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TRIBUNA

Crisis china, crisis mundial

jueves 21 de enero de 2016, 20:03h
Son de esas veces en que uno ve al gigante retorcerse y en cada estirada planta el manotazo que alcanza a medio planeta, si hacemos caso de los diagnósticos que señalan que la desaceleración china –con su cauda de caída de importaciones (compras al mundo), especulación financiera y depreciación de su moneda– golpea a medio orbe y no se limita a perjudicar a un manojo de monedas, la mexicana incluida. Porque advierten los que saben que lo mismo sucumbe el peso mexicano que el rublo. O al menos eso arguyen los funcionarios mexicanos del gobierno Peña Nieto, incapaces de responder y carentes de un Plan B (¿tienen un Plan A?), que esperaríamos como propio de cualquier gobierno responsable. No es el caso que lo sea.

Desde luego, hay quien ha sostenido que la crisis china ha favorecido a países como España, dependiente por ejemplo, de la importación de crudo.

Pero la atención prestada a China solo sugiere que vemos una economía que no ha crecido, que ha visto desplomarse sus bolsas, que no mejora la confianza del mercado y que se deprime de forma tal, que importa ya no que los extranjeros solo posean un 1,55 de las acciones en juego, sino que ven un decrecimiento del consumo chino al mundo y por ende, tal disminución implica un golpe a la economía mundial, lo que ya no es un presagio fantasioso. Suponemos que este tropezón retrasará un poco los planes expansionistas chinos, que también existen y no merecen negarse.

Otros gobiernos como el brasileño, tan dependiente Brasil de China, también esgrimen como causa de sus problemas económicos no sus medidas de gobierno (sospechosamente equivocadas), sino a los chinos como la causa y excusan la debacle china como razón de su propio deterioro monetario que deprecia su moneda y afecta negativamente a su economía, mientras compromete una desaceleración. En el año olímpico, Brasil no goza de buenos augurios económicos.

La devaluación china de inicios de año –ya crítica desde los choques económicos del verano anterior– solo suma problemas a los pronósticos del Fondo Monetario Internacional recién comunicados, que anticipan crecimiento mundial pobre e insuficiente, un posible golpe económico y el incremento de los problemas ya existentes, que desmitifica el propio crecimiento mexicano anunciado por su gobierno de un 3,6 máximo, proyectado por nuestro conspicuo y siempre errado secre de Hacienda Videgaray, pues en cambio ya se insinúa desaceleración. La advertencia del FMI incluye a países como España, pues aparece en el horizonte el riesgo de no abandonar la crisis, antes bien, de enfrentar una nueva cuando empezaba a levantar cabeza, tal y como lo anticipa su pronóstico de crecimiento de 2,7% que parece óptimo.

Esos mismos datos emitidos por el FMI esta semana, fueron recibidos con cierta alarma en el Banco de México, pues a diferencia del gobierno Peña Nieto, Banxico sí se toma en serio la frase “choque potencialmente grave” de la economía de países emergentes ante un panorama económico difícil. Siendo México un país emergente no requiere ser sumergido, pero es verdad que ya se avisó que existe la posibilidad de un choque económico fuerte y podemos ser muy vulnerables. Dicen quienes saben que una economía que depende del petróleo (desplomado su precio a 18 dólares el barril) y sin mejores inversiones ni un plan económico real de su gobierno, queda expuesto. Eso en tanto Peña Nieto ha incrementado la deuda externa y no aplica una disminución real del gasto corriente, poniendo al país en alto riesgo. Sus corifeos dicen que la deuda es manejable por sus plazos y montos pagables. Y que el dólar pase de 13 pesos a casi 19 de cotización frente al dólar, no afecta, pues beneficia a las exportaciones mexicanas. Sí, bonitos. Listillos, no reparan en lo que por elemental lógica deberían, pues nos están costando alto las importaciones (que representan un volumen cercano a las exportaciones) y desde luego, toda deuda debe pagarse, sea como sea que la acordaron, y cómo sea que fuere; y nunca será igual un 13 que un 19, si Pitágoras no se equivocaba.

Pero estemos tranquilos. Mientras se anuncia el posible desastre económico en puerta, el jefe de Estado mexicano se pasea por Oriente Medio, tan quitado de la pena y sin un comentario serio sobre los pronósticos que sí preocupan a medio mundo. Ese talante de Peña Nieto, incapaz de leer los signos económicos, es la constante y nuestro mayor riesgo y peligro. Apenas fue un destello que duró nada, cuando el 7 de enero lo ocurrido en China alertó ¡por fin! hasta al despistado secretario de Hacienda de México, el impresentable Luis “Pitágoras” Videgaray, quien ya nos tiene acostumbrados a sus erráticos pronósticos e indolencias, pronunciándose para calmar conciencias ante la imparable depreciación del peso. No habrá blindaje que arguye que tenemos que resista, de persistir esa caída del petróleo, que se anticipa que continuará. Hasta 2013 dependíamos en un 39% del hidrocarburo.

Los anuncios del FMI y otras instancias no hacen mella. El gobierno Peña Nieto sigue gastando como si la producción petrolera estuviera en jauja para nosotros. Es un acto irresponsable, desde luego. Y hagan de cuenta que Peña Nieto sigue en campaña: prometiendo, como si fuera eterna su gestión. Insufrible lo es, eterna no lo será.

Son presagios que ponen a temblar a todos cuando el mundo se pensaba que a duras penas libraría la crisis de 2008. Lo que pasará es de pronóstico reservado. Y China ya es un actor que no podemos minimizar.
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