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DESDE ULTRAMAR

Navidades turroneras

sábado 26 de diciembre de 2015, 19:54h

A mí me gusta la Navidad. Suelo equilibrarla. Ni es tan religiosa ni tan desprovista del tema. No es una teofonía, pero tampoco peca de aséptica desprendida de cualquier valor religioso, porque de ser así, sencillamente no tendría ningún sentido para mí. Tuve la grandísima fortuna de vivirla con mis abuelas. Obsequios, letanías, piñatas, posadas, ensalada de Nochebuena que me preparaba una de ellas, pastorelas, coros de iglesia, coronas de adviento y su presencia que hoy son vivo y alegre recuerdo, que suman tal que me traicionaría a mí mismo si renegara de una época que siempre he disfrutado. Hoy la vivo poniéndole colorido, porque para eso es.

Es un tiempo de descanso, de paramentar un gallardo árbol navideño salpicado de prominentes piñas naturales acicaladas, engalanándolo con los infaltables chirimbolos y romboides labrados o centelleantes, con cintas y listones, con sus luces chispeantes y cascabeles lucidores, mi elfo neerlandés o la Sagrada Familia en pasta; las esferas centelleantes de originales composturas, sean acristaladas o aterciopeladas, enmoñadas unas o emperifolladas otras con fajitas de terciopelo verduzco o carmesí de exquisita trama y primorosa factura, de ramilletes de avellanas, sumando vistosas máscaras de carnaval en miniatura, con plumajes o listel de telas finas alusivas, molduras doradas y flores de lis, junto con sendos simpáticos leprechaun, un Cascanueces y varias versiones fulgurantes de San Nicolás. Este año sumé un Olentzero, que ha revestido ricamente la pieza. Como ve, me entretiene sobremanera mi cita anual aderezando algo tan tradicional.

En 2015 se cumplieron 50 años de una grabación magnífica: un Jingle Bell Rock interpretado por el grupo Hollyridge Strings, en una versión de 1965 ya descontinuada, pero mucho mejor que cualquiera que haya oído de tan representativa pieza. A mí me evoca de golpe, mi infancia. La puede usted encontrar en Youtube. Es sensacional. Tan sesentera ella. La reconocerá al oírla.

Cierto es que aguardo con especial avidez la llegada del 6 de enero por la rosca de Reyes con su acitrón y su azúcar glas (hechura mexicana del roscón español) que con los años, se ha convertido en mi más grata tradición de la temporada. Cuando veo en alguna exposición pictórica un cuadro evocando la legendaria Adoración de los Magos, me extasía. Me gusta el episodio, me provoca de forma particular. La solera entretejida en torno a él, siempre es interesantísima y bonita.

Puede haber mejores o peores Navidades. Pero la Pascua de Navidad debe ser sublime, siempre. En la vida hay que ser agradecidos, seamos o no creyentes. Eso reviste de significativo lucimiento a la Navidad. Contemos nuestros más y no nuestros menos. Eso nos reconfortará, aun si los tiempos fuesen escabrosos. Y por eso si nos encontramos en una buena Navidad, merece disfrutarse, por aquellas otras que fueron, cuando se presentaron tristes o desangeladas.

La Natividad como misterio o ventura mística puede o no abrazarse. Empero, es un momento propicio de reposo y de sosiego. Instante para recalar y acomodar ideas, sentimientos y recuerdos. Esas son las Pascuas de Navidad. Congregan, se saborean, relucen, nos mueven a la remembranza, nos permiten aquilatar cuánto tenemos a nuestro alrededor,justipreciándolo, valorando las presencias, concientizándonos del valor del momento irrepetible y sí, porque remembramos, sentimos las ausencias, pero sabemos que estarán bien allí dónde ahora yazcan.

Sus mercedes sabrán que en donde vivo no suele haber nieve, y menos en cantidades tales que blanqueen las calles; puede haber a muchos kilómetros de distancia y no la echo de menos, pues me gusta verla en postales, porque yo rehuyo del frío y palio su ausencia con flores de nochebuena (que conocen en España como de Pascua y en Argentina, como Estrella federal) y cuyos rojizos pétalos encienden el corazón y alegran la pupila. Esta flor de origen mexicano es universal en esta estación y quien la observa no puede permanecer indiferente a su belleza y atractivo. Y conste que la flor solo consiste en los puntos amarillos, que los pétalos rojizos no son parte de ella. Mas las nochebuenas engalanan.

Las Navidades me estimulan. El sabor de las almendras caramelizadas, de los garapiñados, de los piñones recubiertos de confite o del delicioso turrón, sea duro o blando, son inherentes, acompañadas con sidras rosada o blanca, gasificadas, porque encontrar de las otras no es tarea sencilla por estos pagos; pero se la cambio por una sidra de durazno proveniente de Huejotzingo, zona rica en estas delicadeces del paladar. Porque aquí la sidra suele ser navideña y nada más. ¿Sabe? cuando tengo el turrón frente a mí, invariablemente importado de España, siempre imagino al turronero parapetado observando el envoltorio que se marcha a ultramar o lo visualizo afanado en la turronera apartando la dotación que mandará a las Américas, donde la recibimos gustosos y desde ahí, doy acuse de recibo. Enhorabuena que la formidable tableta una a la mesa a dos continentes. Que si apetece más unos mazapanes o unos alfajores ¡avante! Eso sí, que las delicias no mengüen.

La blanca jícama, la tonificante guayaba, la aromática mandarina, el vivaz tejocote y la deliciosa lima como frutos muy mexicanos propios del periodo navideño, van iluminando los fruteros. Exaltan el regusto por este lapso del año, cuando vamos prestos a las cabañuelas y los arcanos, y que en el hemisferio norte se acompaña de ventisca, hojarasca y atardeceres de ensueño, pues resplandecientes ráfagas de luz solar se refractan con las nubes y provocan ocasos destelleantes de órdago, pincelando horizontes flamígeros evanescentes, si es que el cielo no estuviera encapotado, impidiéndolo, tan invernales que son.

Palabras me faltan para describir esta fase tan esperada y gustada. Solo me resta decirle amable lector en ambas orillas del Atlántico…y del Pacífico: ¡Felices Pascuas! Y si usted es creyente: celebremos el misterio de la Natividad del Señor. No me negará que dicho así, es español, suena extraordinario. A todos, envío un abrazo desde México y de forma especial al equipo de El Imparcial.

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