www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JORNADA 23: GRANADA 1 REAL MADRID 2

Modric disimula la sangría táctica de Zidane y el Madrid sobrevive en Granada | 1-2

lunes 08 de febrero de 2016, 15:58h
Modric disimula la sangría táctica de Zidane y el Madrid sobrevive en Granada | 1-2
Ampliar
El gol de Modric en la recta final decidió un partido en el que el Madrid volvió a zozobrar en su falta de consistencia. La velocidad al contragolpe del Granada retrató los agujeros en el esquema de Zidane, que reproducen los vicios que despidieron a Ancelotti y Benítez. Benzema y El Arabi condujeron el envite a un desenlace incierto, producto de la ausencia de control madridista por mor del pobre desempeño defensivo colectivo.

Desembarcaba el remozado proyecto del Real Madrid en el estadio Nuevo Los Cármenes inmerso en una particular encrucijada: urgido por la prematura y merecida distancia con el Barcelona -siete puntos y un partido menos antes del pitido inicial- y necesitado de tiempo para que la algarabía ofensiva rezume una consistencia táctica que legitime como válido el giro de timón a mitad de curso. Arribaba el novato entrenador a su segunda visita a territorio acuciado por el desasosiego del descenso contemplando, en su retrovisor, los fantasmas de desidia que refrescaron la amargura en el Villamarín. Y lo hacía para medirse a la fiscalización de un Granada que exhala carácter y frenesí a falta de gozar de respiro en la tabla clasificatoria. Sin una pulgada que ceder, el último evento de esta jornada dominical estimaría la altura épica de los locales y el compromiso de los visitantes. La cercanía entre realidad e ideación relativa a las opciones de supervivencia en la élite de los primeros y lo utópico de asumir como válida la candidatura al título en este punto de calendario para los segundos. Sin complejos ni margen de error se desataba, pues, un combate de tinte agónico -aunque estemos empezando febrero-, eso sí, con favorito preclaro.

José Ramón Sandoval, motivador curtido en estas intesas lides, estructuró su apuesta con aspiraciones escurridizas. Conformó un cierre que estrenaba a Ricardo Costa -incorporación invernal- como acompañante de Lombán y disponía de dos laterales con matiz de carrileros –Lopes y Foulquier- para filtrar la sensación de amenaza. Esta percepción quedaba afianzada por una talentosa medular de ida y vuelta, sustentada por la pareja Rubén Pérez y Fran Rico y que tomaba velocidad con la movilidad y desborde de Success, Rochina y Peñaranda -venezolano de notable irrupción-. El gusto por el dinamismo de David Barral completaba un sistema que trataría de aprovechar la endeblez en el repliegue de su ilustre rival, creciendo desde el músculo central, el cierre ordenado y la creación amigable con la pelota. El Arabi, máximo goleador, aguardaría su turno a la espera de la evolución y cumplimiento de la hoja de ruta marcada para esta complicada empresa. La intensidad y la conducción hacia el caótico terreno físico del juego serían las líneas maestras andaluzas.

Zinedine Zidane escogió no modificar nada para afrontar este trascendental duelo. Los infortunios de Bale y Pepe se veían suplidos por James y Varane, de manera que la apuesta combinativa, que concibe el descenso de rendimiento en lo relativo a la cohesión sin pelota y el equilibrio como un daño colateral asumible, mantenía su vigencia para el técnico galo. Modric e Isco abrigarían a Kroos, Carvajal regresaba a la alineación titular y sobre Ronaldo y Benzema volvería a recaer la responsabilidad anotadora. Un año exacto después del 4-0 colchonero y posterior festejo de cumpleaños -concatenación tenebrosa que desnudó las aristas de la filosofía tendente a la autocomplacencia cuyos vicios no fueron suturados por Benítez-, el mismo vestuario recuperaba un caldo de cultivo táctico similar con el fin de demostrar -y demostrarse- que el rigor colectivo no está reñido con la acumulación de talento. La concentración en la vigilancia de la transición oponente y la precisión en la circulación y concreción de situaciones dictaban el guión de obligada atención para una obra en proceso de construcción, estadio compartido por la riqueza del bagaje de su preparador. Debía lucir mejor aplicación de los automatismos en repliegue para abortar la sangría estadística a domicilio, que, a su vez, confluye en la decrepitud de la fe merengue.

Se alzó el telón con la presumible salida vehemente del Granada. La presión elevada y los vatios inyectados a tal empeño constriñeron a un Madrid desprovisto de soluciones en el primer pestañeo. Toda vez que ambos contrincantes se acomodaron en el verde, pasado el cinco de partido, tendió el conjunto capitalino a la construcción de posesiones más prolongadas y horizontales, una voluntad que persiguió con afán y empezó a alcanzar, de manera sostenida, en el epílogo del primer acto. Benzema abrió fuego, en el entretanto, al rematar desviado y en escorzo el centro de Carvajal, que recibió habilitado la sensacional lectura de Modric. Esbozaba el mordisco el gigante en el minuto 7 de acción pero el capítulo inicial del enfrentamiento permanecería protagonizado por el mejor posicionamiento andaluz, cohesionado para taponar pases centrales entre líneas, que propulsó su ambición lanzando transiciones que descolocaban la estabilidad de la zaga madrileña. El mano a mano que detectó Navas, muy atento salvando a los suyos fuera de su arco, y que concluyó en gol bien anulado –por fuera de juego- a Peñaranda (18 años de personalidad y clase), avisó a propios y extraños de lo resbaladizo de la trama.


Evidenció confianza en su orden y salida el bloque granadino, valiente con el balón en cancha ajena, que dispuso sus líneas adelantadas al comprobar la escasa producción en el robo de pelotas del centro del campo visitante, con Isco y James desentendidos de sus labores de ayuda, hecho que amortiguaba el efecto de conformar un 4-4-2 en fase defensiva. El ascenso territorial entreveía riesgos a la espalda y James lo explotó con celeridad a través de un pase al espacio que colocó a Ronaldo con una hectárea de solitario camino hacia la meta rival. El luso cruzó un escorado intento que lamió el poste. Sin embargo, confirmando el paisaje de incertidumbre, Success penalizó la pobre tensión del repliegue merengue, sentó a Isco en el pico del área y, sin oposición, atravesó demasiado su disparo -minuto 14-.

Cruzado el 20 de juego, el Granada discutía ya el control del tempo y del cuero. No presionaba arriba pero lanzaba cuatro o cinco piezas al contraataque, complicando el intento de imposición del ritmo madridista. Sin frecuencia de recuperaciones le resultaba imposible establecer un soliloquio del balón y de las sensaciones. Success (empotrado en la cal derecha) y Peñaranda (apostado en el perfil izquierdo) significaban el constatado peligro constante tras pérdida. Sin fluidez en la asociación, con la posición de mediapunta vacía, buscaba el Madrid, de forma insistente, granjearse superioridades en banda, con Marcelo y Carvajal sumados al centro del campo. Sin embargo, el efectivo sistema de Sandoval neutralizaba los avances planos, que adolecían de la velocidad combinativa adecuada para sacar rédito a dicha fórmula. Modric y Kroos no batían líneas por incomparecencia de Isco y James, que ocupaban el mismo espacio que Ronaldo y Benzema, redondeando el tapón central auto-infringido. Mientras tanto, el repliegue del coloso sollozaba, salpicado de agujeros por falta de ardor en la cobertura lateral de los interiores, sin salir victorioso de balón dividido alguno, lo que patrocinaba la ganancia de seguridad en la circulación nazarí. De este modo, el Madrid no llegaba a delinear el tipo de partido con pelota imaginado ni a eludir la inestabilidad en retirada. Las imprecisiones gobernaban el envite en este tramo de escasa lucidez y espectáculo.

Cuando el duelo se acercaba a la media hora y se enfangaba el recorrido en el centrocampismo, la pegada acudió al rescate la entidad de Concha Espina. Isco dibujó un envió clarividente que leyó el espacio ganado por Carvajal -tras amortizar la espalda de Peñaranda y con la subida desatinada de Foulquier mediante- y el lateral cedió al centro del área. Desde allí, desmarcado, Benzema abrió el marcador a placer. Corría el minuto 30 y hacía caja el equipo visitante al castigar el primer desajuste local y aprovecharla pensada incorporación sorpresiva de los carrileros. Se acercó a la meta de Navas sin traducir la aproximación en remates el bloque nazarí y los pupilos de Zidane, plomizos en ambas fases, encontraron la ruta idónea para abrir el marcador y condicionar el resto de partido. El escenario forzaba al Granada a ejecutar una reacción psicológica considerable, ya que el sistema madrileño alzó la altura de sus piezas para presionar arriba.


Con el 0-1 inscrito, la solución de los andaluces, instantánea, tomó forma al lanzar a sus extremos hacia el contragolpe, una argucia que repiqueteaba en la pobre coordinación de los obreros merengues en la vigilancia tras pérdida. El intercambio de directrices evidenció la tratativa del conjunto dirigido por Zizou, que batallaba por degustar la escena que les resultaba más favorable de manera definitiva. Quiso, con todo a favor, anestesiar el ritmo a través de un manejo prolongado y horizontal de la pelota, presupuestando la gestión de la ventaja, el cansanciola de la idea reactiva granadina -que avanzó metros en la presión, dejando espacios a su espalda- y la cosecha de la sentencia por el cauce de los pases profundos y los desmarques de ruptura de un centro del campo, al fin, cómodo.

Pero, el movimiento del tercer clasificado, fuera de diana en la asunción rotunda del monopolio del devenir del juego, continuó viéndose erosionado por la dificultad para cerrar y juntar las líneas, variable que nunca trompicó las elaboraciones por los costados andaluces. Este déficit no generó una mayor indigestión a Navas debido a la pobre precisión en el último pase en tres cuartos de cancha. Fue encontes cuando quedó remarcado que sigue sin saber sufrir ni defender un colectivo al que no envuelve el trabajo táctico ni la participación de un destructor en la medular. Así, Rochina lanzó a las nubes y nadie llegó al remate por poco al centro de Lopes, solo en el área grande tras recibir el resultado de una sencilla pared. Isco, elemento paradigmático del giro de filosofía, respondió subrayando las virtudes del sistema desde el prisma atacante para chutar por encima del larguero en la acción consiguiente –minuto 44-. Bajo este paraguas de ventaja coyuntural visitante se dirigió a vestuarios el Granada con argumentos para creer en su apuesta, ya que habían logrado amaestrar la superioridad técnica del oponente. Y sobre una dinámica similar arrancó la reanudación.

Lo hizo esbozando el paso al frente del Madrid, entendido con perspectiva como un espejismo. Alzó el ardor táctico y posicional el bloque visitante para ganar consistencia y encerrar a los locales. No obstante, la relación de llegadas se disparó en este intervalo inicial de segundo acto. Así, Modric lanzó una soberbia volea que Andrés envió a la esquina y Benzema encontró el lateral de la red antes del minuto 55. El punta francés, de hecho, dispuso del 0-2 tras un pase sensacional del cerebro croata -pieza nuclear merengue-, pero el otrora guardameta de Osasuna tapó el mano a mano sosteniendo a los suyos en una opción muy clara, de resolución influida por la exhibición de reflejos. En paralelo, el ascenso de intensidad desarrollado por el necesitado Granada terminó por equilibrar las fuerzas. El aspecto cerrado del combate obtuvo su solidificación tangible en el testarazo de Barral que despejó Navas –en vuelo y palomita- a la salida de un córner y en la infructuosa prueba de Rochina, que no dirigió su chut entre palos.




Avanzó el minutaje del partido interpretando mejor la apuesta andaluza. La aceleración en transición nazarí mutó hacia cierta comodidad con pelota y en estático. Todo ello sobrevino con el Madrid, de nuevo, partido: zaga encerrada en su área, centrocampistas regresando a destiempo, Kroos y Modric desbordados y la línea ofensiva exenta de las labores más grises de este deporte. Esto esfumó la intención monopolística y alimentó una batalla sin pausa ni concierto. Decidió Sandoval renovar el nombre y el rol de su delantero referencial y Barral dejó paso a El Arabi. Y la elección, providencial, obtuvo resultados de inmediato, aunque de manera tan inesperada como rocambolesca. Predeterminada era la presión coordinada que ahogó la salida de Modric. Imprevisible resultó la trayectoria del colegiado, que separó al croata de la pelota en su desesperada conducción y le "robó" con limpeza la posesión entregando el cuero a Rochina. El centrocampista granadino cedió al punta marroquí, que batió a Navas con venenosa categoría en el minuto 60.

Se abandonó al rol pasivo un Madrid que se sorprendió congelado con las tablas en el electrónico. La fuerza de convicción y ritmo locales empataron el partido y llegaron a alcanzar un segundo tanto, anulado por fuera de juego en el enésimo apagón de concentración en una jugada de balón parado del bloque de Zizou. Atravesaba el peor trance del desplazamiento el conjunto capitalino, incapaz de encontrar su identidad y al borde de la salida de eje por la ruptura táctica en el cierre de los contragolpes puntiagudos andaluces. James –muy irregular- dio entrada a Jesé, pero no recuperaría su orquesta la claridad con pelota, salvo Modric, con Ronaldo en su versión más desacertada –lento en cada lance, tendencia este curso-. La ausencia de equilibrio se sumó a la amalgama de ingredientes que igualaron el ratio de posesión y cercenaron la añoranza de ejercer el papel dominador control del partido. Lo incierto de la inercia se escenificó en el cuatro para tres, con superioridad local, del que dispuso un Granada impreciso.

El desconcierto madridista conducía la desconcentración al saberse en una lucha contrarreloj. Las sustituciones postreras -Krhin por Fran Rico, Doucouré por Peñaranda y Kovacic por un intermitente Isco- aliñaron un capítulo final que exigió épica y rigor al cierre andaluz y genialidad al respingo visitante. Ambas condiciones terminaron por entregar oxígeno al Balón de Oro de 1998, que decidió finalmente otorgar protagonismo al músculo en el centro del campopara recobrar el rictus -aunque esto supusiera exponerse a la acidez de la crítica de ortodoxia ofensiva-. Las botas de Modric rescataron la huida hacia adelante del club de Chamartín a través de un cañonazo a la escuadra desde la frontal –minuto 84-. La inclusión de Matteo liberó a Luka -inmenso en la aridez representada por sus compañeros de línea- y éste adelantó su escaño al de llegador, confirmando el acierto en la lectura efectuada desde el banquillo. El canto del gol decisivo bajó los brazos de la vigorosa actuación del decimonoveno clasificado, reducido en el desenlace al encierro inducido por las posesiones prolongadas merengues. No hubo tiempo en el asfixiante esfuerzo para más chispazos que la celebración local por la comprobación de la propia potencialidad. No en vano, un par de desajustes coyunturales evitaron el hito. Por contra, no cabe más sonrisa que la estadística para la candidatura venida a menos -confirmado el agravante del sinsabor experimentado en la luxación de hombro del errático Marcelo-. Lo acontecido sobre la hierba granadina podría representar un autorretrato fiel de la volcánica planificación o un paréntesis en la firme evolución filosófica. "Me quedo con la victoria, con los tres puntos, que eran muy importantes, y ya está", confesó el ex entrenador del Castilla. Los tres puntos, necesarios para seguir respirando en el armisticio presente, parecen suficientes. De momento.

Ficha técnica:
Granada: Andrés Fernández; Miguel Lopes, Ricardo Costa, Lombán, Foulquier; Rubén Pérez, Fran Rico (Krhin, m.78), Rochina; Peñaranda (Dux, m.80), Success y Barral (El Arabi, m.59).
Real Madrid:
Keylor Navas; Carvajal (Nacho, m.87, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Kroos, Modric, Isco (Kovacic, m.78); James Rodríguez (Jesé, m.61), Benzema y Cristiano Ronaldo.
Goles: 0-1, m.30: Benzema. 1-1, m.60: El Arabi. 1-2, m.86: Modric.
Árbitro: Gil Manzano. Mostró cartulina amarilla a los locales Miguel Lopes, Rubén Pérez y El Arabi, y a los visitantes Sergio Ramos y Carvajal.
Incidencias:
20.000 espectadores asistieron al partido correspondiente a la vigésimo tercera jornada de Liga, disputado en estadio Nuevo Los Cármenes.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.