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El trasvase a Barcelona

sábado 07 de junio de 2008, 21:35h
La lluvia incierta no puede decidir la oportunidad de un trasvase. La sana política consiste en prevenir no en curar. Los pantanos, los embalses, los trasvases se construyen como previsión de las sequías. Una política seria no puede estar a expensas de la incertidumbre de las lluvias. Zapatero se vio obligado a ordenar un trasvase de agua a Barcelona porque la situación límite hizo inevitable que rectificara estúpidas actitudes anteriores. Pero ha llovido a cántaros y el presidente ha tenido la ocurrencia de decir: “Ya no hace falta el trasvase”.

España se merece una política seria que no gire al compás de los vientos y las tempestades. Sobra agua en nuestra nación. Un plan hidrológico adecuado y una red multiplicada de pantanos y trasvases permitirían no solo la atención a las necesidades actuales sino, incluso, la conversión en tierras de regadío de las que ahora son de secano. España está cruzada de oleoductos y gasoductos. Ciertamente, se ha hecho también una política acertada pero insuficiente de pantanos. Hay que multiplicarlos por dos y cubrir el territorio nacional de conducciones de agua. La chapucilla que se aprobó para Barcelona da risa. Se trata de un parche. El agua es un asunto de Estado y los dos grandes partidos tienen la obligación de ponerse de acuerdo para establecer un plan hidrológico nacional que solucione de una vez por todas el problema.
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