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DESDE ULTRAMAR

Malecón Tajamar. Ecocidio y corrupción

jueves 28 de enero de 2016, 20:02h

La madrugada del sábado 16 de enero de 2016, máquinas excavadoras arremetieron contra un manglar de 57 hectáreas situado sobre el llamado Malecón Tajamar, próximo a Cancún, en la costa mexicana que conforma la Riviera Maya. No era un manglar virgen, ya sitiado por la irresponsable y avariciosa mano del hombre, pero el ecocidio perpetrado es innombrable. Lo que ha quedado pareciera que fue presa de una bomba atómica.

Las denuncias de vecinos y activistas brincaron a señalamientos al ayuntamiento de Cancún y de allí, pasándose la bolita unos a otros, rebotó en el gobierno federal mexicano, encabezado por Enrique Peña Nieto. Conforme avanzaron los días, personas cercanas a Grupo Televisa o funcionarios ligados al Fondo Nacional de Turismo, la secretaría de Medio ambiente en manos de un miembro del Partido verde Ecologista aliado del PRI o a la propia Secretaría de Turismo, pertenecientes al gobierno Peña Nieto, fueron mencionadas como parte de los intereses involucrados o de quienes instruyeron a proceder de esa manera sobre el manglar.

Desde luego que las denuncias en la opinión pública han ido desvelando la siempre sabida amplia red de complicidades en materia de inversiones turísticas en la riquísima región, que ya está más en manos extranjeras que mexicanas, con el descuido de estas, el saqueo y la afectación imparable del hábitat, que pone en entredicho el sentido de desarrollo y de fomento al turismo y al progreso que conlleva. A costa del medio ambiente, se han hecho negocios que no necesariamente redundan en beneficio de todos los mexicanos ni de lejos.

El año pasado 103 niños interpusieron un amparo contra las decisiones que permitían disponer de esa importante zona hoy devastada. El juez aceptó la promoción, pero fijó una fianza de 21 millones de pesos (¡una pasta!) para concederles lo solicitado y se frenaran los papeles de urbanización. Una burla, porque si bien el juez actuó como marca la ley, semejante medida fue peor que haberles negado su acción.

El manglar de Malecón Tajamar fue arruinado y en respuesta la autoridad ordenó suspender las obras de despeje que pudieran facilitar el emprender nuevos conjuntos turísticos, aunque reconoce que no hay impedimento legal en proseguir. Claro, ya destruido el manglar detenerse es poco eficaz para su restablecimiento. Se ha pedido que se retire a México ser sede de la COP13, la Cumbre de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre Biodiversidad Biológica asignada por la ONU al país, a verificarse en diciembre de 2016 justo cerca de allí, en Cancún, que le ha servido a Peña Nieto para vender la idea de que su gobierno está comprometido con la ecología. Yo apoyo esa sanción, porque el supuesto compromiso es muy relativo.

Quintana Roo, el estado donde se ubica Cancún, y la cabecera municipal del municipio Benito Juárez, donde también se halla Malecón Tajamar, siempre han estado en manos del PRI o del Partido Verde Ecologista, un partido que más ha sacado raja de la ecología, que defenderla. Eso ha significado cacicazgo y corrupción desmedida. Tan solo del Partido Verde ya hubo antecedentes de servirse de los recursos locales en el nombre de la ecología. Y ahora esto, que solo es un ejemplo de la permanente gangrena que afecta a la región, en medio de la especulación urbanística y con la banderita de crear empleos.

La disoluta alcaldía cancunense se defiende, se lava las manos diciendo que las decisiones son federales y que todo estaba en regla, que los permisos provienen del gobierno federal anterior. Sin embargo, omite que había ya pleito legal y sabe bien que desde hace 20 años se ha dispuesto de forma discrecional y sin tapujos, de cambios de uso de suelo que favorecen crímenes como el cometido. Y que tales permisos los extienden quienes después figuran en la lista de beneficiarios. Tales cambios de uso de suelo explican el mal uso de esas tierras para ampliar complejos hoteleros de diversa naturaleza y calibre, de forma tal que el saqueo de la región es de muy viejo cuño e irrefrenable. Casualmente, los gobernadores de paso de Quintana Roo, ligados al PRI, siempre son los que más aparecen involucrados, y al actual Roberto Borge Angulo, se le acusa, además de ser defensor de esta política depredadora, de ser represor que acalla las voces que denuncian todo esto. Colusión abierta entre gobernantes y criminales de cuello o guayabera blancos, que para el caso resulta lo mismo.

La depredación de la Riviera Maya es licenciosa, inmoral. Sí, representa el primer foco turístico para México y me consta su buen cartel en el mundo, pero está siéndolo a costillas de una mala planeación, de beneficiar de forma directa a unos cuántos y a punta de despojos a campesinos pobres y estragos mayúsculos en la ecología. Es una vergüenza que toda la península de Yucatán esté siendo depredada por políticos vivales y empresarios malandrines, todos criminales ecológicos. La riqueza de esa biosfera, que nos regala mares grises, en azul turquesa y verde esmeralda, sigue siendo afectada de manera impune por la voracidad de gentuza de toda laya. Coludidos empresarios y autoridades, sacan raja de su aventajada posición con leyes a modo.

Ya tiempo atrás para favorecer un millonario proyecto (millonario para los inversionistas, no para los lugareños) se dispuso a base de fraudes, de la isla Holbox (parte de la reserva ecológica de Yum-Balam [que significa “Su señoría el Jaguar”]), paradisiaca ínsula protegida, en que ejidatarios que defendieron su tierra, vieron perderla a manos de empresarios carroñeros que ponen en riesgo un santuario de tortugas, garzas, flamencos y un sinfín de especies vegetales.

La próxima vez que visite usted la península de Yucatán y específicamente la Riviera Maya, solo recuerde dos cosas. Que la gente que allí vive y fue acogida por esa portentosa tierra, la ama de verdad y se la mostrará sin reparos, no obstante que las ganancias de su esperado viaje y bienvenida presencia lo más seguro es que solo engrosen los bolsillos de una pandilla de rufianes. Penoso en verdad. Y desde luego, de lo más vergonzoso y escandaloso.

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