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DESDE ULTRAMAR

¿Qué adeuda el Papa a México?

jueves 11 de febrero de 2016, 19:51h
Aquí casi lo tenemos ya, no obstante que la Santa Sede afirmara años atrás que en 2016 el papa Francisco no visitaría América Latina. Que aunque se dijo en los corrillos que no visitaría ni Argentina, su patria, ni México, porque ambos gobiernos, el de Cristina Fernández y el de Peña Nieto, planeaban descaradamente usufructuar tales posibles visitas para canalizarlas de forma arribista en provecho propio. Que pese a que el gobierno Peña Nieto exhibió un nulo sentido de la mesura y de la oportunidad, con una imprudencia mayúscula, grosera, impertinente, invitando a venir al menos en ¡5 ocasiones! al romano pontífice, hasta el grado de atosigarlo, no pudo imponerle la agenda ni itinerario ni la fecha y el gobierno mexicano ya se muestra incómodo y no sacará raja fácil.

Porque frente al extravío y la impopularidad de Peña Nieto, situado ante una economía que se desbarranca y a la que no atiende, no reacciona, porque no sabe cómo hacerlo, le apremia tomarse una foto con Francisco a como diera lugar. Y sépalo, al Papa no le urge una foto con Peña Nieto. No está necesitado de ella.

El viaje papal a México, del 12 al 17 de febrero de 2016, va antecedido de un hecho histórico: el sorpresivo encuentro con el primado de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo, a su paso por Cuba, ambos de gira apostólica con sus respectivas feligresías. La primera vez que sucede tal acercamiento en más de un milenio, no es cosa menor. La reticencia ortodoxa cede y la celebramos. Los cristianos enfrentan retos tan diversos como la persecución islámica donde son minoría y valorarán el juego de ajedrez de la geopolítica del Kremlin, que lo confronta todo. Roma se reúne así con la “tercera Roma”, Moscú, esa que advertía que no dejaría la posibilidad de que hubiera una cuarta Roma. Y lo ha cumplido.

La visita de Francisco a México es peculiar por un sinfín de elementos que ameritan enlistarse. Sucederá en plena Cuaresma, en un Año Santo extraordinario, el de la Misericordia –que ha marcado el discurso pontificio previo al periplo mexicano, insistente en que es lo que lo mueve y motiva–; que se trata de un pontífice americano, iberoamericano, hispanohablante, suponemos que cercano por afinidad cultural y no solo por un asunto de fe. Ha causado expectativas. Yo mismo no sé si la gente se volcará entusiasta o será una visita más y punto. No poseo una bola de cristal. Francisco no se amilana ni se disminuye. Ha demostrado que no teme tocar los temas que son más incómodos y poléstioma de los enormes recursos que de siglos ha trasladado al solio pontificio. su espaico de confort. Mientras tenga en sus mamicos. Eso me agrada porque guarda relación con el posible tono elevado, reclamante, firme, requirente, demandante que muchos deseamos de su recorrido.

El Papa acude al segundo país con más católicos del mundo, cosa apabullante, pero que no casa con su casi nulo peso en Roma solo por serlo y que ni ella ni la propia Iglesia mexicana los han dotado con mayor presencia en la dirigencia clave de la Iglesia universal. Apenas 5 cardenales que no casan con la ingente población católica mexicana. Pienso que ello obedece en parte a que la propia Iglesia mexicana ha vivido cómodamente en su espacio de confort. Mientras tenga en sus manos el santuario mariano más recaudatorio del planeta, quizás no requiera mirar más allá. La lejanía no es un referente y Roma está muy lejos. Falta ambición de cambio en ella. Eso le resta peso a la Iglesia mexicana en Roma, como se lo ha restado por muchos siglos. Lástima, por los enormes recursos que por centurias ha trasladado al solio pontificio. Quedará la fe como consuelo.

La séptima visita de un pontífice a México tiene peculiaridades. Ha movido millones en economía, con ganancias para gente de toda condición. El que se pone vivo, gana. Por humilde que sea. Se ha manifestado la organización de los obispados, la convocatoria al voluntariado de apoyo y la recaudatoria para sufragar los gastos, efectuada desde el episcopado. Se nota movilización, organización, involucramiento, cosa antes más discreta y por lo tanto, sujeta hoy a dudas acerca de cómo se paga y quién patrocina los viajes papales. Sí, el Estado mexicano laico también ha invertido, con elevadas ganancias a muchos más.

Como se nota, se intuye que el otrora cardenal Bergoglio ha definido la agenda y no el gobierno Peña Nieto, pidió propuestas para visitar sitios nunca antes recorridos por un papa. Yo propuse Acapulco, puerto de enlace para la evangelización en Asia. No quedó. Al final, visitará otros puntos neurálgicos, difíciles. Y se anticipa de pronóstico el tono de su mensaje. Se sabe que no se reunirá con víctimas de sacerdotes pederastas ni con los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa.

Recibirlo en el Palacio Nacional, donde murió Juárez y símbolo del gobierno de un país que libró cuatro guerras para arrebatarle el poder terrenal a la Iglesia católica, sin comprometer su fe practicante, no es poca cosa. Prometió postrarse ante la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, honrando a la emperatriz de América, patrona de Hispanoamérica y reina de las Islas Filipinas. Va a Ecatepec, tierra muy afectada por el desgobierno en que la dejó Peña Nieto cuando fue gobernador de la entidad a que pertenece. Va la fronteriza Chiapas, la zapatista, la entrada deI Islam a México, la rica entidad empobrecida por los malos gobiernos y de una fe indígena muy acendrada a donde llegarán los vecinos centroamericanos para encontrarlo. Va a Michoacán, castigada por la violencia del narco y a la que ha dotado recién en el último consistorio, de un nuevo cardenal. Y rematará en Ciudad Juárez, la conflictiva ciudad fronteriza del norte, que es ante todo paso de migrantes ilegales, muchos rechazados en Estados Unidos y otros que pasan con más suerte, atrayendo el Papa a muchos paisanos que se acercarán desde allá a la frontera para escucharlo; frontera que García Márquez llamó “error de Dios”.

Promete ser un viaje que no deje indiferente a nadie. Y sí, hay esperanzados y detractores. Lo normal. Y entonces ¿qué le debe el Papa a México? Acaso una explicación más firme sobre haberse decidido a emprender este viaje. Quizás abrir Roma, sus puestos claves, a una iglesia mexicana militante y proveedora de recursos, aprovechando su pontificado. Acaso Su Santidad podría valorar mejor cómo crear condiciones más favorables para enjuiciar pederastas, de haberlos en la Iglesia mexicana, que requiere una feligresía más actuante, denunciante, vigilante, como lo son otras feligresías católicas. Y estoy convencido de que el Santo Padre debe ser contundente en sus discursos y mensajes en este viaje apostólico. Fue sensible a la realidad difícil que los obispos mexicanos le mostraron en su visita ad limina apostolorum de 2014. Que no se deje engatusar por Peña Nieto. Muchos fieles apostamos por su astucia. Si es firme, se granjeará el favor de muchos, aunque incomode al gobierno Peña Nieto. Por mí, que lo incomode y le de un mazazo bien plantado. Se lo merece.
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