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POESÍA

Antonio Carvajal: El fuego en mi poder

domingo 07 de febrero de 2016, 18:20h
Antonio Carvajal: El fuego en mi poder

Hiperión. Madrid, 2015. 96 páginas. 10 €

Por Inmaculada Lergo Martín

El fuego no escapó nunca de las manos del poeta granadino –Premio Nacional de Poesía 2012– Antonio Carvajal Milena, que con su primer libro, Tigres en el jardín (1968), incendió el panorama de la poesía del momento por la fuerza y valentía de sus imágenes y por la exquisitez formal, que se alejaban con decisión de todo prosaísmo o “descuido” –inconsciente o buscado– en el quehacer poético. Un fuego que, en este nuevo poemario, ya alegre y juguetón, ya arrollador y pasional, o interior como el de una brasa, va propagándose verso a verso tras los encabalgamientos que tan magistralmente derrocha, convertido en emoción poética.

Una buena imagen para definir la poesía de Antonio Carvajal, la encontramos en este libro (aunque destinada a unas corbatas que le regalan): “Una seda inflamada”. Porque en el esteticismo que despliegan sus poemas hay mucha experiencia vivida; en torno al amor, la amistad y dolor, al renacer y a la muerte. Sus palabras no son “luz intocada”, sino realidad palpable; la aceptación, asumida con sabiduría en el transcurrir de los años, de la herida que siempre ha de acompañarnos: “Supo que más que el cuerpo duele el alma / –tan vaga, tan voluble– y que la calma / es latir sin consciencia del latido”. Una herida que no es ensimismada, o exclusivamente propia, sino una pequeña porción de la aflicción del ser humano. Así, por ejemplo, ante la tragedia de esos “por el mar vomitados, / negros de piel y hasta por Dios negados”, grita:

“De la bárbara Europa poco saben,

que, si un día del padre de los dioses

fue desposada, hoy yace

con el duro interés amancebada

y cava el egoísmo

en cada linde suyo atroz abismo

y aún el sol su aliado

secará los arroyos que difunden

con la sangre la vida

de que pronto los priva y a las ondas

los da como despojo. ¡Oh, cuánto pena

quien va de arena seca a húmeda arena!”.

El fuego en mi poder es un volumen heterogéneo en el que, en cuatro capítulos –“Madrigal y baladas”, “Soledad y elegía”, “Decires” y “Concierto grosso”– ofrece en su mayor parte composiciones de evocación (“Lo que llamaba mío ya es memoria”), en un ejercicio de recoger y replegar experiencias de la vida –como “ocios de la senectud y adecuaciones de la memoria” las presenta el editor–, en el que el valor de la amistad es la nota más constante (“pienso en vosotros, mis amigos próximos / que la distancia anuda, el tiempo trae / a un presente de igual afecto y plácida / contemplación”). Junto con el amor, un amor que se desborda, que lo inunda todo, apasionado pero contemplativo a la vez, contenido pero con el deseo, la lubricidad y el rebosar de los sentidos de la mejor tradición de la mística: “tarde la aurora nos halló dormidos, / tan juntos, tan ardidos, tan estrechos, / que apenas leve si el sudor cabía / entre tu piel suavísima y la mía. / Dudaba el sol de interrumpir tal gozo / y, pálido entre nieblas, tu reposo / cubrió de mí, temiendo despertarte”.

No existen por separado Antonio Carvajal y su obra, porque solo un buen soneto –“hijo esbelto del número y su canto”–, solo la poesía, como él mismo confiesa, “limpia la pena y el placer refina”. Fuera de este nuevo volumen, El fuego en mi poder, que la editorial Hiperión nos ofrece ahora, el resto de su obra –desde Tigres en el jardín hasta Un girasol flotante (KRK, 2012)– ha sido recopilada en una antología de recomendable lectura, Cuerpo lento del tiempo (Point de Lunettes, 2013).

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