www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CON MARIO CASAS Y BERTA VÁZQUEZ

viernes 25 de diciembre de 2015, 10:53h
Se estrena la esperada Palmeras en la nieve, de Fernando González Molina y protagonizada por Mario Casas, Adriana Ugarte y Beta Vázquez.
Palmeras en la nieve, ni frío ni calor

PALMERAS EN LA NIEVE

Director: Fernando González Molina
País: España
Guión: Sergio G. Sánchez (Novela: Luz Gabás)
Fotografía: Xavi Giménez
Reparto: Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Alain Hernández, Berta Vázquez, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laia Costa, Fernando Cayo
Sinopsis: Isla de Fernando Poo, año 1953. Dos hermanos, Kilian (Mario Casas) y Jacobo (Alain Hernández), se trasladan desde España a la colonia para encontrarse con su padre, un veterano de la finca Sampaka, lugar donde se cultiva y tuesta uno de los mejores cacaos del mundo y lugar en donde uno de los hermanos se enamorará de una nativa (Berta Vázquez), cruzando una línea prohibida que cambiará para siempre sus vidas. Décadas después, la hija de Jacobo indagará en el pasado de la familia, descubriendo secretos guardados durante años.

Lo mejor: La fotografía y la ambientación | Una excelente banda sonora | Macarena García | Abrir el camino hacia la superproducción
Lo peor: Concesiones excesivas de guión | Superficialidad en el contexto histórico


Es la apuesta más fuerte del cine español para este 2015 y, al final, el propio título encierra, de manera muy gráfica, el resultado: ni frío ni calor, ni nieve, ni palmeras. Palmeras en la nieve, la adaptación del bestseller homónimo de Luz Gabás, se estrena con la vocación de ser una supreproducción que atraiga a las salas a un público masivo y heterogéneo, pero se queda a medias. Y es una pena, porque, contando con todos los ingredientes necesarios, no termina siendo el peliculón que estaba llamada a ser. Con una historia que ya ha enamorado a millones de lectores, una promoción en la línea de las ‘majors’ americanas y un reparto encabezado por intérpretes de moda, la estrategia para llenar las salas es intachable, salvando con nota una de las carencias habituales del cine español. Pero quien mucho abarca, poco aprieta. Y, lejos de ser una mala película, las expectativas con la factura final de Palmeras en la nieve eran tan altas que es inevitable la sensación de decepción.

La cinta dirigida por Fernando González Molina (Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti) propone una trama entre dos países, dos tiempos y dos generaciones: un pueblo de Huesca y Guinea Ecuatorial, el comienzo de los años cincuenta y la actualidad. Cuando muere su padre, Clarence descubre una carta enviada desde África hace años a su tío, ahora enfermo de Alzheimer, y decide emprender un viaje hasta la isla de Fernando Poo, en Guinea Ecuatorial, para indagar en la historia de su familia. A través de un antiguo diario y de los descubrimientos de la joven, interpretada por Adriana Ugarte, se narra el verdadero corazón de la película: los años en los que su padre, Jacobo (Alain Hernández), y su tío, Killian (Mario Casas), trabajaron en una plantación de cacao en la antigua colonia española, donde los hermanos conocieron y disfrutaron de las diferencias entre la encorsetada España de la posguerra y el exotismo africano y donde Killian terminará luchando por el amor prohibido de una nativa, Bisila (la debutante Berta Vázquez).

Palmeras en la nieve bebe de películas como Memorias de África o El paciente inglés y aspira a ser un melodrama clásico, a contar un romance imposible, más grande y trascendental que las propias circunstancias históricas, a menudo dramáticas y complicadas, que le sirven de contexto. Hasta aquí, ya sólo la ambición de la producción es honrosa, por dar cabida a un género y a un estilo nada habituales en la cinematografía de nuestro país y por explotar una parte de la historia de España, la época colonial, que, gozando de un potencial cinematográfico indiscutible, está prácticamente inexplorada. Pero la cinta tiene algunos problemas importantes, probablemente derivados del intento de trasladar un libro que se recrea en el ambiente y las subtramas durante más de 700 páginas a una película de una duración comercialmente aceptable.

Y ahí está el primer problema (y gordo): que una cinta que dura dos horas y cuarenta minutos dé la sensación de poca profundidad y, al mismo tiempo, se haga pesada en algunos puntos. Parece que todo está a medio contar, que se han tenido que dejar cosas en la sala de montaje, y eso repercute, primero, en las motivaciones de los personajes y, segundo, en algunas tramas secundarias que hubieran ayudado a dar volumen a la película pero que se quedan desdibujadas. La historia desarrollada en la actualidad es la más aquejada del primer caso: Adriana Ugarte coge una mochila y se marcha a miles de kilómetros de pueblo de Huesca sin que llegamos a entender bien qué es lo que la mueve. El resto de la historia en la Guinea Ecuatorial actual tampoco termina de convencer, todo sucede demasiado deprisa, a veces sin sentido, creando situaciones de tensión sin una justificación real y demasiadas cesiones al giro de guión.

Por otro lado, los secundarios más contundentes, tanto en trama como en interpretación, y que más pueden aportar a la contextualización y comprensión de la trama, apenas tienen espacio, como en el caso del padre de Jacobo y Killian (un genial Emilio Gutiérrez Caba) y en el de Julia, una muchacha española que vive y trabaja en la colonia, enamorada de Jacobo sin correspondencia y que parece ser la única que entiende realmente de qué va toda la historia (brillante y luminosa Macarena García).

Tampoco está del todo pulido el factor histórico e, incluso, ideológico de la cinta, que más que nutrir todo el metraje a modo de sólida base, salta al primer plano de cuando en cuando de forma brusca.

Y llegamos al meollo de la cuestión, a la historia de amor para la que se ha construido todo lo demás: la interpretada por Mario Casas y Berta Vázquez, Killian y Bisila, el amor prohibido, un enamoramiento que tarda demasiado en mover a la emoción, aunque después logra mantenerla. Con Killian, Mario Casas confirma que se le da mucho mejor la comedia. No es que haga un mal trabajo, pero tampoco sigue la línea ascendente que había marcado con las gratas sorpresas de Las Brujas de Zugarramurdi y Mi gran noche. Ella debuta con buen pie y protagoniza algunas de las escenas con más fuerza de la cinta. La pareja sabrá, eso sí, hacer las delicias de un público muy determinado, joven y fan.

En lo que la cinta no tiene pega alguna es en los apartados técnicos. La dirección de fotografía de Xavi Giménez es exquisita y sabe aprovechar la belleza y resaltar los contrastes entre el blanco aséptico de la montaña oscense y el color vivo del África subsahariana. El diseño de producción y vestuario han hecho uno de los mejores trabajos de los últimos años, trasladando al espectador a los cincuenta sin complicaciones. Y la espectacular música de Lucas Vidal es el salvavidas de la necesaria emoción de la película.

La referencia más cercana en España a Palmeras en la nieve sería la exitosísima serie El tiempo entre costuras, también adaptación de un súper ventas (en este caso, de María Dueñas), también de época, también contextualizada en la historia de nuestro país y asentada en la fricción intercultural, también, incluso, protagonizada por Adriana Ugarte, aunque aquí la actriz tiene mucha menos oportunidad de demostrar sus capacidades. Y quizás la miniserie hubiera sido, de hecho, un formato más adecuado para Palmeras en la nieve, con más espacio y menos precipitación. Porque, a pesar de las críticas, lo que más duele de la película no es tanto lo que es como lo que podría haber sido, como una oportunidad fallida de hacer algo grandioso en un sentido más amplio que el de la taquilla.

Palmeras en la nieve pasará con éxito por las salas –y es justo que así sea, por el esfuerzo y la ambición- y gustará a muchos, a pesar de que su intención era enamorar a casi todos. Esa es la diferencia con los trabajos anteriores del director, dirigidos a un público muy concreto. Aquí la pretensión era mayor y cumplía, a priori, los requisitos. Lástima que no los haya gestionado de la mejor forma. Aún así, el camino está abierto a la superproducción española, y eso es una buena noticia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (11)    No(3)

Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Crítica de cine. ‘Palmeras en la nieve’, ni frío ni calor

    Últimos comentarios de los lectores (4)

    3636 | juas - 12/08/2016 @ 01:25:21 (GMT+1)
    En cierto modo la película me recuerda mucho la filosofía de los políticos de españa, van a África a exprimir a los negros, pero siempre hay alguno que es buena persona, como nosotros los contribuyentes, el libro está escrito por una política, relatando la historia de su familia, y se ve que lo llevan en los genes, explotar al pueblo pobre, porque si el enamorado realmente quisiera a la negra, hubiera vuelto en algún momento de su vida, y no la hubiera dejado a su suerte enviando dinero, en fin un claro espejo de lo que esta pasando en la política española, que los políticos y alcaldes se despreocupan del pueblo trabajador
    1390 | crismora - 29/12/2015 @ 17:28:14 (GMT+1)
    La pelicula NO REFLEJA lo que fue realmente la vida colonial. Y menos lo que fue la FINCA SAMPAKA. Hay un libro "Guinea en Patués", que saca testimonios de gente que trabajó en aquella finca, Uno de ellos del propio Padre de la autora LUZ GABAS. No se entiende que ésta mujer permita que en la pelicula se refleje tanto abuso y se proyecte una imagen de los trabajadores españoles y de su valle tan nefasta¡¡. La memoria de muchas personas que vivieron y dieron la vida en aquellas tierras no lo merece. Informarse de la verdadera HISTORIA y no haber utilizado nombres reales para una Ficción tan alejada de la realidad.
    1388 | Rosa - 29/12/2015 @ 11:58:41 (GMT+1)
    La vi ayer y me gusto. Se me hizo corta a pesar de las 2h y 45m. Creo que ya es tiempo de que se vea otro tipo de cine español pues yo estoy cansada de que la mayoría las películas españolas sean comedias (estas si son dirigidas a un público adolescente). Espero que algún director mas se atreva con este cine.
    1387 | francisco lópez garcía - 29/12/2015 @ 00:47:07 (GMT+1)
    Pues chico, yo la vi ayer y me gustó... y mucho. Es cierto que hay cierta confusión en cuanto a la presentación de los personajes -podían haberse esmerado algo más- pero en la parte positiva declaro lo siguiente: la banda sonora es francamente muy buena; la fotografía y ambientación son excelentes; sabe mezclar las dos líneas temporales; la historia es creíble y  engancha; no le sobra metraje (cierto es que me gustan las pelis largas y ritmo pausado).....en cuanto a que dicen que es cine para adolescentes, bueno, tengo más de 60 años y no veo que haya que desprestigiar a esta película con dicho apelativo.... en fin, yo la recomendaré a amigos con total seguridad. Es más, no me importaría volver a verla

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.