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JORNADA 18: VALENCIA 2 REAL MADRID 2

La reacción de compromiso y orgullo no le basta al Madrid para ganar en Mestalla | 2-2

EL IMPARCIAL
domingo 03 de enero de 2016, 22:18h
La reacción de compromiso y orgullo no le basta al Madrid para ganar en Mestalla | 2-2
Los pupilos de Rafa Benítez lucieron un dominio rutilante en la primera media hora. Sin embargo, el desenlace del primer acto supuso la cesión de mando por apagón de concentración y el penalti de Pepe cambió el partido. La segunda parte se desarrolló sin patrón, con una roja clara a Kovacic que condicionó el duelo. Los goles de Benzema, Bale, Parejo y Alcácer completaron un partido tan caótico como espectacular que coloca al técnico merengue sin salvavidas.

Pretender el establecimiento de la definición de cómo respiraba el Real Madrid en su desembarco a Mestalla es una tratativa tan complicada como imaginar un rivalidad más ácida para los levantinos que la visita del coloso capitalino. La pegajosa mezcla de opinión pública y publicaba, que busca cobrarse la víctima del banquillo revistiendo de ultimátum este cambio de año -en una suerte de persecución ideológica por el presunto pelaje defensivo y como fase previa al asalto al palco-, la apnea profesional de dos de las piezas más talentosas -Isco y James-, el regusto por la autogestión como vicio heredado de Ancelotti y el resbaladiza manejo de Benítez configuraban una marejada de complicado pronóstico. Y, todo ello, ante un Valencia quemado por el decrépito epílogo de la unión entre Nuno y la cúpula inversora asiática. El duelo de urgencias y agonía de huída hacia adelante ofrecía tres puntos de alto valor en esta espléndida jornada inaugural de 2016.

Gary Neville, su hermano Phil y Miguel Ángel Angulo decidieron amortiguar la faceta ofensiva visitante por la vía de la acumulación de obreros y la reducción de metros a la espalda. Quizá en un giro estrictamente circunstancial -las bajas de los talentosos Jose Luis Gayá, Sofiane Feghouli, Zakaria Bakkali y Enzo Pérez condicionaban la apuesta-, la disposición en la hierba de una medular compuesta por Cancelo, Danilo, Gomes, Parejo y De Paul sumaban músculo al cierre y alimento a la transición, con el ex canterano merengue en la atribución exclusiva de la creación y los peones luso y argentino como desequilibrantes en vuelo para la nutrición de Alcácer, el punta único. El infortunio de Mustafi quedaba taponado por Abdennour y Santos, con Orbán y Barragán en el rol de vigilantes con reconversión al papel de carrileros. La altura de estos últimos jugadores marcaría la ambición colectiva de una alineación con preeminencia del orden, la cohesión entre líneas y la explotación al contragolpe.

Rafa Benítez, colocado de nuevo en la lupa hiperbólica, decidió sentar a los mencionados cerebros desconectados de la dinámica para entregar a Kroos, Modric y Kovacic la labor de engrase y cobertura. Danilo y Marcelo se verían, sobre el papel, más abrigados en fase defensiva, y el equilibrio tornaría a un centro del campo que contaba con el tridente como punta de lanza. Benzema habría de ocupar el peso del juego entre líneas para facilitar la lastrada producción de llegadas merengue. Ramos y Pepe regresaban al once en la alternativa del medio croata. Casemiro, más herramienta de repliegue que de finura en la elaboración, cedía su plaza en pos de una idea de juego monopolística del cuero. Otra vez, como en los últimos desfallecimientos, la unidad interlineal resultaría definitiva ante un oponente repleto de intensidad. Había empatado tres de los últimos envites ligueros el Barça, susurrando la aparición de un bache de entidad y la motivación por reducir al mínimo la brecha fuera de casa quedaba fuera de duda, pero los fantasmas relativos a los apagones parciales de compromiso táctico y la consistencia se aferraban a la estela madrileña.


Alzó el telón en partido transcurriendo por presiones altas que abrían panoramas de amplios espacios tras la primera línea del sistema defensivo, con ambos mediocentros corriendo, obligados, hacia atrás. Salió con intención y jerarquía un Madrid que, definitivamente, completaba la coherencia con su hoja de ruta y quería imponer su estilo a través de la posesión. Un chut al cielo de Danilo, tras una contra veloz al galope de Bale con pase definitivo de Benzema, y el cabezazo desatinado de Parejo a la salida de un saque de esquina cerraban el pobre bagaje de llegadas en los tensos primeros 10 minutos de mutuo conocimiento. Quedaba desplegado, entonces, un paisaje que dilenaría el devenir del primer acto: llegadas sin remate en transición y al espacio del balance oponente.

Con el transcurso de los minutos el enfrentamiento precisó su trama protagonista tendente al desconcierto valenciano, que perdía el balón con premura en la elaboración debido a las imprecisiones forzadas por un Madrid que ajustó su oposición a la calma posicional de Parejo, el catalizador del avance vertical o en estático che. Danilo y Marcelo emergían, incorporados al centro del campo para combatir en la preeminencia central y en el manejo de la posesión, que tendía a pintarse de merengue. Ante tal tesitura, el Valencia optó por solidificar la subida de la línea defensiva y la reducción de espacios, asumiendo el riesgo a la espalda que representaban los desmarques en profundidad, al tiempo que el Madrid se agazapaba tras pérdida, dispuesto a salir, fulgurante, a la contra. Y no dejaría de aceptar el reto de limitación de oxígeno el equipo ideado por Benítez, que afinaba su precisión en horizontal para tensar el ahogo monopolístico. Precisamente, bajo este pentagrama golpeó primero. Benzema recibió entre líneas, explotando esa labor tan necesaria como abandonada por el 10 y el 23, Bale dibujó un taconazo sublime y Ronaldo efectuó una prolongación de seda al movimiento del galo, que ajustó al poste su templado disparo, en una definición de galería para una combinación otrora natural entre los tres delanteros madridistas.

Cosechó con justicia el Madrid en el minuto 17 y no cambió el rictus táctico el Valencia, que mantuvo alto su esquema sin conseguir cortocircuitar la asociación visitante ni volar tras robo. Los pupilos de Rafa -homenajeado por la tribuna de Mestalla-, por el contrario, afianzaron su dominio del tempo y las situaciones, acumulando minutos de cortejo sensato del cuero. La presión coordinada, con Bale y Ronaldo sumando voluntades y Kroos y Benzema turnándose en la marca a Parejo, recogía frutos con celeridad, ahogando el respiro de un bloque levantino constreñido a chispazos descontextualizados de coherencia con la pelota. Lucía el refresco de los fundamentos de este nuevo proyecto el coloso capitalino en otro tramo autoritario de rutilante control. Rozaba, también el sistema madridista, la salida de eje defensiva valenciana, con el 9 francés luciendo su clase irresistible en el descenso de metros, distribución y llegada combinativa a posiciones de remate.

Al borde del minuto 30 exhibía seguridad coral la apuesta de Benítez, sin la acostumbrada concesión de oquedades en la vigilancia y activación tras pérdida, y padecía el dibujo de Neville, desprovisto de continuidad en la toma de respiro en el árduo encierro paciente y a la espera de recobrar el papel protagónico. Tan sólo un error de Modric en la salida de pelota, que De Paul tradujo en un delicioso centro con testarazo cruzado de Cancelo que lamió el poste, sirvió como atisbo de horizonte al conjunto local. La comodidad en la circulación perpetua y el renacido afán por el bien común de todos los peones visitantes esbozaban la mejor versión de la filosofía de su cuestionado preparador. El lanzamiento a las nubes del mediocentro croata, en el rechace de un saque de esquina -minuto 36-, cerraba los minutos más vistosos del sentido colectivo capitalino.

Se había manejado con imponente convicción el tercer clasificado, que consiguió, con premura, sacar de la fórmula la pretendida imposición del ritmo local por el camino de la calidad trabajada. Pero, en la última recta antes de la reanudación se extendería entre las filas madridistas cierta relajación de las obligaciones que abonó el terreno para el despertar valencianista. El cambio de escena descolocó al dominador, que se sorprendió en términos gélidos de vatios ante el ascenso energético local. Olió sangre el necesitado club che y se abandonó a un respingo que multiplicó sus opciones, en una deflagración impensable bajo el escenario previo.


La primera combinación interior venenosa del Valencia, con De Paul en vertiente esteticista, abrió el fuego que se tornaría en incendio. Concluyó este primer capítulo de la ráfaga con un pase vertical en la frontal del argentino y el chut de Gomes desviado por Ramos -minuto 38-; proseguiría el respingo de intensidad con el desacierto de Abdennour en el aprovechamiento del deficiente marcaje rival a balón parado; la aceleración en la presión provocó la pérdida en la salida de Benzema que, a continuación, finalizó en el disparo de Alcácer trompicado por Ramos; y finalizó la mascletá y el primer tiempo con la confirmación de la mutación en el guión: un fallo en la cobertura madridista tras pérdida, propulsó la temeraria contra de André Gomes -protagonista valenciano que eludía el radar contrincante-. Pidió Pepe la soledad a Ramos en el tapón al luso, pero quedó desbordado el central en potencia y cometió un penalti infantil, paradigmático del descenso de concentración visitante. Parejo transformó desde los once metros con sencillez para penalizar al extremo el respiro en el esfuerzo colectivo auto-concedido por el Madrid, que lo pagó muy caro. Sin continuidad en el juego empató un Valencia relanzado en su fe gracias a 10 minutos de risorgimento y se marchó a vestuarios, frotándose los ojos, el mejor equipo hasta el momento, que añadió a su amargo paladar la certera reclamación de un penalti no pitado al nudo que Bale le hizo a Orbán. En la jugada previa al 1-1. Los guarismos evidenciaban un 58% de posesión visitante, un dato respaldado por sensaciones congeladas en los últimos metros de guillotina valenciana.

Sin cambio de nombres se decretó la reanudación. Si experimentó variación el envite de un partido diferente, replegado en sí mismo, con el tacticismo y la batalla en el centro del campo como dictadores del desarrollo del partido y la posesión repartida de manera más simétrica que nunca. Danilo abrió fuego en el 60 con un chut centrado tras el resbalón de Orbán y Gomes respondió desde media distancia con un cañonazo que Navas se quitó de encima, remarcando la altura competitiva del duelo. La posterior volea arriba de Ronaldo tras centro forzado y fino de Marcelo redondeaba la incertidumbre igualitaria de fuerzas con que la trama arribaría a uno de los puntos de inflexión, precedido de una decisión rebatible adoptada por Benítez. El técnico sacó del verde a Benzema, en su mejor partido del curso -excelso con el cuero y eficaz en fase de repliegue-, que mostraba cierta cojera, y otorgaba otra oportunidad a Lucas Vázquez –minuto 65-. La intención subrayaba la ganancia de trabajo y velocidad para los contragolpes pero cercenaba la fluidez asociativa concluyente en el granjeo de calma en este segundo acto de ausencia de patrón.

Del probable penalti sobre Ronaldo y con Abdennour como ejecutor, fallo de cálculo en la salida de Domenech mediante, se disparó la roja sin rebate a Kovacic, que mostró irresponsabilidad al ajusticiar con una plancha el tobillo de Cancelo. El sobresaliente desempeño del croata matizó su expediente por esta agria salida de tono que reconvertía en un 4-4-1 el dibujo de un Madrid que no quiso encerrarse ni ceder metros. El disparo de Modric desde media distancia que atajó Domenech marcó la lógica de la personalidad buscada por el cuadro madridista, que debía efectuar una ejecución de notable solidaridad, similar a la de la primera media hora, para ocupar los espacios con inteligencia y diligencia suficientes en pos de rebatir la posesión che y estirarse hacia la meta local en estático o en transición.




Neville inauguró sus movimientos sentando a Orbán y dando entrada a Rodrigo, recién recuperado, en una tratativa de horadar los espacios a la contra ofrecidos por un Madrid que había dado un paso al frente y conseguido ganar metros, matizando la circulación prolongada valenciana. En el entretanto previo a los fuegos artificiales y espectáculo que describirían el desenlace, Cancelo regaló una falta a Lucas Vázquez, que buscaba el escapismo inocuo de espaldas a portería y en banda. Kroos dibujó un lanzamiento imponente y Bale giró el cuello en una línea soberbia de cabezazo que encontró la escuadra del segundo poste desde el primero. Corría el minuto 81 y los capitalinos visualizaban la orilla en esta vuelta de tuerca sobrevenida por el enésimo apagón y la dubitativa equiparación de mando en una reanudación que exigía épica.

Pero Alcácer empataría en la siguiente jugada. El centro de De Paul que Rodrigo ganó a Marcelo y Ramos y el rematador encajó en la red retrató el depauperado cierre merengue en el intercambio de errores, autografiando el desempeño de los madridistas en la capital del Turia. La inconsistencia que arrastra el Real Madrid en este intervalo de temporada volvió a aflorar para tapar las raíces vigorosas del primer tercio de partido. Acto y seguido, con el 2-2 en el luminoso, el técnico británico ahondó en su mensaje inconexo. Al tiempo que sus jugadores afrontaban los últimos minutos contemporizando con la pelota, el técnico quitó a Parejo para meter en juego a Negredo. En la siguiente parada, deshacía la despoblación de obreros en la medular y suicidio colectivo al sentar a De Paul y colocar a Javi Fuego, comprobada la endeblez mostrada por los suyos aunque disfrutaran de superioridad.

El postrero paroxismo de llegadas tomó cuerpo con dos manos a manos infructuosos. El primero, con Negredo como sujeto pasivo, encumbró a Navas, que salvó la esperanza de los suyos al borde del descuento. El segundo, en botas de Bale, se marchó al limbo en la galopada con hectáreas de desafío por imprecisión definitoria del galés. Ronaldo -gris en juego- no acertó a dirigir a portería la última acción a balón parado, en soledad, y el colegiado -de suspenso claro- señaló el final con sensaciones antagónicas. Ambas escuadras recuperaron aspectos de estructuración colectiva, pero el Valencia, en reconstrucción, celebró su supervivencia en la situación en que se maneja y el Madrid, por el contrario, regresa a la capital con el disgusto de haber brillado con fugacidad y recuperado vicios, de nuevo. No consigue recortar las distancias con la cima en un partido fuera de casa por segunda oportunidad consecutiva. Se lamentaba Sergio Ramos, en una declaración descriptiva, que la plantilla se había propuesto “jugar con otra actitud” en este año nuevo -también aseguró, previa pausa dramática, que su técnico tiene crédito y el apoyo de sus jugadores-. Quizá llegue tarde este impostado compromiso revestido de inconsistencia para un Rafa Benítez que no movió el banquillo lo suficiente, en una jornada demasiado abrasiva para el rendimiento mostrado por los merengues.



Ficha técnica:
Valencia: Domenech, Barragan, Santos, Abdennour, Orban (Rodrigo Moreno, m.80); Parejo (Negredo, m.85), Danilo, Andre Gomes; Cancelo, De Paul (Fuego, m.88) y Alcácer.
Real Madrid: Navas, Danilo, Pepe, Ramos, Marcelo; Kroos, Kovacic, Modric; Bale, Cristiano y Benzema (Lucas Vázquez, m.67).
Goles: 0-1, m.16: Benzema. 1-1, m.45: Parejo, de penalti. 1-2, m.82: Bale. 2-2, m.83: Alcacer.
Árbitro: Sánchez Martínez. Amonestó por el Valencia a Barragán, y por el Real Madrid a Pepe. Expulsó al madridista Kovacic con roja directa, en el minuto 68.
Incidencias: 52.00 espectadores asistieron al partido correspondiente a la decimoctava jornada de Liga, disputado en el estadio de Mestalla.



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