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LAS ZAHÚRDAS DE PLUTÓN

sábado 30 de enero de 2016, 17:54h
Corcovado y cojo, Francisco de Quevedo publicaría hoy columnas ácidas tras recorrer los albañales de Gürtel...

Reproducimos a continuación el artículo de Luis María Anson publicado en el diario El Mundo.

“Corcovado y cojo, Francisco de Quevedo publicaría hoy columnas ácidas en EL MUNDO tras recorrer los albañales de Gürtel, las pocilgas de los eres andaluces, los estercoleros de los cursos de formación, las escombreras de Púnica, las sentinas de Pujol, los vertederos iraníes y chavistas… Luego volvería a escribir Las zahúrdas de Plutón.

Según el autor de El alguacil alguacilado, la ambición acerca a los políticos a las riberas del infierno social, a los banquillos de la justicia, a las sombras de la cárcel. La política convertida en circo y espectáculo disfraza a los líderes de lo que no son y provoca la contestación de las nuevas generaciones, “locura carnavalesca que permite, entre disfraces y carcajadas, escapar de las constricciones impuestas por la vida social”. Quevedo ironiza de que “por falta de sastres, iban desnudos y rotos”. En el nuevo Congreso de los Diputados, los jóvenes rastafaris de Podemos parecen decir a los veteranos del PP y del PSOE lo que Plutón a los aristócratas en la sátira quevedesca: “Toda la sangre, hidalguillo, es colorada, parecedlo en las costumbres”. Y a la seriedad de las damas distinguidas, aplicarían el denuesto de Quevedo. “Así supe cómo las dueñas de acá son ranas del infierno, que eternamente como ranas están hablando sin ton y sin son, húmedas y en cieno… porque las dueñas ni son carne ni pescado como ellas. Diome grande risa el verlas convertidas en sabandijas tan perniabiertas y que no se comen sino de medio abajo”.

Plutón, hijo de Saturno, raptó a Proserpina y se casó con ella. Gobernó el infierno y, desde su palacio en mitad del Tártaro, mandó sobre los partidos, “sombras ligeras y miserables, tan numerosos como las olas del mar”. Quevedo pasea por los infiernos y satiriza a los “padres de puta”, que prefieren “a las rameras sobre las honestas y la fornicación sobre la castidad”.

El pueblo español contempla el espectáculo de la clase política, en el esplendor de su radiante mediocridad. Durante las últimas semanas los políticos nos han conducido al esperpento. Resulta ya claro para todos que el régimen de la Transición se ha agotado. Asistimos a la descomposición del sistema y estamos en la frontera de las zahúrdas de Plutón. Es necesario hacer cuanto antes la reforma constitucional de fondo, la que debió poner en marcha Mariano Rajoy desde la mayoría absoluta y de acuerdo con el PSOE de Rubalcaba, el hombre de Estado que consiguió para la ley de abdicación y la proclamación del nuevo Rey Felipe VI, el 86% del voto en el Congreso y el 90% en el Senado.

Todavía estamos a tiempo de regenerar la vida española y evitar las zahúrdas de la inestabilidad y la incertidumbre. Escaparíamos así del colapso de la prosperidad, de la agonía de la libertad. En lugar de tanto aspaviento parlamentario, lo que hay que amamantar es la regeneración democrática de los partidos políticos para evitar la indecencia de que pongan por delante del interés general el interés partidista. A la mayor parte de los españoles les da asco el espectáculo al que estamos asistiendo, la cutrez inextinguible de nuestra clase política. Nos falta Quevedo para denunciarlo. Ni siquiera tenemos a Paco Umbral, que despedazaría hoy a los inmovilistas del “no hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo” y también a los provocadores de turbios ademanes estalinistas”.