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MACGUFFIN

¿Tanto vale la cabeza de Artur Mas?

martes 12 de enero de 2016, 18:13h

La política española está en una encrucijada, probablemente la más transcendental desde la Transición. Y puede optar –al menos- por dos caminos: renovarse para rescatar su esencia como representación de la soberanía popular o terminar de convertirse en una parodia de sí misma. Veamos que pasa en los próximos meses y dejemos un espacio a la duda, pero en Cataluña la cosa se está inclinando por la segunda y surrealista vereda.

Ya desde la llamada al 27S las cosas pintaban feas. Convergencia y ERC, juntos por el sí. Rara vez salen bien parados los matrimonios de conveniencia y en el caso de Artur Mas y Oriol Junqueras, el proceso de independencia es el único gusto compartido. Pero el 'ménage à trois' que ha terminado montándose tras las elecciones echa más leña al fuego con la aparición en escena de la CUP, partido al que no llamaré antisistema después de que los catalanes les hayan otorgado 10 escaños en unas urnas a las que acudieron como todo hijo de vecino. Buscar vagas similitudes entre CDC y la CUP es una prueba para valientes. Y tratar de construir cualquier cosa sólida y coherente sobre arenas movedizas es como salir corriendo con los ojos vendados.

El diputado de la CUP Benet Salellas dice haber metido a Mas en la papelera de la historia. ¿En serio? No voy a negar que las imágenes de Artur Mas saliendo del que hasta el domingo fue su despacho, abrazado a una caja con sus enseres, produce, si acaso, media sonrisa, después de semanas viendo al ya expresident aferrándose al cargo como un náufrago al último bote. Pero no cabe discurso triunfalista alguno. Al contrario, el acuerdo alcanzado entre ambas formaciones tiene cierta lectura humillante para la CUP. Mas se aparta, sí, pero tanto él como la forma de hacer política que representa siguen ahí. Al final, el paso atrás del presidente saliente es el premio de consolación, a cambio de apoyar la investidura de una cara “nueva” vinculada a Mas hasta el tuétano y, el colmo de la degradación, de “ceder” dos de sus parlamentarios al grupo de Juntos por el Sí. Un trueque que se traduce en una mayoría suficiente de Juntos por el Sí como para actuar con comodidad frente a toda la oposición. En este punto es cuando conviene recordar que la independencia es lo único que sustenta el proyecto gubernamental en Cataluña; y que según el CIS publicado pocos días antes del 27S es el paro la principal preocupación de los catalanes incluso por delante del proceso independentista. ¿Se pondrán de acuerdo, sin meses de negociaciones mediante, para implementar medidas contra el desempleo? ¿Para reactivar la economía? ¿Para garantizar el acceso a la sanidad, la educación o la vivienda? ¿Para atajar la corrupción? ¿Tanto valía la cabeza de Artur Mas?

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