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ARTURO MAS O LA AMBICIÓN DEL MEDIOCRE

domingo 10 de enero de 2016, 10:20h
Lo anticipó Durán Lleida: “Mas será defenestrado por los que le rodean”. Así ha sido. Tras arrastrarse...
Lo anticipó Durán Lleida: “Mas será defenestrado por los que le rodean”. Así ha sido. Tras arrastrarse como un gusano con el fin de mantenerse en la poltrona presidencial, los dirigentes de su partido le han obligado a dar un paso atrás porque la antigua Convergencia, que se ha quedado en los huesos, podía resultar arrasada en unas nuevas elecciones.

Arturo Mas anticipó elecciones en 2012 para conseguir 80 diputados y negociar así, desde una situación de fortaleza, con Mariano Rajoy. Se quedó en 50 y para mantenerse al frente de la Generalidad se puso de hinojos ante ERC y se entregó a un independentismo desorejado, convirtiéndose en la marioneta de Oriol Junqueras.

Desafió luego al Estado de derecho, convocó un referéndum que se convirtió en una ridícula pantomima y finalmente llamó a las urnas en nuevas elecciones anticipadas.

Tras ellas ha sido humillado, vejado, escarnecido por un grupo antisistema. Sus compañeros de partido le han escabechado a última hora y de forma cruel. El balance que deja la gestión de Arturo Mas es aterrador. Ha fracturado CiU, el partido que gobernó la comunidad catalana durante largos años. Ha dividido a los catalanes en dos. Ha arruinado su Hacienda. Se ha endeudado hasta la nausea, despilfarrando el dinero de los impuestos en la aventura secesionista. Ha gastado cantidades ingentes de dinero en la financiación de embajadas insólitas, de medios de comunicación, de grupos electoreros, de infinidad de insólitas agrupaciones soberanistas.

Hombre de cortos alcances y larga ambición, Arturo Mas quería pasar a la Historia como el salvador de la patria, el caudillo de Cataluña por la gracia de Dios, el Generalísimo de sus ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Ahora tendrá que enfrentar su insufrible sonrisa a la realidad de un fracaso incuestionable. Ha hecho mucho daño a Cataluña. También a España. También a Europa. Le esperan los tribunales de justicia porque, aparte los delitos de sedición, difícilmente podrá eludir su responsabilidad en la corrupción del caso Pujol.