www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

20-D, mirada ultramarina

martes 22 de diciembre de 2015, 20:08h

En efecto, las elecciones españolas de 2015 nos han tenido en vilo en el exterior, porque no estaba tan claro ni tan anticipado el resultado. No eran como las anteriores de 2011, mucho más cantadas en lo que sucedería. Sin embargo, pese a que Rajoy no convenciera ni hubiera hecho un gobierno como para colocarlo en el cuadro de honor, se veía con mayores posibilidades de triunfar si los españoles optaban por la estabilidad. Y tal parece. Falta cribar resultados y consecuencias.

Ha sido una jornada electoral que nos suena rarísima, porque convocarla a días de la Navidad en un país entregado a tal, suena a distractor chapucero. Porque uno se pregunta si hay cabeza para seguir la trama pre y postelectoral –contando además, con el posible clima agreste ya propio de la temporada– y a ello se ha apostado. Por fortuna, la alta participación tranquiliza, pero no acalla la sospechosa intentona. 2015 ha sido un año electoral desgastante para España.

¿Será pues, que Mariano Rajoy no pasará a la Historia solo como el jefe de gobierno bisagra entre dos reinados? Aunque aún no se disipa la polvareda comicial del 20-D, ciertamente que de quedarse en el puesto, será algo más que eso. Y no, no considero que sea tan popular el popular, porque no lo miramos de lejos en ultramar como un magnífico jefe de gobierno que deje boquiabierto por su destreza y porque quizás ha vencido, pero no del todo convencido; empero, todo indica que ha ganado las elecciones, a tirones y empujones –pues no ha sido un paseo– y que ahora carece de un apoyo contundente al perder votos y escaños. La idea de no ser investido y de realizar elecciones en primavera, suena aturdidor.

Si Rajoy sabe leer lo sucedido, será precavido en el proceso conformador de un gobierno y debiera ser muy cauteloso en su ejercicio, una vez investido, si así terminara sucediendo. Porque desde ya, ahora sí lo pueden mayoritear los opositores en más de una ocasión, llevándolo de derrota en derrota poniéndolo ahora sí, contra las cuerdas. Y está claro que lo que menos necesita el PP es perder en el parlamento lo que ganó en las calles. Eso dependerá de la maestría y el colmillo de Rajoy. Usted como elector español, ya me dirá. Los tiempos de su mayoría absoluta han pasado; aquellos del “voy de frente y no me quito” como consigna arrolladora de sus colaboradores, ya se han agotado y este segundo mandato promete ya no ser igual que el anterior. La oposición se ha manifestado y ha arañado el triunfo. Reitero que considero que el mensaje de los electores ha sido el de apelar al diálogo y no a la imposición, pero también va de estabilidad y no de aventuras. Pero la necedad de Sánchez de aspirar puede costarle muy cara y acabaría por entregarle el gobierno a Rajoy, de manos de los todavía minoritarios. El PSOE pierde más si insiste en gobernar sin el respaldo de la urna y de Podemos, como ya ha sentenciado Iglesias.

Y acoto esto último: que Pablo Iglesias y sus formaciones afines avancen, no quita el dedo del renglón: ¿los problemas de España radican en cambiarle el nombre a calles que homenajean franquistas o en prohibir las procesiones religiosas o en no caravanearle al rey? Bueno, entonces cuidado, porque en el exterior nos preguntamos ¿y si quitaran a Iglesias quién se quedaría al frente del proyecto que enarbola, cualquiera que sea este, aunque persista en decir que se comerá al mundo a puños cuando llegue a gobernar? La respuesta revela que los partidos de caudillos no trascienden y aún falta ver qué tal se desempeñan desde los puestos alcanzados. Que una cosa es en teoría y otra bien distinta, con guitarra.

Lo he expresado antes: aunque en el exterior nos parece algo embarullado el proceso electoral español, imbricando resultados a negociaciones, pactos y alianzas postelectorales de toda laya, que conducen a veces a no concretar gobiernos como recién en Cataluña, ciertamente que hay aspectos palmarios. Así, comprendemos que una alta participación en esta convocatoria electoral, bien refiere que los ciudadanos se han tomado en serio lo ocurrido y que, aunque parezca obvio, unas elecciones siempre ayudan a identificar el peso real de las fuerzas políticas contendientes, dejando de lado dimes y diretes propios del juego político, pero que ya las urnas se encargarán de posicionar en su justa dimensión.

Ahora bien, este proceso electoral reposiciona, pero no determina. ¿Faltó peligro? quizás. Yo no veo una nueva era. No todavía. Los avances de expresiones como Podemos no significan que sean irreversibles. Además de faltar que se vea sus desempeños, como he apuntado líneas arriba, la democracia es un ir y venir en las urnas, de cualquier manera, de ahí que cada oportunidad es única e irrepetible y puede abonar a perder futuras posibilidades. Y no hay tregua hasta la siguiente.

Si los medios de comunicación mexicanos se han interesado por el proceso electoral español, es debido a que España ha enviado el mensaje de ser el más reñido de la era democrática. No obstante, repasado el rosario de candidatos aspirando a conformar gobierno, permitiría expresar dos cosas: que “la caballada estaba flaca”, expresión mexicana que refiere un bajo perfil de postulantes ante los desafíos apremiantes que la realidad retaba a atender; y, además, que todo pintaba a que los votantes refrendarían el triunfo a Rajoy apostando, como lo reconoció el propio rival socialista Pedro Sánchez, por una estabilidad que tanto ha costado alcanzar. España envía el mensaje de que no está para aventuras.

Desde luego que no hablamos de una estabilidad sinónimo de jauja, sino de una que requiere afianzar las bases firmes hacia el futuro. Ello implicaría que el siguiente gobierno español sea más dialogante y ahora ya sin la mayoría absoluta, tendrá que aceptar los postulados opositores con menos soberbia y más altura de miras, porque no está recibiendo un cheque en blanco. Ya no más. Y si quedan los socialistas, con mayor razón en aras de ser congruentes.

Un Congreso de los diputados tan fraccionado como el que anticipa el arco parlamentario resultante y adelantado en El Imparcial, demuestra una sociedad muy activa y participativa, que env que ya la es, dejando ya sdo y idtas y no que bvengan ainvenatr el mudn0. Porque el mundo no esta para esprara nia España ni aía una advertencia clara: España es plural y por lo tanto, quienquiera que gobierne no deberá de olvidarlo. Ni es solo derecha/izquierda ni blanco y negro, como tampoco solo monárquica o republicana y deberá trabajar con los nacionalistas. Así de compleja, así de real y así de actuante. Eso sí, en ultramar hago votos para que cualquiera que gobierne apueste decidido por la unidad territorial y deseche lo mismo aventuras cargadas de complejos y de odios, que a lances y andanzas que son verdaderos cantos de sirenas. España necesita políticos realistas con visiones realistas y no que vengan, embaucadores, prevaricadores, a inventar el mundo, cutres y lóbregos. Porque el mundo no está para esperar a España ni a nadie. Esta vez no fue elegir bombero, como encabezaba un diario bonaerense hace 4 años. España merece ir hacia delante con la oportunidad de hacerlo. Su madurez es patente. ¿La de sus políticos, también? rabietas y mezquindades vistas tras el 20-D siembran dudas.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.