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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

The Spanish Zootrópolis

viernes 12 de febrero de 2016, 20:21h
La última España nacerá bajo el signo del mono, metáfora premonitoria de la horda de babuinos que se han escapado de la jaula y vienen dispuestos a cobrarse la venganza, como en El planeta de los simios, pero en plan borde. Parafraseando a Donald Trump (de quien el abajo firmante sólo envidia el apellido de lencería que tiene el muy granuja), si nadie lo remedia –que no parece ser el caso-, vamos a ver cosas que van a ir más allá del «ahogamiento simulado» de España, país en peligro de extinción, como el pobre lince ibérico.

La desternillante secuencia del camarote de los Hermanos Marx de Una noche en la ópera, va a ser una broma comparada con las memorables escenas que están por filmarse en la sala del Consejo de Ministros del Politburó presidido por Pablo y decorado por su consorte, un tal Pedrooo, en el papel estelar de reina madre, dama de compañía. El éxito en taquilla está asegurado. Y el descojone también, aunque maldita sea la gracia.

El zapaterista sin talante cumplirá años bisiestos el 29 de febrero y en lugar de soplar las velas se quiere dar el capricho de ser Premier; al día siguiente, 1 de marzo, Santo Ángel de la Guarda, Otegui abandonará la cárcel de Logroño, qué coño, jaleado por las ‘marion-etas’ del flequillo al hacha y la serpiente; y el día después, coincidiendo con el aniversario de la expropiación de Rumasa, Isabel Pantoja saldrá de chirona en libertad condicional, tarareando Me estoy muriendo a chorros, como esta España boqueante que está más muerta que viva.

Mundo canino. En plenas negociaciones para la investidura, me entero que la clave está en acertar a la hora de elegir la raza de perro adecuada: no es lo mismo agenciarse como mascota un chucho de guardia, tipo rottweiler, dóberman o mastín; que decantarse por una raza de compañía, en plan pequinés, dálmata o chihuahua; o que apostar por un perro de caza, mismamente un dogo o un setter irlandés.

Rebelión en la granja, ocurrente fabulación de Orwell a cuenta del daño que el régimen soviético de Stalin infligió al socialismo. Lo que menos podíamos barruntar, es que medio siglo después acabaríamos pagándolo de rebote los pobres parias de esta Casa de la pradera que se cae a trozos como la cabaña de paja del benjamín de los tres cerditos.

Cuaresma, tiempo de ayuno y abstinencia, cuarenta días con sus cuarenta ‘noes’, los mismos que necesitó Jonás para alcanzar la penitencia y el perdón. Hace tanto tiempo, que ya nadie recuerda si ha habido en el PSOE alguien que haya vuelto a repetir, después de Indalecio Prieto, que «lo primero es España».

No sé por qué, pero me da a mí que Pablo Iglesias (tan inapropiado el nombre como el surname) está mucho más interesado en tomar al asalto el gallinero nacional que en convertirse en el abanderado del equipo olímpico español en los Juegos de Río.

Pastillas contra el desamor por San Valentín. Mariano y Pedrooo, Incompatibilidad de caracteres. Como canta Sabina, «Setenta veces siete lo intenté; si me largo para siempre es porque no puedo más».

Como se descuiden los pichones del PP, acaban en la pajarera del Hemicirco, a la altura del palomar, ahora que la Mesa del Congreso ha apeado a los gorriones de Podemos de la azotea para asegurarles una ubicación que les garantice los minutos de gloria televisiva que tanto necesitan para sus perfomances dentro del encuadre catódico.

Quiero que sepas, España, que me sabe mal verte así, como le «sabe mal» a Paco Homs, el escudero de Arturo, ver a Pujol arrastrarse por los juzgados, habiendo sido lo que ha sido, inclusive hasta “español del año”, mientras su criatura, Jordi Jr. sale de la Audiencia Nacional arrastrando la trolley, donde el muy previsor llevaba unos calzoncillos por si acaso el señor juez le enviaba al calabozo en lugar de limitarse a retirarle el pasaporte. Es de suponer que los seguratas le registraron el equipaje, no fuera a ser, por si acaso, pues está la cosa para no fiarse ni del caserío.

Los mensajes interestelares suelen tardar 434 años en llegar a su destino, según los astrónomos que saben de esto un huevo cósmico. Con la cruzada contra la corrupción debe suceder algo parecido, o sea, que las misivas todavía no han llegado a oídos de los extraterrestres.

Por unas orejas les entra y por las otras les sale. Puertas giratorias con tirabuzón y medio. Las dos últimas en cruzarlas, dos exministras, Giménez, Trinidad, y Salgado, Elena, flamantes fichajes de Telefónica dígame y de Nueva Pescanova. Por la boca muere el pez. Bien que se nota que vuelve el PSOE, al grito de ¡Colócanos a todos, Felipe!
En la perrera nacional no se habla de otra cosa: o de purgas o de piojos. Con tanto llamamiento a la regeneración de la degeneración, los unos no acaban de ponerse de acuerdo en la manera de desparasitar al chucho; y los otros, siempre tan propensos a los eufemismos, prefieren hablar del ‘centro de protección animal’ que está por inaugurarse en Moncloa, en plan experiencia piloto a otros que están por venir en Zarzuela y el Pardo. Los unos descuidaron las tareas de mantenimiento de la fosa séptica, y ahora no se atreven a limpiarla por miedo a que una deflagración de gas metano, en plan petardazo, se lleve la carpa a tomar por el saco. Y los otros se han convertido en un peligro para la democracia, porque han asumido su papel de marionetas en el sórdido espectáculo de títeres donde todos vamos a ser polichinelas.

Difícilmente puede pintar peor el panorama que está por venir, compadre. Bueno, sí: Carlos Dávila vuelve a TVE y la última final de la Copa del Rey podría jugarse en el Calderón porque Florentino, ese ser superior, ha quedado ya con los albañiles para alicatar el vestuario merengue.

Dani Rovira, el gracioso de moda, se lamenta de que no le ha merecido la pena presentar la Gala de los Goya (me ahorro la rima con falta de ortografía). Y algunos estamos comenzando a pensar que tampoco es que traiga mucha cuenta seguir siendo españoles o haber nacido neandertales en lugar de perros, estando el solar patrio para echarlo de comer a los leones de San Jerónimo, Padre de la Iglesia ahora que de nuevo comienzan a correr riesgo los campanarios.

José Antonio Ruiz

Periodista

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