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TRIBUNA

México 2016

Juan Federico Arriola
jueves 14 de enero de 2016, 19:41h

Dedico este artículo a mi finado amigo madrileño Luis Sánchez Torres, fallecido en Jalapa, Veracruz, el 9 de diciembre de 2015.

Cuando hablamos de sistema político mexicano, me vienen más imágenes, por ejemplo, presidencialismo autoritario, corrupción, diputados y senadores del Partido Revolucionario Institucional al servicio del Poder Ejecutivo, falta de federalismo, etcétera.

El sistema presidencialista mexicano está agotado. Entre más reformas y adiciones a la Constitución y más leyes, entramos a un laberinto donde está el Minotauro al acecho. Los mexicanos nos hemos complicado la existencia.

No hay diálogo fructífero y crítico entre el presidente de la república y las dos cámaras federales legislativas.

En el ámbito local, se inventó sin base jurídica alguna, la Conferencia Nacional de Gobernadores, una coalición fáctica, anticonstitucional y además ineficiente. Los gobernadores y el Jefe del Gobierno del Distrito Federal son corresponsables del desastre de inseguridad pública. En vez de concentrarse en políticas criminológicas de prevención, a través del Sistema Nacional de Seguridad Pública previsto en el artículo 21 constitucional, pierden el tiempo en autopromocionarse porque al menos tres de ellos –Distrito Federal, Puebla y Estado de México- suspiran por ser candidatos a la presidencia de México.

Una prueba de que el sistema presidencialista está agotado, es la percepción que tiene la ciudadanía mexicana con respecto al desempeño de Enrique Peña, presidente de México (1 de diciembre de 2012- 30 de noviembre de 2018). En pocas palabras, está reprobado: escándalos de corrupción en su círculo familiar y de colaboradores diversos, bajo crecimiento de la economía, insuficiente creación de empleos formales –se requieren por lo menos 1 millón de empleos anualmente y apenas se alcanza poco más de la mitad del mínimo- devaluación del peso mexicano frente al dólar y el euro, insistente violencia criminal incluso contra autoridades de diversos niveles, sin olvidar la segunda fuga de una cárcel de “máxima seguridad” del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, hace casi seis meses sin que sea recapturado

El esfuerzo policíaco y militar ha sido doblemente inútil: no han encontrado al fugado y miles de agentes y oficiales y tropas en su búsqueda dejan espacios abiertos a la delincuencia.

El arranque de 2016 en México comenzó con una tragedia, el asesinato en contra de la presidenta municipal de Temixco, Estado de Morelos por parte de sicarios que forman parte de un cartel del narcotráfico.

Como ciudadano que vivo la realidad puedo asegurar que México no es Peñalandia, lugar donde habitan algunas autoridades, que están divorciadas de la realidad social, económica, cultural y política de más de 120 millones de personas, la mitad de ellas en pobreza.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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