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JORNADA 16: SPORTING 1 BARCELONA 3

El Barcelona seduce al Sporting para dispararse en el liderato de la Liga | 1-3

miércoles 17 de febrero de 2016, 20:24h
El Barcelona seduce al Sporting para dispararse en el liderato de la Liga | 1-3
El sistema de Luis Enrique no falló y maduró al huidizo conjunto asturiano en un ejercicio rotundo de posesión. Messi y Suárez decidieron el enfrentamiento con una amalgama de fosforescencia técnica que sitúa al Barça en el carril directo de campeonato. Con este serio triunfo, los azulgrana abren un acantilado con sus perseguidores: el Atlético, segundo, ya está a seis puntos y el Madrid, tercero, a siete.

El Molinón gijonés acogía este miércoles la clausura de la jornada 16, fijada para el 20 de diciembre y aplazada hasta esta altura del calendario debido a la celebración japonesa del dominio culé en la pasada temporada. Desembarcó el Fútbol Club Barcelona en esta descontextualizada cita inmerso en la resaca de la bacanal estilosa en que convirtió el partido ante el Celta del pretérito fin de semana y la pragmática frialdad con que los puntos han ido filtrándose a domicilio. No obstante, los últimos triunfos como visitante en Málaga y Valencia costaron lucidez a la fase ofensiva y más sudor en repliegue del esperado. De hecho, el rocambolesco empate sin goles cosechado en Cornellá cerró una serie de tres empates en cuatro duelos lejos de la Ciudad Condal. Así pues, ante un Sporting urgido por su posición en la tabla clasificatoria y con la mirada fija en la potencialidad de distanciarse a seis puntos del Atlético y a siete del Madrid -hoy afanado en la competición que maquillaría el deshilachado proyecto deportivo merengue-, los líderes afrontaban esta empresa un tanto resbaladiza.

Abelardo Fernández se vio obligado a diseñar una apuesta de circunstancias a pesar de medirse al coloso por excelencia del balompié internacional. Las ausencias de titulares nucleares como Sanabria –máximo goleador-, Bernardo y Ndi condicionaban la nómina de peones pero el técnico asturiano trató de no virar un estilo con querencia del cuero. Este partido es para "sufrir", pero "también hay que disfrutar", declaró el Pitu en la previa, y lo argumentó también sobre el verde. Mascarell y Cases –que gozan de claridad asociativa- figuraban como encargados de sostener el alegre esquema, Halilovic recuperaba su rol de enganche creativo, con Pablo Pérez y Menéndez destinados a buscar las cosquillas al achique visitante en base a su desequilibrio exterior. Castro completaba una ambiciosa alineación que se vería afianzada al equilibrio por la vía de la solidaridad, las ayudas y la cohesión interlineal. La precisión con la pelota y el rigor paciente en el orden marcarían la supervivencia astur al igual que la altura de los laterales, Canella y Lora. Debía mostrar capacidad de acomodo a la contemplación continuada.

Luis Enrique, por su parte, decretó para esta trascendente vuelta a casa la oportunidad para esbozar rotaciones en su estructura. De este modo, Alba -reposo aconsejado- y Alves –decisión técnica- cedieron su escaño a Aleix Vidal y Adriano; el jefecito Mascherano gozaría de respiro al igual que el desgastado Iniesta, lo que significaba la titularidad de Mathieu en el centro de la zaga y de Arda Turan en el núcleo de las operaciones de un centro del campo cimentado en la pareja Busquets-Rakitic. La única línea que permaneció impermeable al reparto de descanso resultó la iluminada, la del tridente. Messi, alternado entre la atribución generadora y la finalizadora, ejercería como perforador central ante la movilidad complementaria de Neymar y Suárez. Tampoco padecía matiz la filosofía de juego. El compás de horizontalidad y verticalidad en la gestión del esférico y el nivel de la atención tras pérdida condicionaría el despliegue visitante. Viajó para arrancar tres puntos de su aguerrido oponente y lo delineó en su guión monopolístico. Se trataba, pues, de reproducir el acostumbrado ejercicio de circulación y mordisco en transición sin desatender la vigilancia a la contra oponente, la principal fuga de puntos este curso del vigente campeón.


El icónico magnetismo que contempla el estilo del Barça influyó, con celeridad, en el paradigma al que se ceñiría el combate. Los catalanes impusieron el fútbol combinativo que le es familiar y el Sporting buscó acomodo en el repliegue y salida, en la definición global del cariz de partido. Infligió una disposición vehemente al juego controlado el club azulgrana, en un movimiento que trataba de anestesiar el pretendido arranque frenético gijonés y, a su vez, conducir las sensaciones hacia un soliloquio que ganaría empaque con la acumulación de minutos de predominio. Los pupilos del Pitu, abocados al balance arrinconado de sus efectivos ante el patrón de actividad sobrevenida, no alcanzaban a enmendar el paisaje de ahogo. El avance sostenido localizaba a Messi y Arda descolgados en el perfil central, con los laterales sumados a la asociación coral en el intento de la ofensiva de desatascar por el interior o exterior. Sin embargo, la intensa doble línea de cuatro obreros edificada en el balcón del área local consiguió colapsar las argucias medulares, incomodando la estancia visitante en el último tercio de cancha.

Lo cerrado de los presupuestos de ambos púgiles redujo los espacios y el bagaje productivo de ocasiones de remate. El cañonazo desviado que Rakitic enganchó desde segunda línea –minuto 2- abrió fuego y el contragolpe filtrado por el Sporting, identitario de lo que manifestaría el enfrentamiento, estrenó la intranquilidad de Bravo en el minuto 9. Condujo de manera fulgurante Halilovic, que terminó por encontrar el mano a mano entre Menéndez y Piqué. El punta local cruzó desde la frontal un chut que lamió la madera del meta chileno, en el único atisbo de respiro registrado por los asturianos. El escenario comprimido de dominio extremado catalán y escasez de oxígeno para amenazar contras que caracterizó el primer cuarto de hora del bando local no cedió su pulso con facilidad. Desprovista de puntos de inflexión, la trama tan sólo encontró un atisbo de descompresión en la esclarecedora visión de Neymar, que concibió el desmarque de Suárez entre la espalda de la retaguardia rival y el portero. El uruguayo marró el mano a mano con Cuellar destacado como astuto taponador. Corría el minuto 20 y parecía acelerar la velocidad y orientación vertical un Barça que patrocinaría, por sus virtudes y aristas, cinco minutos de delicioso alboroto.

Leo Messi, que había tratado de desequilibrar la red de ayudas centrales gijonesas sin revelar agujeros, encaró su abrasiva conducción a tres rivales, se hizo hueco al galope de su rapidez en espacios reducidos y chutó desde media distancia un lanzamiento inspirado que se coló ajustado al poste de Cuellar. Golpeaba primero –minuto 24- el sistema de Luis Enrique, que había cultivado con inteligencia su acaparamiento del tempo para cosechar réditos consiguientes a la absoluta cesión de metros local. Pero, para enriquecimiento de la competitividad del encuentro, desnudó a continuación el conjunto visitante la decrepitud que le condena circunstancialmente. La soberbia respuesta del Sporting, que varió su ambición posicional de inmediato, arribó alimentado por un impreciso centro desde la izquierda de Adriano. El balón suelto lanzó una transición fulgurante que descompuso el repliegue culé, partido por la valentía posicional que le es propia y con Busquets, la boya, superado. Pérez propulsó el movimiento, Menéndez cruzó un envío quirúrgico desde la izquierda y Castro empató en soledad y desde el segundo poste -minuto 27-. Evidenció sus picos y valles el candidato a revalidar todos los títulos imaginables, aupado por el factor diferencial que representa la calidad y penalizado como consecuencia de la autocomplacencia dominadora.

Parecería descubrirse el Sporting, entonces, en condiciones de hacer daño al coloso. Ahondó en su intencionalidad irreverente y alzó de manera prolongada sus líneas. Quiso discutir con sus argumentos combinativos de manera definitiva, y alcanzó un rebate digno que le inyectó aire a sus pulmones y temple a su esforzada concentración de achique. Sin embargo, el coraje coyuntural le costaría a los asturianos la comprobación de la riqueza del libreto de Lucho. Asumió las tablas y el salto de página el Barça cediendo metros y afilando su contraataque. Y obtuvo resultados de su camaleónica actitud con creces. Messi y Suárez dibujaron una serie de paredes en el interior del área y rodeados de contrarios en el 30 de juego. El charrúa compareció hasta línea de fondo, ganó el cuerpeo con su par e identificó el desmarque de La Pulga, que se coló entre los marcadores rojiblancos para poner en la escuadra el segundo tanto barcelonés.

La densidad previa se abandonó a un intervalo goleador espectacular que patrocinó el advenimiento del panorama con que los contrincantes entrarían a vestuarios. Los pupilos de Abelardo no entregaron su voluntad a un nuevo calabozo forzado de exclusividad en la posesión culé. El efecto consiguiente, que granjeó más espacios para el vuelo de la clase visitante, provocó el surgimiento de Neymar, relamido al encontrarse con unos contra uno al fin. El brasileño rozó la sentencia en el 31, con un chut que se estrelló en el palo largo desde el pico del área, y en el 36, después de juguetear con Lora, desbordar en exuberante cambio de ritmo y chutar demasiado atravesado. Los cinco minutos de desconcierto y apertura mutua de oquedades que convulsionó el electrónico (1-2) abrió paso a la reconversión de la relación de fuerzas, que viró la asimetría inicial hasta una equidad que obligó al Barcelona a restar frenesí a la apuesta de ida y vuelta para cerrar el primer acto con la pelota congelada.




Sin sustituciones en liza, la reanudación reactivó el enfrentamiento con el brío inherente al descanso. Así, el Barça retomó su hoja de ruta dominadora, con multiplicación de piezas en la participación de la circulación en cancha ajena. Pero el Sporting no se resignó a reproducir el papel de sujeto pasivo del devenir, y apostó por ampliar la directriz de adelanto táctico que le había conducido a ganar protagonismo e inquietar al otrora director de la acción. El susurro de asedio entregó a Piqué la opción de ejecutar una chilena, que finalmente concluyó sin consecuencias. Los avances catalanes volvían a amenazar con asociaciones que encumbraban a Neymar, Suárez y Messi. Pero, ahora sí, encontró el equipo local lógicas de respiro y aproximación organizada a la meta de Bravo. No obstante, el chileno detuvo el primer acercamiento notable del segundo tiempo, en las botas de Mascarell. El serio mediocentro se descolgó en una asociación asturiana para chutar desde segunda línea sin oposición –minuto 52-. Alzó líneas y presión el club que intenta salir del pozo clasificatorio y alcanzó el cortocircuito momentáneo de la fluidez horizontal barcelonesa. Pero no hizo lo propio con el repiqueteo de llegadas puntiagudas. Suárez marró su intento de vaselina ante la reacción acertada de Cuellar –minuto 55-.

Esta última variable, la de las fisuras en la contención adelantada gijonesa, conllevó el trastorno que zanjaría las opciones de su orgulloso rendimiento. Un pase profundo a la espalda de la disposición de los representantes de Mareo fue traducido por la pegada catalana en polémico penalti de Cuellar sobre Neymar. Suárez asumió la responsabilidad y ofreció, para su desgracia, la redención al ex portero del Atlético de Madrid. Sobrevivía en el alambre un Sporting que terminaría por caer. Intercaló el zurdazo cruzado de Menéndez –minuto 62- tras una contra que recuperaba la intención de los suyos por establecer la conducción del envite hacia la incertidumbre, pero la resistencia había cedido vigor por afectación del cansancio. Las ayudas no llegaban con carácter sistemático y el pichichi encontró el resquicio. Vidal trazó un pase interior que aisló a Suárez en baile con su par. Esquivó la escaramuza el uruguayo y puso el disparo en la escuadra del segundo poste para ajusticiar a su sobrepasado rival –minuto 66-.

El 1-3 aplacó el energético despliegue astur, que vio nutrida su fe, ciertamente, por el debe del equilibrio catalán tras pérdida, su gran asignatura pendiente. La pulsión competitiva que despertó el interés del intercambio de ideas quedó refrigerada al tiempo que los técnicos buscaban intenciones antagónicas con sus sustituciones. Bartra y Mascherano ocuparon las atribuciones de Piqué y Busquets, en un giro hacia la contemporización ideada por Luis Enrique. Abelardo introdujo en la fórmula a Jony, Barrera y López, sentando a los vaciados Castro, Menéndez y Pérez y rebuscando la creación de tonalidades que significaran el respingo de su plantilla. Por el contrario, el desenlace del partido tocó realidad bajo los designios de la identidad blaugrana. La pelota se transformó en el sustento del cierre escogido por el Barcelona, con el Sporting desasistido por sus facultades en la recta final. Cuellar interpuso su acierto a los intentos de Neymar por ampliar la renta de una victoria empaquetada gracias a la consistencia filosófica (seis a 17 opciones de remate generadas y un categórico 77% de posesión) de un líder que mostró solvencia en la maduración de su rival. Presentó una cara encantadora el bloque asturiano, que tragada esta ilustre visita, se centrará en su campeonato impulsado por las conclusiones extraídas de esta meritoria actuación. Cumplió su objetivo con solidez la delegación de Can Barça, cuya superioridad exhibida en este y en los últimos lances hace presagiar un epílogo liguero inconsistente. Real Madrid y Atlético, por sensaciones y estadística, no pueden más que redoblar su ahínco de crecimiento continental. El balompié nacional yace, en la actualidad, entregado a la personalidad rutilante de la obra que levantó cinco títulos el pasado curso.


Ficha técnica:
Sporting: Cuéllar, Lora, Lichnovsky, Jorge Meré, Canella, Mascarell, Nacho Cases, Pablo Pérez (Isma López, m 67), Halilovic, Álex Menéndez (Älex Barrera, m 73) y Carlos Castro (Jony, m 67).
Barcelona:
Claudio Bravo, Aleix Vidal, Piqué (Bartra, m 80), Adriano, Mathieu, Rakitic, Busquets (Mascherano, m 80), Arda Turán, Messi, Luis Suárez y Neymar.
Goles:
0-1 Messi (m 24), 1-1 Carlos Castro (m 26), 1-2 Messi (m 30), 1-3 Luis Suárez (m 66)
Árbitro:
De Burgos Bengoetxea. Amonestó a Jorge Meré (m 59), Busquets (m 77), Canella (m 90).
Incidencias:
28.140 espectadores asistieron al partido correspondiente a la decimosexta jornada de Liga, disputado en estadio El Molinón.

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