www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JORNADA 21: BETIS 1 REAL MADRID 1

El Betis desinfla la alegría del Madrid recordando la importancia táctica | 1-1

domingo 24 de enero de 2016, 22:22h
Actualizado el: 25 de enero de 2016, 21:18h
El Betis desinfla la alegría del Madrid recordando la importancia táctica | 1-1

El gol inicial del Betis, producto de la superioridad en intensidad y la deficiente concentración táctica colectiva capitalina, condicionó un duelo del que el Madrid sale a cuatro puntos de los líderes -siete si el Barça gana su partido aplazado-. Mostró el conjunto dirigido por Zidane una idea de juego monopolística de la pelota que encerró al club andaluz. El desatino en los metros finales y la desatención de salida provocan que el tercer clasificado siga sangrando por la misma herida.

Cerraba la jornada dominical el Real Madrid con la posibilidad de afianzar su risorgimento post Benítez y matizar la marejada experimentada en el cambio de año reduciendo la distancia con la cima clasificatoria a dos puntos. Desembarcaba en un Benito Villamarín de ecosistema convulso y trayectoria anímica paralela a la del gigante de Chamartín. La fresca destitución de Pepe Mel y la inestabilidad en la relación entre lo institucional y la masa social han confluido en el encadenamiento de cuatro derrotas en los últimos cinco partidos. Se mezclaban en Heliópolis dos clubes con ansia de traducir en resultados la ideación de ilusión generada después de una trayectoria trompicada. Los tres puntos yacían, para ambos contendientes, con asimilada urgencia aunque en diversas circunstancias: los locales trataban de tomar oxígeno desde el fondo de la tabla y los visitantes, granjearse el engrosar del sustento psicológico a la espera de exámenes de altura.

Juan Merino, autodefinido como solución provisional, dispuso un esquema en busca de la consistencia abandonada con el inicio de curso. N´Diaye y Petros guardarían la espalda de una medular salpicada de trabajo y talento frenético con simétrica distribución. Cejudo, Kadir y Fabián abrigarían la astucia de Rubén Castro, poseedor en exclusiva de la responsabilidad goleadora verdiblanca. Vargas y Molinero habrían de asegurar el tapón de los avances laterales madrileños al tiempo que marcarían la ambición andaluza con su profundidad. Bruno y Pezzella combatirían el cuerpeo con los puntas madridistas y Adán completaba la línea defensiva. La cohesión interlineal, el orden e intensidad anatómicos y la finura en transición dictarían el recorrido de un Betis que adolecía por la ausencia de Piccini y guardaba para más adelante la clase de Joaquín y Portillo y la creatividad de Digard y Ceballos. Debía cimentar su base antes de lucir talento, ideó el técnico.

Zinedine Zidane lidió la sensible baja de Gareth Bale alineando a James, titular por primera vez en las últimas tres semanas. El colombiano fluctuaría en posiciones de mediapunta para engrasar la asociación que Benzema traduciría en opciones de remate con Ronaldo como elemento referencial. Isco figuraba como anexo a la pareja Kroos-Modric, con licencia para avanzar metros y obligación de ayuda a su lateral. Marcelo y Danilo -que entraba por Carvajal en base a una decisión técnia y febrícula del canterano- mutarían en carrileros para sumar voluntades al pretendido dominio del cuero en el ecuador. Varane y Pepe repetían comparecencia con Navas bajo palos. La precisión con balón, el compromiso en el repliegue colectivo y la inclusión de ritmo dictarían la supervivencia de un Madrid todavía no exigido desde su renovación del timón. La necesidad acuciante, amén de los puntos y la producción ofensiva, residía en la muestra de unidad esquemática que evidenciara el olvido de la ruptura de líneas en el contragolpe oponente. Esta cuenta, todavía pendiente de aprobación, protagonizaría la primera salida fuera de la Castellana del Madrid de Zizou.

Amagó el tercer clasificado en el primer suspiro con efectuar un golpe de personalidad coral al alzar su presión para ahogar la primera elaboración local, pero con celeridad se vio superado por el despliegue de ritmo asimétrico, que disponía el vuelo verdiblanco al tiempo que los merengues caminaban, tratando de anestesiar el acelerado tempo por medio de la posesión horizontal. El arranque hiperbólico sevillano parecería sorprender a la expedición capitalina, a pesar de lo previsible de la libertad y frugalidad que supone ambicionar arrodillar al favorito. Cada imprecisión suponía la explosión a la contra de un Betis disparado en pos de arruinar la templanza madrileña por la vía energética. Empezó con una distancia notable de revoluciones y hambre el bloque dirigido por Merino y, antes de que los conceptos y el guión de la trama se asentaran, recogieron fruto a su estrategia de inicio en el minuto 6 de juego. Superó la primera línea de presión madridista y detectó el desmarque de Rubén Castro, que desbordó a Varane en la espalda de Danilo y con evidente facilidad. El rechace de la aventura, ganado con justicia por el ardor andaluz personificado en Fabián, granjeó un cuero templado que Cejudo colocó en la escuadra de excepcional volea desde la frontal del área.


Pagó con creces la siesta en el prólogo del envite el Madrid, escenificando sus lagunas organizativas en la defectuosa vigilancia de la transición local. No cerró filas de manera coordinada y el Betis coló su fogosidad por la oquedad. Sabedor del trascendente matiz incluido en el electrónico y en calidad de obstáculo a la hoja de ruta ideada, reaccionó el bloque capitalino ascendiendo sus vatios de esfuerzo y exigiendo la preeminencia robada en el relato. Así, el cuero fue tiñéndose del gris que lucía en la elástica madridista a través de combinaciones más sostenidas que verticales. El conjunto local buscó, a partir del primer cuarto de hora, ejercer una oposición proactiva, no contemplativa, al dominio del esférico visitante. El ritmo en cancha verdiblanca no cedía velocidad ni explosividad ante el cierre de espacios agresivo del rebelde que aspiraba a salir del pozo. La circulación de los pupilos de Zidane templó el duelo pero no conseguía encerrar a un Betis con la zaga apostada a 30 metros de su portería, negando toda opción de encierro con Petros y N`Diaye mandando en la resistencia de la parcela central.

Sin embargo, la ausencia prolongada de estiramientos colectivos andaluces por el cauce del envío largo o la salida en combinación estática generó el terreno para el crecimiento madrileño. En consecuencia, la concatenación de acercamientos emergió, con una trayectoria que dibujó una inercia de más a menos convicción a lo largo del primer acto. Con el escenario de monopolio del cuero impuesto, Benzema abrió fuego al culminar su slalom, tras la apertura de James, con un chut al primer poste que detuvo Adán -minuto 15-. El establecimiento madridista de sus primeras posesiones prolongadas atisbaban el horizonte de achique bético tendente al cuidado de su cuarto de cancha, afanado en las ayudas de su medular para matizar la relevancia de James entre líneas. Pero el colombiano alcanzaba huecos de explotación en conexión con Modric y Kroos. De este modo se gestó el cabezazo de Isco a las manos de Adán. James volvió a abrir a banda con inteligencia, asociándose por el centro para abrir por el extremo a la llegada de Danilo -minuto 21-.

Benzema también manifestaba su calidad en la lectura de las situaciones, retrasando su posición para enganchar la creación y el remate. Cristiano se aprovechó de tal movimiento de verticalidad central para chutar con deficiencia, demasiado cruzado, el mano a mano facilitado por el galo en el 31. A continuación, un córner botado por el cafetero madridista y cabeceado fuera por Pepe, de manera incomprensible -en solitario y entrando desde el segundo poste-, completaba el paisaje general que definiría el tipo de escena hasta el intermedio. El lanzamiento desde 35 metros de Ronaldo –un tanto desconectado de la movilidad de sus compañeros de frente ofensivo y desacertado en la ejecución- que lamió el poste en el 35 bajaría el telón de los acercamientos antes de la entrada a vestuarios.

El apagón experimentado por la intermitente influencia de James y la nulidad creativa representada por Isco sumaron episodios a la falta de traducción visitante del soliloquio de posesión en opciones claras de remate. Eligió el Betis arrancar la victoria parcial aferrado a la solidaridad de esfuerzos que sólo encontró respiro en un par de contras de final infructuoso y prematuro y en varios intentos de contemporización por el cauce de la asociación valiente desde la cueva. Por el camino hasta el descanso reclamó el Madrid un claro penalti no pitado sobre Benzema por pisotón de Petros, cuando el francés ya había sentado a su marcador previa bicicleta. Había evidenciado el sistema de Zidane una metamorfosis en su concepción del juego (57% de posesión), subrayando aquello de “jugar en campo rival”, que se antoja como un mantra desde su presentación, pero asistió también a la penalización de la desatención en la concentración colectiva e individual que tantos puntos ha costado hasta convertirse en un mal endémico y paradigmático del club capitalino. Por el contrario, el apremiado conjunto hispalense mostró la consistencia y eficacia arrinconada en el arranque de curso. Pero las interrupciones con que contaminó el duelo en su comienzo no alcanzaban ya a salpicar el transcurrir del envite, padeciendo la acumulación de cansancio sin paréntesis hasta el intermedio. Este último punto parecía susurrar el intento de una modificación de la trama para llegar a la orilla en el minuto 90.

No en vano, la reanudación se decretó bajo un escenario reflejo de la perspectiva del primer acto. No cedió en su pulso monopolístico el Madrid, que afianzó su filosofía añadiendo a la fórmula a Marcelo, ciertamente amarrado en el primer tiempo. Modric y Kroos gobernaban el partido con el Betis agazapado, aguardando que su capacidad de sufrimiento se viera recompensada con alguna apnea o, en el mejor de los casos, el refresco de la sensación de amenaza a través de una contra puntiaguda. Había quedado desposeído de esta herramienta el Betis al tiempo que arreciaba la tormenta merengue, que tocaba tierra en diez minutos de desenfreno visitante y agonía local. Kroos inauguró la llamarada con un disparo desde la frontal que no se dirigió a puerta. La manutención de la pulsión competitiva madridista condujo a la patada al aire de James, desde dentro del área tras la dejada de Ronaldo, y al doble remate de Benzema -el primero en escorzo, que sacó Adán, y el segundo, de volea, a las nubes-. El córner botado por el ordenador teutón que remató James a los guantes del omnipresente Adán, a bocajarro y en solitario -minuto 54-, cerró este tramo de sometimiento por aluvión visitante.




Movió el banquillo Merino ante la serie de infortunios registrada. Dani Ceballos y Joaquín entraron en escena por los lesionados Fabián y Kadir -afanados ambos en la brega y obviando su capacidad ofensiva-. La decisión, obligada, rellenó con talento y pulmones renovados el esfuerzo de repliegue intenso y ordenado bético, que quizá intentaba sacar la cabeza a la contra con este par de distinguidas piezas. Mientras tanto, el Madrid proseguía su ejercicio de dominación sin interpretar soluciones al cierre oponente. Modric emergía batiendo líneas y portando galones que no se veían acompañados por el acierto en el toque de James y Ronaldo –muy desafortunados en la precisión-, una situación que contemplaba como consecuencia lógica la amalgama de centros desde los costados. Ante tal realidad sobrevenida, Zidane optó por acomodarse y no buscar alternativas. Su directriz sacó del verde a Danilo –impreciso en el envío al área- con la esperanza de que Carvajal mostrara más atino. No obstante, el canterano trazó un desmarque de ruptura, de inmediato, que leyó Marcelo. El envío imponente desde campo propio del carioca concluyó con el chut demasiado cruzado del lateral diestro -minuto 69-.

Había restado celeridad a su circulación un Madrid que no quería remitir en su ritmo a pesar de las limitaciones de fuelle. Pero la imposibilidad bética para suponer un riesgo al rival ahondó en el despliegue merengue, que encontró el empate buscado y merecido por la región menos explorada: la parcela central interlineal. El encierro verdiblanco facilitó la llegada de Kroos a tres cuartos de cancha y con espacio. El alemán visualizó la escena e imaginó un pasillo vertical que entendió James. El colombiano -que partió en nítida posición irregular- se descubrió en soledad dentro del área y cedió para que Benzema autografiara las tablas a portería vacía. Corría el minuto 71 y recogía el fruto de la cosecha el bloque dirigido por Zidane, que obtuvo rédito instantáneo por la inclusión de Carvajal en la fórmula. El plomizo partido del 10 revertía su aspecto con una asistencia decisiva promocionada por la genialidad del iluminado mediocentro alemán.

Con el campo inclinado sobre la meta guardada con seriedad por Adán se desplegó el desenlace del enfrentamiento. Localizó este punto de inflexión al Betis encerrado y a merced de la afinación visitante, por lo que intentó subir metros en la presión y trató de incomodar la fluida asociación madridista, con la energía en entredicho. Merino decidió en el 75 sustituir a Cejudo -entregado al repliegue- por Portillo para incidir en la intencionalidad, pero no conseguía sacudirse el ahogo el bloque sevillano. Marcelo, Carvajal, Modric y Kroos manejaban el tempo del partido a su antojo y Benzema se erigía en la solución predilecta ante el desacierto de las piezas restantes. Zidane leyó la necesidad de verticalidad y velocidad ante un púgil cansado e introdujo a Jesé por James, que despidió su errática actuación con un chut cruzado desde la frontal que Adán sacó propulsado por una estirada de foto. El ex portero del Real Madrid engrandeció su figura deshaciendo la penúltima opción clara del duelo. La estrategia a balón parado posterior al saludo final del colombiano esbozó una pared sublime entre Modric y Kroos que terminó en un remate de rabona de Benzema que exigió exquisitez de reflejos al guardameta.

La vigilancia y cohesión madridista cercenaron todo atisbo de respiro bético, que se sumía en la épica para arrancar un punto de presunción utópica. El destino en el remate fuera de diana de Ronaldo desde dentro del área en el 86 y su infructuoso intento en el área pequeña que tapó Adán en el 87, tras brillantes asociaciones, restaron mordiente al sobresaliente rendimiento madridista de la reanudación. La postrera acción individual del escurridizo Castro, que tiró a palos sin éxito en el 90, actuó como anécdota en una recta final que retrató el desespero capitalino, que sangró otros dos puntos de su candidatura, víctima de la laguna de concentración táctica inicial y de su acostumbrado desacierto de cara a portería (cuatro opciones remate locales por 18 visitantes) en las tesituras incómodas y, sobre todo, cuando ha de viajar fuera del Bernabéu. Llegó a término un Betis que arranca un empate sabroso para su paladar, tras ejecutar una exhibición de solidez que extremó el jugo de sus recursos. Resbala Zidane en su primer partido a domicilio. Aunque el equipo mostró un juego combinativo más convencido (64% de posesión final) y veloz que en pretéritas citas, perdió otra ocasión deacortar terreno con los líderes por una arista familiar: la falta de concentración y compromiso coyuntural. El golpe sufrido en el primer pestañeo recalca la vigencia de los vicios heredados -no de Benítez, sino del último año de Mourinho- y reproduce el tenebroso recorrido madridista en este ejercicio. El paroxismo ofensivo duró, exactamente, tres partidos.

Ficha técnica:
Betis: Adán; Molinero, Pezzella, Bruno, Vargas; Petros, N'Diaye; Kadir (Joaquín, m.58), Fabián (Dani Ceballos, m.51), Cejudo (Portillo, m.76); y Rubén Castro.
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo (Carvajal, m.64), Pepe, Varane, Marcelo; Modric, Kroos, Isco; James Rodríguez (Jesé, m.79), Benzema y Cristiano Ronaldo.
Goles: 1-0, M.7: Cejudo. 1-1, M.71: Benzema.
Árbitro: Juan Martínez Munuera. Amonestó a los locales Vargas (m.58), Petros (m.60) y Molinero (m.69), y al visitante Danilo (m.64).
Incidencias: 48.111 espectadores asistieron al partido correspondiente a la vigésimo primera jornada de Liga, disputado en estadio Benito Villamarín.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios