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NOVELA

Chuck Palahniuk: Maldita

domingo 03 de enero de 2016, 18:48h
Chuck Palahniuk: Maldita

Traducción de Javier Calvo. Literatura Random House. Barcelona, 2015. 336 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 11,99 €

Por Paulo García Conde

Cuando el nombre de Chuck Palahniuk suena, la reacción más extendida y recurrente es recordar varias de las grandes escenas que componen la película de David Fincher, El club de la lucha. Una acción injusta con el escritor norteamericano, que tiene bibliografía suficiente como para que reduzcamos su trabajo a la adaptación cinematográfica de su primera y rompedora obra. Siempre dispuesto a no dejar indiferente a ningún lector, sus trabajos llevan una marca de sátira y crítica muy personales, encauzadas a través de personajes estrambóticos que echan a rodar en situaciones donde la censura no existe. Palahniuk no acostumbra tampoco a renunciar al humor, aunque el suyo se trate de uno de matiz oscuro, difícil de digerir en ciertas ocasiones. Con Maldita, continuación de Condenada, las particularidades de su narrativa vuelven a salir a escena.

Madison Spencer (permitan acortar el nombre de la protagonista, que es en realidad algo más largo) es un fantasma, una niña regordeta muerta a los trece años. Dueña de un indiscreto sentido del sarcasmo, ha abandonado el Infierno en la noche de Halloween, fecha en la que los muertos pueden vagar por el mundo de los vivos. Pero Satanás, con quien no se lleva demasiado bien, provoca que se quede atrapada en ese terreno que ya no le pertenece. Esta es la tesitura elegida por el autor para hacer una crítica desgarradora de la sociedad estadounidense, un retrato capaz de sacar los colores a cualquiera que pueda sentirse, muy a su pesar, identificado con el más mínimo retazo.

Aprovecha también para dar rienda suelta a un argumento de sencillo carácter, y es que Madison es en realidad la elegida para mediar en la lucha que se librará entre el Diablo y el Señor de los Cielos. Nada en su muerte ha sido al azar; ella es protagonista porque no le quedaba otra opción. Todo esto conducirá a diferentes planteamientos que, a través de la voz de tan singular personaje, el autor quiere mostrar a aquellos lectores habituados a su prosa, buscando sorprender también a quienes hayan acabado de incorporarse recientemente.

Palahniuk, además, no renuncia a pasárselo bien mientras escribe. Aunque quizás esta novela no llegue a destacar por la fuerza y originalidad de su historia; no debemos conformarnos con que alguien ponga voz a una niña muerta que nos cuenta sus peripecias a través de su blog del Más Allá, y se dirija en todo momento al lector como Amable tuitera. Chuck, más allá del tan respetado club de la lucha que tuvo a bien crear, ha demostrado en otras ocasiones ser capaz de contar historias de las que asfixian y hacen sudar. En este nuevo ejercicio de escritura pesa (en algunos momentos, en exceso) la ausencia de un esfuerzo mayor por atraernos hacia unos hechos que de tan dantescos pueden perder su atractivo. El sinsentido se tambalea de un lado a otro a lo largo de las páginas, pero no siempre resulta tenue o acertado tal movimiento. Aunque la intención no fuese ninguna de las anteriores.

No obstante, para el número mayúsculo de seguidores que el escritor tiene en diferentes países, esta será una obra de muy agradable digestión. Porque el Palahniuk de siempre está presente en todas sus páginas. Humor ácido, irreverente, crítica sin mordaza, y personajes variopintos envueltos en acciones descabelladas y dispuestas a hacer enrojecer a aquellos menos familiarizados con la lectura de su obra. Probablemente no se trata del libro que uno recomendaría a un compañero para iniciarse en el particular universo de este escritor, pero sí sería una lectura sobre la que departir si uno comulga con su religión.

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