www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

El carnaval de la investidura

viernes 05 de febrero de 2016, 20:20h

Plano secuencia. Toma sin cortes ni puntos y aparte. Suena La murga de los currelantes al fondo del Salón de los Pasos Perdidos, donde se encuentra Emilio Castelar in efigie, un gaditano que murió en la Casa del Reloj, hoy asador, de San Pedro del Pinatar, Murcia, cuando le llegó la hora, como a España, siempre a destiempo. Y de pronto se hace un silencio tumultuoso, hasta que lo rompe un diputado, qué putada, que irrumpe en el foro con tos de estibador, rodeado de una jauría de periodistas que le preguntan, metiéndole el micrófono en el ojo y el codo en el bazo, señoría, si se puede saber, tendría usted la amabilidad de decirnos qué es un gobierno de ‘pogreso’. Y yo me pregunto, compadre, qué pensaría de todo esto que nos está aconteciendo Carlos Cano, el amigo de Antonio Burgos, que tenía un amor en Cuba y el otro en Andalucía, y que se murió vivo, lamentándose de que la honestidad fuera un factor de riesgo, él que no se sentía un revolucionario sino un rebelde y que no luchaba por convicciones sino por sentimientos. Ay, qué diría el granaino, andaluz de mirada triste y sabia como Cernuda, acerca de los prejuicios de la clase obrera. A falta de una dictadura del proletariado, seguro que exclamaría con sorna ¡Viva la revolución de los desposeídos de mollera! dicho sea sin ofender pero con la guasa que merece un personaje imaginario entresacado del esperpento de Valle. He aquí mi vecina Josefina, que es cosa fina, viste de Dior pero ha votado a Podemos, y me dice, emparedándome con el bolso de Loewe en el ascensor y agarrándome por la solapa, qué lapa, que de este año no pasa el viaje a Río de Janeiro, como Jesulín, para vivir el carnaval toda ella desatada desde dentro mismo del ombligo del rocódromo. Y yo le digo, hija mía, qué necesidad tienes de hacerte tantos kilómetros dentro de un avión, con lo mal que le sienta el aire acondicionado a esa mata de pelo que tienes, nena, por melena, cuando te sueltas el moño, qué coño, que parece un Scotch-Brite, estando el carnaval aquí tan cerca, que enfilas el Paseo del Prado cuesta abajo dejándote llevar por la inercia del movimiento impuesta por la física de partículas, pasas Zorrilla según te pilla, doblas el pico esquina del Bornemisza, Thyssen, de Tita, baronesa como Susanita, de paso te pasas por la expo de Antonio López, y a la salida te plantas con una carrera en la media en la carrera de San Jerónimo, en menos tiempo del que tarda en cocerse un huevo, por donde se tienen cogidos Pedro y Pablo, de ahí el apodo de Picapiedras, allí donde los señores diputados viven una fiesta interminable de máscaras, como las que pintaba Gutiérrez-Solana, uno de los fijos en la tertulia del Pombo de Gómez de la Serna, en la calle Carretas, que rima con lo que tú ya me entiendes, o sea, aunque mejor dejarlo estar, querido esteta, no vaya a ser que la broma derive en grosería y nos acabemos metiendo en los jardines ajenos de Bioy Casares, que fue amigo de Borges y enemigos comunes de Perón, que nació un lunes pero le pusieron Juan Domingo, se casó tres veces, pero ninguna le dio a comer la manzana del árbol del pecado como Evita Perón, menudo culebrón. Como si nada hubiese pasado después del paso del tiempo, lo de ahora va también de gigantes y cabezudos, y de un chico guapo, todo ambición y ningún prejuicio, dispuesto a demostrar más pericia como bordadora que Manolita Malasaña, tratando, en vano, de encontrar, como Battiato, el centro de gravedad permanente. Ojalá las limitaciones de Sánchez fueran únicamente aritméticas. Más bien comienzo a pensar, como Carrascal, el maestro andarín de las corbatas de arlequín y franela, que si se empeña en adjetivar de «progresista» al gobierno Frankenstein que pretende formar a martillazos, o está más loco de lo que aparenta o es más tonto de lo que pensábamos; lo cual no obsta para que no supere, con un par, las dos investiduras: la de su partido errante y la de Premier, siempre y cuando su señora dé el visto bueno y después ya se verá. De momento, esta es la hora en la que los almendros adelantan su floración y de la rosa brotan capullos. Hay más neuronas en un cerebro sintético fabricado en una impresora 3D que en muchos melones huecos de políticos vacuos que presumen de estadistas y dan menos de sí que la negativa ‘no es no, Mariano’, pronunciada diecisiete veces según el ABC de Rubido, Astrolabio. Querido Bieito, no sé lo que tú pensarás, pero para mí que ‘sentido de Estado’ y ‘Pedrooo’, son dos conceptos antitéticos. Y ‘audacia’ y ‘Mariano’, tres cuartos de lo mismo, o sea. Pero con ambos habrá que lidiar, salvo que aparezca un sobrero y se los lleve devueltos a toriles. Lo de Susana, en cambio, más que inacción es indecisión, tal cual Pedro y el lobo, pues con tanto amago y desamago, quiero y no puedo, no acaba la chorla por decidirse, que esta es la hora en la que ya no sabemos si viene o si va, si sube o si baja Despeñaperros. Comienzo a dudar, compadre, que tras el último petardo que ponga el The End a la Romería del Rocío, con el olor a pólvora todavía suspendido en el aire, sin bajarse del carro ni arremangarse la enagua, se atreva de una vez a cruzar Doñana relinchando como una bacante y se plante en Madrid dispuesta a saltar la reja de Ferraz acompañada del Coro Rociero de la Hermandad de Sevilla que cantó en la boda de la Infanta Elena con Marichalar, rodeada de toda la troupe de almonteños haciéndole las palmas, y entre fandangos, tientos, soleas, tarantos y seguiriyas, se haga con las llaves del cortijo socialista. De ser así como imagino de divino, doy por hecho que sonarían más ‘olés’ que en el estribillo de la Salve rociera, viéndola taconear los juanetes en el felpudo del vestíbulo, embutida en un vestido de flamenca con lunares reventones de Victorio & Lucchino ajustado al body como el traje de neopreno de un buzo en el dique seco del poder aguantando la respiración para no tragarse un sapo. En el próximo ‘caucus’ sociata que está por venir, a Pedro le pueden pasar dos cosas: o le cantan por bulerías una de Camarón que dice «Al verte las flores lloran», o lo nombran Reina del Carnaval y lo sacan a hombros por la puerta grande, como un ninot indultat por fallas en tiempos de Rita la no cantaora porque se ha quedado muda, o como la pobre pava de Cazalilla que los lugareños acostumbran a arrojar a la plaza del pueblo desde lo alto del campanario, con las dos orejas de Mariano y el rabo de quien yo me sé, dicho sea sin señalar a nadie con el dedo corazón erecto, que es de mala educación. Mala baba es lo que hay que tener para seguir haciendo el cafre como la corporación que manda en la mastaba de Cibeles, con la alcaldesa Carmena, qué pena, al frente, qué mente, retorcida, que ahora le ha entrado la perra de desterrar los vestigios franquistas que hay en Madrid, incluyendo la placa de los fusilados que hay en la puerta del cementerio parroquial de Carabanchel, en memoria de ocho clérigos carmelitas ejecutados por milicianos y beatificados por el Papa. Es mucho más fácil combatir el problema del ojo seco que hacer frente al zagalerío inquisidor y analfabeto que rodea a la abuela. Si un servidor fuera ministro de Defensa en plan JEMAD, les donaría el portaaviones Príncipe de Asturias, emblema de la Armada, para que se entretuvieran desguazándolo y convirtiéndolo en chatarra, a ver si así se desfogan de tanta memez y dejan de joder la marrana de Cuerda, José Luis, ambientada en el siglo XV, pero que pareciera rodada mismamente en el día de hoy, de tanto gorrino ilustrado como anda suelto. Como si fuera ayer, el juez le ha dicho al tal Juan Pedro, míreme a la cara, señor Moltó; y el expresidente de la caja manchega intervenida y rescatada con 9.000 millones de talegos tuyos y míos, con una mueca en la cara de perdonavidas y haciendas que no se la aguanta, le ha dicho al de las puñetas: «Yo no llevaba las cuentas; era un animador social, la reina madre». Pues eso: más dura que el granito de Guadarrama, qué trama. Es cierto que la procesionaria del pino está causando estragos en los bosques, llenos de bolsones de orugas como las ojeras de los poetas muertos; pero hay que ver el daño que está haciendo a este país la plaga de canaperos y trincones. Comprenderás, hermano, que lo más decente de la semana haya sido el canalillo del escote de Susan Sarandon, pues hay más lujuria en la política española, orgía sin fin, que en la nueva edición de Playboy.

José Antonio Ruiz

Periodista

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)

+

3 comentarios