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DESDE ULTRAMAR

Polémica recaptura de El Chapo

sábado 09 de enero de 2016, 19:23h
El viernes 8 de enero de 2016 se anunció en una muy desproporcionada y faraónica ceremonia en el Palacio Nacional de México y por boca del jefe de Estado, Enrique Peña Nieto, que ese mismo día se produjo la recaptura de El Chapo Guzmán, el buscadísimo narcotraficante mexicano, fugado dos veces de prisión y dolor de cabeza de un gobierno priista que nada y está hundido en el fango en una severa corrupción e inoperancia tales, como nunca se había visto, negado a rendir cuentas y a transparentarse, tal y como esta misma semana lo acusó en un editorial The New York Times, golpeándole en el mero centro de forma ya irreparable, aboyando su muy lacerada imagen internacional, porque esta recaptura no lava la imagen de Peña Nieto, solo reafirma su corrupto proceder.

Porque El Chapo jamás debió fugarse y lo consiguió con la complacencia de las propias autoridades federales, porque solo así se explica la huida de un penal de máxima seguridad. Y no me refiero al celador o al vigilante de la puerta que miraron hacia otro lado para que alcanzara la salida. No. Sí hablamos de peces gordos embarrados hasta las cejas con su prevaricación, una colusión no del todo investigada que apesta a encubrimiento y complicidad del gobierno Peña Nieto y pese a mediar una recaptura. Hasta la fecha el gobierno mexicano priista no ha dado mayores detalles ante lo que cada día más lo evidencia: sus autoridades permitieron la fuga de El Chapo en julio de 2015.

En el mensaje dado a la Nación no se permitieron preguntas de la prensa convocada. Eso sí, Peña Nieto elogió a las autoridades que recapturaron al capo, entre las cuales figuraban las que permitieron su escapatoria y no han avanzado en las investigaciones. Cosas de un discurso ya sin imaginación y de una estrategia agotada en sus efectos, que suele darse balazos en el pie de manera frecuente y que sigue apostando a que la captura de capos disminuye el narcotráfico y su violencia inherente, cosas que no suceden. El vacío de liderazgo y poder de un capo que se produce en cada captura, supone solo el reacomodo de fuerzas dentro de los cárteles.

Burlonamente llamado el rey de las escondidas, el escurridizo criminal sinaloense, había sido capturado por la presente administración priista, jactándose de que a ella, a diferencia de otra de partido político diferente, El Chapo Guzmán nunca se le escaparía y sucedió que sí se le escapó, construyéndose un túnel desde fuera del penal hasta la celda del sujeto, en julio de 2015, ante las cámaras con sonido y las autoridades penitenciarias “vigilantes” que no repararon en los ruidos de excavación y que no la impidieron; siendo así el gobierno Peña Nieto el hazmerreír de propios y extraños y golpeando así como nunca antes el nombre de México en el mundo, por su inoperancia y por la corrupción que conllevaba que el sistema carcelario mexicano –legalmente presidido por Peña Nieto– es incapaz de retener a tan peligroso sujeto y que no sabía cómo tratarlo.

Porque todos sabemos que la fuga de El Chapo, mucho más resguardado que en su fuga anterior, demostró la vulnerabilidad del sistema penitenciario mexicano y la incapacidad alarmante y creciente del gobierno Peña Nieto.

Antes del escape de 2015 se barajaba la posibilidad de extraditar a El Chapo a Estados Unidos. Se decía que al momento de su fuga ya había una petición oficial estadounidense. Aquel país ha manifestado en distintos foros que lo querría por acusaciones de delitos diversos y al igual que Colombia, México ha optado por enviar capos a ese país –mediando tratados previos de extradición, naturalmente– porque dejándolos allá, aparte de que no se les suelen escapar, nos dejan siempre la sensación falsa de que capturándolos, se acaba con el narcotráfico del que tanto se beneficia Estados Unidos (parte muy sustancial y principalísima del problema).

Pues bien, recapturado El Chapo, uno puede imaginarse la de cosas que habría que preguntarle sobre cómo pudo escapársele al gobierno Peña Nieto, siempre señalado bajo la sombra de colusión. ¿Se imagina la de nombres evidenciables, cantidades de dinero repartidas y contactos involucrados que podría mencionar el sujeto que ha de estar informadísimo de a quién le debe el enorme favor pagado de haberse podido escapar? El Chapo Guzmán vale hoy más por lo que calla que por lo que cante. La oposición ya se lo demandó a Peña Nieto: quiere saber lo que muchos deseamos conocer: ¿quién de alto calado y mediante qué favor, compromiso o enroque, permitió la fuga de El Chapo? Saberlo embarraría al gobierno Peña Nieto que lo recaptura. La recaptura no le lava la cara a Peña Nieto, por el contrario, se la puede embarrar todavía más, porque el estercolero donde chapotea y en el cual se fraguó la escapatoria de El Chapo Guzmán, existe, y nada se ha hecho por limpiarlo.

Dos datos para finalizar. Cuando se fugó El Chapo, se emitieron unos mensajes de su dudosa autoría, en que decía que ya libre, ajustaría cuentas con el Pez Gordo que manda en este país. A saber quién sea. Nada ha pasado. Por otro lado, se sabe que en la reunión de embajadores de este gobierno inoperante, en su visita anual de trabajo convocada en Ciudad de México, al saberse la captura del criminal, no faltó el lacayo de turno que pidió cantar el himno nacional. Qué soluciones priistas tan burdas. ¡Mejor pónganse a trabajar los diplomáticos, que carecen de una política exterior clara que mucho nos perjudica como país!

En broma se dice que antes a un criminal se le exigía y hasta se le torturaba para que hablara. Hoy con la recaptura de El Chapo, mas parece que se cruzan los dedos los funcionarios del gobierno Peña Nieto, para que no abra la boca. Hacerlo sería fatal para este gobierno priista irremediablemente corrupto.
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