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COSAS VEREDES

Artur Mas y Pedro Sánchez: conexión secreta

lunes 04 de enero de 2016, 23:56h
¿Cuántas veces tiene que recibir alguien una negativa para asumir su derrota? Con una basta, por lo general, cuando se trata de aspirar a un puesto de trabajo. En las rupturas amorosas, a veces el mensaje debe ser repetido más de una vez. En cambio, los políticos deben de estar hechos de otra pasta insensible a la negativa, como si rebotaran contra ella y volvieran al centro del ring una y otra vez. Seguro que ya está pensando en algún nombre en concreto... Pedro Sánchez, ¿quizá? Nadie le puede negar que es un superviviente tanto de cara a las urnas como dentro de su propio partido, donde un sector significativo y poderoso ha pedido ya su cabeza. Aún así, él continúa impertérrito su andadura hacia La Moncloa.
Artur Mas es otro raro espécimen con dotes sobrenaturales para la resistencia al fracaso y al rechazo. No sólo no ha logrado completar ni una legislatura de cuatro años, sino que todo apunta a que gracias en buena parte a su gestión, asistiremos en breve a las cuartas elecciones autonómicas en Cataluña en cinco años. Todo un síntoma de estabilidad.
En 2010, Artur Mas llegó al poder con una holgada mayoría: 62 diputados, pero falló a su electorado al no sacar adelante su propuesta estrella: el pacto fiscal. Mientras el ansia independentista crecía, Artur Mas olió el peligro y decidió adelantarse y convocar elecciones anticipadas convencido de que conseguiría esa mayoría absoluta que le permitiría gobernar con tranquilidad. No le salieron bien los números y con sólo 50 escaños quedó vendido a los independentistas, que forzaron la consulta ilegal.
Acabó rompiendo con Unió y convocando las terceras elecciones para 2015, en las que Junts pel sí, un todos a una independentista, obtuvo 62 diputados, exactamente los mismos que CiU en 2010. Y la CUP, 10... Pero esta formación, la gran protagonista, no presta su apoyo a Artur Mas. Ya lo dijo y lo repitió hasta la saciedad en campaña y asistimos a una votación hace diez días con un resultado no imposible pero sí harto improbable: un empate a 1.515 votos a favor y en contra de investir a Artur Mas. El sainete acabó este fin de semana y la CUP volvió a decir 'no' a Mas. ¿No debería ser ya suficiente?
Pues no. Mas sigue diciendo que quiere dar la batalla tanto en Madrid como en Cataluña pero ya nadie le escucha. En ERC buscan ya un sustituto para evitar las cuartas autonómicas en cinco años y algunos nombres, como Romeva o Junqueras agradan a los de la CUP, que ya han anunciado que les brindarían su apoyo. Junqueras quiere negociar hasta el último minuto antes del domingo y los de En comú podem se frotan las manos imaginando el salto de Ada Colau a la Generalitat tras su sonado éxito en Barcelona.
Todos preparan un plan B menos él, el príncipe destronado que se niega a serlo. Lo más triste de todo es que tras esta irrefrenable ansia personal no se esconde un sincero y constructivo deseo de mejora de la sociedad catalana, sino un apego enfermizo y obsesivo por el poder. Debería haberse echado a un lado y dejar que otros escribieran un nuevo capítulo de la Historia sin llegar a este esperpento bochornoso, pero ya es tarde para una retirada. Que vayan tomando nota en el tablero nacional o también repetiremos generales en 2016.
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