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CON SAMUEL L. JACKSON Y KURT RUSSELL

Los odiosos ocho: Tarantino, a lo Agatha Christie

viernes 15 de enero de 2016, 10:34h
Quentin Tarantino vuelve al western, para homenajearlo desde un arranque espectacular, digno de los grandes del género, y fusionarlo poco a poco con el suspense propio de las novelas de Agatha Christie. Los odiosos ocho sabrán satisfacer, sin duda, a quien disfruta con el personalísimo estilo del director. Ennio Morricone firma una de las mejores bandas sonoras del cine de los últimos años.
Los odiosos ocho: Tarantino, a lo Agatha Christie

LOS ODIOSOS OCHO

Director: Quentin Tarantino
País: EEUU
Guión: Quentin Tarantino
Fotografía: Robert Richardson
Música: Ennio Morricone
Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Demian Bichir, Walton Goggins, Tim Roth, Bruce Dern, Michael Madsen, James Parks, Dana Gourrier, Zoë Bell, Channing Tatum, Lee Horsley, Gene Jones, Keith Jefferson, Craig Stark, Belinda Owino.
Sinopsis: En algún lugar de Wyoming, pocos años después de la Guerra Civil Norteamericana, ocho variopintos personajes se encuentran atrapados en un refugio en las montañas a causa de un gran temporal de nieve. La tensión entre ellos no tardará en surgir.

Lo mejor: La banda sonora | Los diálogos | La tensiónfinal | La divertida 'violencia Tarantino'
Lo peor: Tan Tarantino que no será soportable para quien no ame al director, si es que eso es malo.



Tarantino vuelve a la carga. Vuelve a homenajear al cine con mayúsculas, vuelve a firmar un guión digno de análisis letra a letra, vuelve al western y al reparto de altura. Los odiosos ocho, la octava película del cineasta, sabe a Taratino, huele a Tarantino y suena a Tarantino: disfrute asegurado (abstenerse, claro, detractores de Tarantino).

Lo que se presenta como un western, uno de los géneros tradicionalmente venerados, homenajeados y reformulados por el realizador, termina vistiéndose de policiaca y jugando a los acertijos, con ocho personajes compartiendo el mismo espacio y un secreto del que todos pueden ser sospechosos. Como una novela Agatha Christie, solo que en lugar de la cosmopolita Europa de los años 30, la acción se lleva al oeste salvaje inmediatamente posterior a la Guerra de Secesión, concretamente a Wyoming. Y que en sustitución del refinado y pedante Poirot, tenemos a Samuel L. Jackson y a Kurt Russell soltando tacos y rascándose la entrepierna.

Ambos se encuentran de camino al pueblo de Red Rock por negocios. Los dos son cazarecompensas. El personaje de Jackson lleva un puñado de cadáveres que pocas horas antes eran bandidos buscados por la justicia. El de Russell, a una fugitiva viva –genial hasta la repugnancia y la ordinariez Jennifer Jason Leight- por la que pretende sacar un buen pellizco. A la diligencia se une un desconocido, un estupendo Walton Goggins, que dice ser el nuevo sheriff de Red Rock. Para refugiarse de una tormenta de nieve que se acerca, paran en una posada en la que se encuentran con otros cuatro desconocidos: el guardián del recinto en ausencia de los dueños, el verdugo de Red Rock, un vaquero y un anciano, exgeneral confederado. La tensión entre los ocho va en aumento a medida que empiezan, por un lado, a reproducirse los recién terminados enfrentamientos bélicos y, por otro, a dudar de las intenciones reales de cada uno para encontrarse en esa parada del camino. Y, paciencia –me adelanto a las críticas: no se puede considerar spoiler si hablamos de Tarantino-, la violencia tan explícita como cinematográfica del realizador termina llegando.

Además de los baños de sangre, Los odiosos ocho está plagada de las señas identitarias de uno de los cineastas con más personalidad de Hollywood. La narrativa no lineal y el juego de perspectivas dominan el montaje e insuflan tensión, especialmente en el último capítulo en los que se estructura la cinta, el de la resolución, una secuencia en la que el cineasta exagera el contraste de tonos entre ‘los buenos’ y ‘los malos’ en un ejercicio genial y altamente disfrutable desde la butaca.

Los personajes exagerados, sin miedo al extremo, con pasados oscuros y sin demasiado espacio a la empatía pueblan la cinematografía de Tarantino, y en Los odiosos ocho el realizador avisa desde el título: no seríais amigos de ninguno de esos viajeros reunidos por el azar de la meteorología en la posada, pero os lo pasaréis en grande observando sus idas y venidas, su lenguaje tosco, su falta de escrúpulos, su atractiva ausencia de encanto. A ellos dedica la primera parte de la cinta, con largos diálogos, ágiles e inteligentes, que van desmontando a cada uno de los desconocidos ante el resto y a ojos del espectador, muy al estilo de Reservoir Dogs.

El conflicto racial, siempre polémico en el director, salta a un importante plano cuando el pasado de los personajes los divide en unionistas y confederados. Si en Jackie Brown y el Django, desencadenado, se criticó desde algunos sectores la utilización reiterada de la palabra ‘nigger’ y se llegó incluso a acusar al cineasta de xenófobo, parece que Tarantino responde en Los odiosos ocho con dos tazas.

Y luego está la música. El director de Pulp Fiction mima sus bandas sonoras y las otorga un espacio distinguido en sus producciones. En su último trabajo, el italiano Ennio Morricone firma una BSO espectacular, la guinda para la factura final de la cinta que, ya en los créditos iniciales, evoca a los grandes del género capitaneados por John Ford para después fusionarse con el híbrido genérico que bien podría llamarse, simplemente, Tarantino.



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