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DANNY BOYLE JUEGA. MICHAEL FASSBENDER BRILLA

Steve Jobs, el genio de Apple en tres actos

viernes 01 de enero de 2016, 13:06h

Llega a las salas el esperado nuevo biopic de Steve Jobs, un nada convencional acercamiento a la figura del fundador de Apple con la inconfundible dirección de Danny Boyle, un guión libre de Aaron Sorkin y la inmensa interpretación de Michael Fassbender.

STEVE JOBS

Director: Danny Boyle
País: EEUU
Guión: Aaron Sorkin
Fotografía: Alwin H. Küchler
Música: Daniel Pemberton
Reparto: Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, Katherine Waterston
Sinopsis: Biopic del mítico empresario y programador informático Steve Jobs (1955-2011), centrada en la época en la que lanzó los tres productos icónicos de Apple.

Lo mejor: Ni rastro de indulgencia ni engrandecimiento épico hacie el retratado | Una estructura original | Michael Fassbender y Kate Winslet
Lo peor: Un ritmo agotador

La nueva película sobre Steve Jobs, que llega este viernes a las salas españolas tras una producción larga y tortuosa y un estreno tibio en la taquilla de Estados Unidos, viene a demostrar que a veces los contratiempos se convierten en fortalezas. El origen de Steve Jobs está, en realidad, en el éxito de La red social, la cinta que contaba el nacimiento de Facebook y destripaba a su creador, Mark Zuckerberg. Sony quiso repetir fórmula y consiguió para el guión al mismo Aaron Sorkin que se llevó un Óscar por su libreto sobre la cuna de los ‘me gusta’. Pero el director, David Fincher, no quiso subirse al carro y la productora guardó el proyecto en un cajón. De allí lo sacó Universal y lo puso en manos del célebre Danny Boyle (Trainspotting, La playa, Slumdog Millionaire); y resulta que el tándem Sorkin-Boyle tiene mucho más jugo cinematográfico que el originario Sorkin-Fincher. También más riesgo, probablemente derivado de la aparentemente incongruente mezcla entre la cámara inquieta de Boyle y el predominio absoluto del diálogo de Sorkin. Sin embargo, el resultado es una ensalada de la caótica realización que alzó a Birdman, con el peso de la conversación propio del teatro, al estilo de Un dios salvaje. Puede que la cinta no sea un producto para todos los públicos, pero a cambio gana en fuerza, personalidad y genio.

El guión de Sorkin estructura la cinta en tres actos y pone más empeño en entregar al espectador piezas clave para que construya su versión de la personalidad de Steve Jobs que en contar la biografía del cofundador de Apple de forma cronológica. No se enseña la niñez de Jobs, aunque sí hay algunas referencias importantes a cómo su adopción determinó para siempre la forma de interactuar como los demás. Tampoco hay ni rastro de su fatídico final, de hecho, la película en bloque huye de la emotividad. En una actualización de la estructura clásica narrativa, Sorkin esboza a Jobs en tres actos, todos ellos centrados en los instantes previos a la presentación de tres icónicos productos del gigante tecnológico: el Machintosh en 1984, el NeXT Cube en 1988 y el primer iMac en 1998. Steve Jobs se desarrolla detrás de tres escenarios, entre bambalinas, quizás la mejor metáfora para entender al hombre soberbio, con poca empatía y mucho recelo en sus interacciones sociales que se hacía genio ante audiencias multitudinarias.

El equilibrio entre ambas facetas de Steve Jobs y la equidistancia del guionista constituyen el gran acierto de la película, que consigue la difícil tarea de trasladar a su biopic la cosecha social del Jobs de carne y hueso: amores y odios a partes iguales. Sorkin se libera del yugo de la realidad más estricta para tomar conversaciones que algún día alguien mantuvo con Jobs, y las coloca en estos tres espacio-tiempos, atribuyéndolas a cinco personajes que marcaron la vida del empresario: Steve Wozniak (Seth Rogen), cofundador de Apple junto a Steve Jobs; Joanna Hoffman (Kate Winslet), la responsable de márquetin y única empleada de la empresa capaz de enfrentarse al protagonista; John Sculley (Jeff Daniels), CEO de Apple y el protagonista del enfrentamiento que sacó Jobs de la empresa que él mismo había creado a mediados de los ochenta; Andy Hertzfeld (Michael Stuhlbarg), miembro del equipo de desarrollo original de Apple Macintosh en los ochenta; y Lisa Brennan-Jobs, la hija que Steve Jobs nunca reconoció y en cuya relación paterno-filial se centra buena parte de la cinta.

Los diálogos dinámicos y ágiles se ven reforzados desde el principio por la realización de Boyle, inquieta, rápida. El Machintosh que Jobs va a presentar en 1984 no es capaz, como estaba previsto, de decir ‘hola’ a una audiencia expectante. Y faltan cuarenta minutos para la presentación. El arranque de Steve Jobs es frenético: gente que se cruza por pasillos estrechos, fragmentos de conversaciones interrumpidos por una llamada, visitas inesperadas, carreras, gritos y sudor, regado todo con la enésima ocurrencia de Jobs, que se convierte de pronto en condición ‘sine qua non’ para que la presentación valga la pena. El ritmo atrapa, pero para cuando el espectador cae en que ese ímpetu casi violento es la dinámica de toda la cinta ya se ha dejado buena parte de las fuerzas y al final resulta agotador. La sensación de contener el aire y no poder perderse ni una sílaba de los diálogos es excesiva, aunque, seguramente, parte del juego de Boyle.

Sin desmerecer el arrojo de Sorkin y Boyle, el tesoro de Steve Jobs es, sin duda, Michael Fassbender. Otro de los giros del destino con esta producción. Después de intentarlo con Brad Pitt, Mat Damon o Christian Bale, y de las inevitables comparaciones físicas con el Steve Jobs de Jobs (Joshua Michael Stern, 2013), un Asthon Kutcher con una caracterización asombrosamente parecida al fundador de Apple, resulta que Fassbender ha compuesto el Steve Jobs que pasará a la historia. El actor (Shame, 12 años de esclavitud, X-Men) clava la gestualidad, la opacidad, la arrogancia con briznas de inseguridad apenas perceptible. Al mismo nivel interpretativo, pero en un plano más discreto, no es ninguna sorpresa que Kate Winslet dote de entereza y dimensión a sus personajes.

Para terminar, Steve Jobs, da pie a un análisis de lo más interesante sobre el márquetin y la capacidad de movilización cuando se apela a la emoción y a los sentimientos, aunque los intereses económicos manejen, en última instancia, los hilos.

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