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DE ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU

El Renacido: hiperrealismo y visceralidad

viernes 05 de febrero de 2016, 08:48h
El mexicano Alejandro González Iñárritu brinda con El Renacico una experiencia audiovisual total que mueve al público desde la piel más que desde la cabeza o el corazón. Leonardo DiCaprio ya tiene una mano en su más que merecido Oscar.
El Renacido: hiperrealismo y visceralidad

EL RENACIDO

Director: Alejandro González Iñárritu
País: Estados Unidos
Guión: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu (Novela: Michael Punke)
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Carsten Nicolai, Ryûichi Sakamoto
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck
Sinopsis: Año 1823. En las profundidades de la América salvaje, el explorador Hugh Glass participa junto a su hijo mestizo Hawk en una expedición que recolecta pieles. Glass resulta gravemente herido por el ataque de un oso y es abandonado a su suerte por un traicionero miembro de su equipo, John Fitzgerald. Con la fuerza de voluntad como su única arma, Glass deberá enfrentarse a un territorio hostil, a un invierno brutal y a la guerra constante entre las tribus de nativos americanos, en una búsqueda implacable para conseguir vengarse.

Lo mejor: La sensación de realidad | La fotografía | Leonardo DiCaprio

Lo peor: Un argumento que está al servicio de los tres puntos anteriores y no añade mucho más

Con el discurso racial candente en Hollywood, el mexicano Alejandro González Iñárritu vuelve a posicionarse, por segundo año consecutivo, a la cabeza de la carrera por el Óscar y lo hace, además, con una historia contextualizada en los Estados Unidos de principios del siglo XIX, con la encarnizada lucha entre los colonos y los indios americanos como telón de fondo. Y en este sentido, ya. Porque aunque el conflicto cultural e, incluso, la confrontación del hombre con la naturaleza, son asuntos que se prestarían al debate, no es eso lo que prevalece, en este caso, en el trabajo del cineasta. El Renacido es una experiencia audiovisual total, que atrapa por la belleza y la grandilocuencia de la imagen e impacta a nivel sensorial, visceral, más que por el hilo argumental o el conflicto narrado.

Basada en una historia real, El Renacido muestra el hito de supervivencia extrema y venganza de Hugh Glass, un explorador que participa junto a su hijo mestizo en una expedición de tramperos que recolecta pieles en las profundidades de la América salvaje de 1823. El ataque de un oso lo deja gravemente herido y es traicionado por el miembro del equipo encargado de cuidarlo, que asesina al chico y abandona al padre a su suerte. El instinto de supervivencia, la voluntad de justicia y el recuerdo de la mujer que amó empujan a Glass a luchar por su vida en las condiciones más adversas imaginables. Un relato muy similar al de El hombre de una tierra salvaje (1971) de Richard C. Sarafian, pero centrado en mover al público desde la piel más que desde la cabeza o el corazón. Y el objetivo, lo logra.

Si con Birdman consiguió los Oscar a mejor director y mejor película por una comedia urbanita, ultramoderna, excéntrica y rebosante de diálogo ácido, rápido e irónico, Iñárritu cambia ahora por completo de tercio. Abandona los pasillos estrechos del teatro para abrirse a la inmensidad de la naturaleza y rodar unos paisajes que se graban en la retina, combinando la impresionante fotografía de Emmanuel Lubezki con un acabado digital memorable. El mexicano compone, sobre un western invernal, una epopeya de fuerza inconmensurable en la que los silencios y los sonidos de la naturaleza más básica, incluida de la del ser humano, ganan a las líneas de diálogo.

Sí mantiene de su cinta anterior la recurrencia al plano secuencia, aunque donde allí había una cámara inquieta y juguetona, aquí hay fluidez, un objetivo que flota entre los árboles y los personajes. Además, combina el paisaje, abierto, inabarcable, con primeros planos que cuelan al espectador por cada poro del protagonista. Y es que Iñárritu con su realización y su puesta en escena y DiCaprio con su talento sobrehumano se alían para que el cansancio, el dolor, el frío y el olor a sangre traspasen la pantalla y penetren en el patio de butacas.

El Renacido no es una cinta para espectadores sensibles. Hace poco remitía a la violencia cinematográfica de Tarantino. Pues bien, lo que aquí hace Iñárritu está en las Antípodas de la sangre rojo pasión y las coreografías. Hiperrealismo y crudeza que retratan la estructura biológica del hombre como un saco de carne, vísceras, sangre y otros fluidos. Especialmente brutal es la escena del ataque de la osa, cuyo peso parece aplastar la sala. En contraste, el cineasta añade algunas pinceladas oníricas, muy comparadas, con razón, con el cine de Terence Malick.

Por su parte, DiCaprio ya tiene una mano en el Oscar y, si no hay alguna desafortunada sorpresa de última hora, la Academia reconocerá por fin el trabajo del actor. Hay un puñado de papeles por los que DiCaprio podría haber ganado la estatuilla, pero parece que esta vez, por su desbordante expresividad gestual, el esfuerzo físico mayúsculo, la ausencia casi completa de interacción y la crudeza de un personaje que reduce al ser humano a su versión más básica, sería una buena ocasión para que se lleve el galardón a casa. Su compañero de reparto y enemigo en la ficción, Tom Hardy, también está a la altura de un villano de carne y hueso, real y convincente.

¿Es El Renacido la obra maestra anunciada por muchos? Como siempre, depende de las expectativas. Dos consejos para el visionado: primero, no esperar una historia con giros de guión o sorpresas –la historia va del punto A al previsible punto B y el error es centrarse en la meta sin disfrutar del camino- o un debate profundo sobre lo interracial y la identidad de los pueblos –puedes abrir el debate con tus amigos al salir del cine, pero la cinta no pretende dejarte pensando en eso-; y segundo, no vayas si eres escrupuloso. Llegados a este punto, sí: es una obra maestra.


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