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El silencio de los buenos

domingo 08 de junio de 2008, 20:34h
ETA celebró ayer su 40 aniversario como sólo ella sabe hacerlo. Poniendo un bombazo en la garganta de la sociedad, la rotativa de un periódico. Son los detalles, la lectura entre líneas, lo que retrata a las personas o entidades. Atentar contra un medio de comunicación es una representación clara del afán amordazador de una banda de asesinos que lleva 40 años asesinando, coaccionando y acallando la voz de todo un pueblo, por el que, irónicamente, dice luchar.

Lo más preocupante, sin embargo, no es que exista un grupo de mafiosos que pretenda imponer su visión del mundo como única posible. Lo más escalofriante no son las bombas, las pintadas amenazantes, las cartas de extorsión o los tiros. Lo que más miedo da de todo es el perverso síndrome de estocolomo de la sociedad vasca. Los culpables no son quienes agraden, sino los agredidos. Retirar calles dedicadas a asesinos etarras es un acto “impositivo y retrógrado”, que sólo sirve para enrarecer y alargar “el conflicto”. Denunciar en voz alta que existe un horripilante déficit democrático en las calles vascas o, simplemente, que temes por tu integridad física o la de los tuyos, es “antidemocrático” y “fascista”. Por el contrario, manifestarse en contra del TAV horas antes de un oportuno atentado contra la empresa concesionaria, anteponer los “derechos” colectivos de un territorio a los del individuo u homenajear a un asesino es el sumun de la modernidad, el progresismo y la democracia. Y lo peor de todo es que acabamos asumiéndolo, acusando de “frentistas” a quienes expresas su molestia ante las amenazas y mostrando nuestra indulgencia ante aquellos que, en el fondo, no dejan de ser unos “románticos gudaris”. Así, los asesinos pasarán otros 40 años más ejerciendo su reinado, mientras los “buenos” les censuramos con palabras, pero los alentamos con silencios.
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