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TURBULENTO INICIO DE AÑO MERENGUE

El Real Madrid despide a Rafael Benítez

lunes 04 de enero de 2016, 16:33h
El Real Madrid despide a Rafael Benítez
Florentino Pérez ha anunciado este lunes la destitución de Rafael Benítez como entrenador del primer equipo del Real Madrid. El dirigente ha terminado por cortar el camino de la "solución" elegida para curar los vicios del vestuario. Zinedine Zidane tomará los mandos del club en una arriesgada decisión que tiende a reconocer el triunfo de la plantilla en esta batalla que se ha cobrado la víctima del banquillo como daño colateral.

Imaginar un cambio de año de pelaje más turbulento en Chamartín resulta un desafío de entidad. La llovizna aderezada con ventisca y tono plomizo con que la capital española envolvió al Santiago Bernabéu este lunes actuaba como tenebroso presagio teatral de la decisión que terminaría por ajusticiar a Rafael Benítez, uno de los mejores entrenadores españoles que ha conocido el balompié nacional, configurando un borrón tan mayúsculo como anunciado en su ilustre currículum, si se atiende al transcurrir disperso del quórum entre banquillo y vestuario. El club apostó por él como antídoto y cura de los vicios heredados por buena parte de la plantilla -adoptados en el epílogo de la era Mourinho y durante la etapa de Carlo Ancelotti- y remarcó su estatus de “solución” a la autogestión en una rueda de prensa de noviembre con más aspecto de ejercicio de impostada confianza que de apagón del incendio desatado. La concatenación de autocomplacencia de los futbolistas, el filtrado de discordancias entre partes convertidas en facciones de indigesta convivencia y los discutibles resultados, en coherencia con el paisaje, ha precipitado, por desobediencia y relajación del compromiso profesional de piezas capitales y la gestión resbaladiza de los recursos subsiguiente, la destitución postrera.

Sufrió y terminó por denunciar el preparador una persecución mediática, de doble pretensión, que confluyó en la presente pérdida de legitimación entre las esferas de mando merengues. La efervescente opinión publicada se manejó con diligencia, bajo la rigurosa intención -azuzada por el mensaje deshilachado de disconformidad con la exigencia y dinámica efectuado por pesos pesados del vestuario- de cobrarse una víctima de culpabilidad ideológica, en primer término. El aspecto tacticista del técnico y su experiencia precedente en la construcción de proyectos en los que predomina el empaque a la frugalidad anotadora -con la excepción napolitana, que batió el récord de anotación en la Serie A del club dos veces consecutivas- constituyó el pecado nuclear cometido, a priori, por el arquitecto de equipos, que no gozó de colchón alguno para que su trabajo solidificara los cimientos de comprensión, creciera y evolucionara con el paso de las jornadas.

Florentino Pérez sumó su interpretación de oposición a dicho prejuicio teledirigido y aprehendido por la opinión pública, contemplando, tal vez, la similitud con la salida de Mourinho, su otrora protegido y sujeto pasivo de un manejo exógeno asimilado a la conducción hacia una situación insostenible, de no retorno, que ha vuelto a tocar tierra en Concha Espina. El dirigente, que regresó esta tarde al micrófono para desdecir su hipótesis de noviembre y anunciar el despido de Benítez, personaliza el fin que ha tomado al entrenador como medio sacrificado. La segunda vertiente de la directriz. Desde hace lustros, el generalizado lobby de presión erosiva apunta a la salida del mandatario. Este verano bastó su elección de un perfil más trabajoso que jovial -para un grupo de profesionales distraídos de las labores menos vistosas pero más efectivas en busca de campeonatos- para encender una máquina del fango corroborada por los defensores irredentos, en el seno de Valdebebas, de los vicios postergados. Y la competitividad volvía y vuelve a quedar en suspenso.

Empezó titubeante la implantación de los presupuestos del entrenador entre sus asalariados, tocando techo en el liderato liguero alcanzado a través de firmes lecciones de concepción colectiva con recuerdo destacado en París, Bilbao, Vigo y un puñado de primeras partes notorias –en el Calderón o Mestalla, la más reciente-. Pero los vaivenes en el rendimiento de la pretendida presión y solidaridad de esfuerzos surgieron con celeridad, menoscabando la consistencia del proyecto en su conjunto. Sin sintonía entre jugadores y entrenador, la propuesta de Benítez se ahogaría en el incumplimiento. En el entretanto, las jornadas quemaban fechas del calendario y las rotaciones y lesiones permitían aflorar actitudes explícitas de desacuerdo entre partes, con Isco, James -dos ausentes inexplicables en la necesidad de resuello en la capital del Turia-, Ronaldo y Ramos como elementos protagónicos. Así, al tiempo que el compromiso cedía, el equipo quedaba más expuesto y los puntos volaban con asiduidad. Los resbalones del Barça, que acumula tres empates en los últimos cuatro partidos, no supusieron el respingo de cohesión de un grupo abandonado al transcurrir desconectado entre el área técnica y el verde. La debacle en el Clásico, el día en que el preparador traicionó su ideario de equilibrio desnudando el panorama caótico del duelo entregado a la voluntad real de sus futbolistas talentosos, la derrota en Vila-Real y el definitivo empate en la batalla del domingo ante el Valencia, una serie enfangada que coloca a los madridistas a cuatro puntos del liderato y a una potencialidad de cinco con respecto a su enemigo íntimo -si Messi y compañía sacan tres puntos de su aplazada visita a El Molinón-, parecería haber resultado decisiva en la abrupta ruptura de caminos, celebrada por algunos como batalla específica ganada de una guerra global y concebida por otros como el enésimo salto al vacío que representa el carácter desprovisto de paciencia y sentido deportivo en que el Madrid gusta de sobrevivir cada curso.

“Comparezco para dar a conocer los acuerdos que ha tomado la junta directiva. Ha sido un difícil decisión, especialmente para mí, pero les comunico que hemos decidido resolver el contrato de Rafael Benitez”, avanzó el mandatario. “Quiero decir que es un gran profesional y una magnifica persona y quiero agradecer su trabajo y dedicación”, concluyó para, a continuación, manifestar la anunciada bomba y pasar a argumentar el sustento de la arriesgada directriz: “Voy a anunciar que la junta ha decidido nombrar como nuevo entrenador del primer equipo a Zinedine Zidane. Es una de las figuras más grandes de la historia del fútbol. Sabe mejor que nadie lo que significa estar al frente de la primera plantilla y conoce a estos jugadores porque muchos de ellos lograron la Décima con él como segundo entrenador”. “Durante toda su vida ha sabido hacer frente a los desafíos más grandes. Zinedine, este es tu estadio y tu club. Tienes toda nuestra confianza y apoyo para que nuestros aficionados se ilusionen y para mí es un orgullo tenerte a mi lado porque sé que para ti la palabra imposible no existe”, finalizó Pérez, que remarcó con especial atención el término ilusión.

El elegante futbolista francés tomó el micrófono en su saludo inicial, a rey muerto, rey puesto, para relatar sus emociones, casi cariacontecido. “Quiero agradecer al club y a usted, presi, por darme la oportunidad”, expuso. “Tenemos al mejor club del mundo, la mejor afición del mundo y lo que voy a intentar es hacerlo lo mejor posible para que este equipo gane algo al final de año”, precisó el novato con sincero pragmatismo, en contraposición con la retórica de su jefe. La falta de línea argumental común que aglutine todas las voluntades, paradigmática en la última década madridista, también quedó evidenciada en este atropello al protocolo de la transición de poderes.

“Lo único que voy a decir es que voy a hacer lo mejor posible con los jugadores y creo que va a salir todo bien”, resumió, casi expresando un tímido deseo despojado de firmeza y convicción, autografiando, a su vez, lo repentino de su aterrizaje. “Es un día importante para mí y tengo más emoción que cuando firmé como jugador, pero voy a meter todo el corazón que tengo por este club”, zanjó Zizou antes de abandonarse al carrusel de fotos en un acto de urgencia que pretendió disfrazar de seriedad en los planteamientos y planificación a la tirita que la entidad tenía más a mano. De este modo, ciertamente atropellado, finalizó la estancia en el club de un entrenador con estela de campeón trabajado y se alzó el telón para el cultivo de la improvisación. Si los jugadores asumen a partir de ahora lo obligado de acometer la solidaridad sin pelota y en achique, receta irrenunciable del éxito, es cuestión de tiempo.

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