilar

jueves 17 de diciembre de 2015, 20:11h

Ya transcurre el año jubilar extraordinario desde el pasado 8 de diciembre de 2015, día de la Inmaculada, para expirar el siguiente 20 de noviembre de 2016, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, rey del Universo. Para los creyentes, ya incorporadas las catedrales del mundo entero a las intenciones de la romana y abierta ya la Puerta Santa de la basílica petrina, supone que discurre un año de gracia, perdón recogimiento y purificación, durante el cual, como tratándose de la dehiscencia de dones, hay que prepararse para recibirlos. El acontecimiento es mayúsculo, de órdago sin lugar a dudas. Privilegiados que somos en vivirlo. Congratulémonos.

En un pispás el papa Francisco ha emprendido el Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Apenas lo convocó a inicios de 2015 y ya estamos en él a paso veloz, pues bien sabemos y lo confirmamos momento a momento, que el año 2015 se ha ido volando a tirones y empujones, apenas dejando tiempo a duras penas para un respiro que nos permita aquilatar y sopesar cuánto nos ha ocurrido en tan jaloneado periodo, para luego consumirse guardándose en los anales de la Historia.

Fue una solemnísima apertura acaecida como solo Roma sigue sabiendo montársela, mostrando una ceremonia que no ha desmerecido, asaz lustrosa y trascendente, protocolaria y solemne, con la presencia del papa emérito –es un hito que dos pontífices participen de tal inicio jubilar– marcando el comienzo de un periodo gozoso para los fieles, uno de reflexión y enmienda que –siguiendo los cánones dictados­­– conducen a la salvación de las almas, mediante una indulgencia plenaria, soportada en el ritual cuyo debido seguimiento y la ejecución del consabido sufragio acompañando las intenciones del romano pontífice, faciliten su consecución.

El tema jubilar puede pasarle a usted de largo, de noche, de puntillas y sin apenas enterarse…o a no quererse enterar. No lo reprocho ni lo reclamo. A lo más yo sí me uno a su verificación. Que desde luego será para quienes quieran seguirlo, puesto que, hasta eso, la cosa no va de a fuerzas en un tema tan meritorio como lo es un año jubilar. ¡Qué va! Esto del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, va como las mismísimas llamadas a misa: que acude a ellas quien quiera. Quien no, pues no y santas pascuas.

En un mundo tan descreído y tan viviendo al día en la asfixiante inmediatez, tan materialista –como lo han sido todas las épocas, después de todo y, no me lo crea, pero así ha sido, porque no somos muy originales– el que se haga un llamado a pausar, a meditar unos momentos para saber en dónde seguimos parados, no sobra ni demerita un ápice nuestro deseo mundano, humano y también muy divino, de vivir. ¿Qué se puede hacer tal detenimiento sin necesidad de ser convocados por el papa? Tengámoslo por seguro, ya que desde luego es muy cierto. Y que lo importante al final de cuentas, es que lo hagamos, parando unos instantes para meditar, y no solo que rezonguemos por la religión, que no merece el esfuerzo y sería lo facilón, antes que confrontarnos con nosotros mismos. ¿Qué no quiere usted ganar el jubileo ni le interesa? Pues ya está y sanseacabó. Sí, y se lo escribo con el desenfado más invitante y más plausible que me pueda yo encontrar para compartirlo, transmitiéndoselo amable lector que me sigue asiduamente cada semana en ambos hemisferios, honrándome con su gratificante amable atención, que mucho le aprecio.

¡Ea, pues! que si usted desea ganar el jubileo que se convoca, cosa que no es mentirijilla ni mucho menos, ello supone efectuar un ejercicio introspectivo –que cosa más adecuada, dudosamente la hay– de manera que procurarlo no estaría de más. Nos implica al final una dispensa, un perdón a modo de absolución y un merecido y complaciente ánimo regenerador. Qué importante y significativo me resulta porque vamos rodeados siempre de un todo vale nada y es efímero, sin ánimo alguno de destacar, de trascender en lo importante, primando lo nimio y lo fugaz. La condición humana merece mejor tratamiento. Y solo podemos prodigarlo nosotros mismos, prohijando lo verdaderamente sustancial, trascendente y crucial. ¿Se anima a cambiar? Si que resulta ser una ardua labor desafiante a nuestro conformismo.

Algunos datos recabados rondan tan singular noticia y ameritan comentarse. El Jubileo, de palmarios e innegables orígenes bíblicos, conlleva un llamamiento a través de un corno (como se manifestó en el año jubilar anterior). La Puerta Santa abierta y traspasado su umbral, significa acceder a una estadía de plenitud salvífica. Sí, y de asumir en resumidas cuentas y en tomar conciencia. El peregrinaje hasta ella va por añadidura. El Año Santo Extraordinario es el cuarto en su modalidad, desde que se estableció en el siglo pasado. Es el trigésimo año santo de la Historia, afirman los entendidos, y me ha caído por sorpresa. Parece que Francisco desea trascender en varios planos. Dándole vueltas orilla a que valoremos que invocar la misericordia como el eje propulsor de su emprendimiento, conlleva que justipreciemos nuestra propia dimensión y entraña estimarla hacia el prójimo, solidarios.

Si en alguna ocasión ha expresado el Obispo de Roma que la voz “Misericordia” equivale a la compasión, al amor mismo, denotando contar con un corazón abierto a las miserias ajenas, en su bula Misericordiae Vultus (El rostro de la Misericordia) afirma que lo abramos a las miserias del mundo, implicando un encuentro con Dios. Siendo misericordiosos como el Padre, lema del jubilo. Después de todo el Jubileo lo ha precisado Francisco, es un tiempo para “dar gracias (a Dios) por la sobreabundancia de (s)tus dones”. Ha dicho en su mensaje de apertura que desea que quienes atraviesen la Puerta Santa lo hagan con “el alma arrepentida, renovado compromiso y filial fidelidad”. Por eso me parece que ni caben selfis ni vanaglorias. Lo advierto a quien pasándose por Roma, acuda a presumir y no a arrepentirse.

Así pues, aprestados a vivirlo, solo podemos entusiasmarnos teniendo verificativo y tal sentimiento lo comparto con todos quienes de buena fe, lo desean acoger. Sea pues un Año de Gracia, un año de parabienes para todos.

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