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CRÓNICA DE AMÉRICA

Evo Morales: escándalo amoroso y cambio constitucional

jueves 18 de febrero de 2016, 10:35h
Evo Morales: escándalo amoroso y cambio constitucional

Un “affaire” sentimental y financiero pone en jaque la reforma de la Constitución en Bolivia. Por Rafael Fuentes

A pocos días del plebiscito -previsto para el próximo domingo-, para modificar la Constitución boliviana y permitir, así, la reelección perpetua de Evo Morales en la presidencia, los escándalos de último hora han puesto en jaque la operación populista del actual caudillo de Bolivia. El pulso no posee únicamente una dimensión interna, sino también un efecto internacional que podría provocar un cambio en el curso político de la zona y afectar al rumbo general de Hispanoamérica. Los gobiernos populistas aglutinados desde Caracas han comenzado a sufrir los embates de las urnas y el hartazgo de la ciudadanía. La derrota peronista en Argentina y el vuelco en la Asamblea Nacional de Venezuela son la punta de lanza de esta reacción que puede seguir avanzando o no según los resultados bolivianos.

Si las poderosas redes clienterales del Movimiento al Socialismo (MAS) logran llevar a cabo la reforma constitucional, el populismo bolivariano tendrá un refugio seguro bajo la égida de Evo Morales, con indudables repercusiones en la política regional. Si el inquilino del Palacio Quemado pierde el plebiscito, el régimen populista quedará herido de muerte a medio plazo en Bolivia, y el entramado de apoyos mutuos entre los sistemas políticos de Managua, Caracas, Quito y La Paz, se verá severamente comprometido. Las encuestas apuntaban, hasta la semana pasada, una división en el electorado con una mínima ventaja a favor del oficialismo. En los últimos días, han constatado un vuelco radical en la intención de voto en contra de la reforma constitucional. La razón: los escándalos sentimentales y la corrupción política asociada a ellos del presidente Evo Morales.

Que Juan Evo Morales Ayma era un donjuán empedernido cuya actividad política ha estado acompañada por un reguero de amantes clandestino, era ya hace tiempo un secreto a voces, con algunos lances particularmente escabrosos. Pero el último episodio contiene ingredientes tan inaceptables que han ofendido a la opinión pública e imprimido un drástico giro a las previsiones en las urnas. Si hace dos semanas los sondeos pronosticaban un empate técnico entre el “sí” y el “no” a la reforma, con una leve ventaja del oficialismo, ahora las últimas encuestas han dado un casi 50 % al “no”, frente a un 28 % al “sí”, y un gran número de indecisos. La naturaleza del escándalo de Evo Morales no es para menos, y el culebrón se enreda por momentos con nuevos detalles morbosos. Incluye un affaire oculto, ya en la presidencia del país, un hijo oculto -y supuestamente muerto-, falsedad explícita y descubierta en las negativas presidenciales, todo ello unido a un desfalco financiero de altos vuelos.


Durante la campaña en torno a la reforma constitucional ha salido a la luz la relación de Morales con Gabriela Zapata, iniciada en 2005, cuando ya ocupaba la sede presidencial del Palacio Quemado. El líder populista habría tenido con ella un hijo ilegítimo mantenido en el incógnito, con el nombre de Ernesto Fidel Morales Zapata. Un hijo que, según el oficialismo, murió a temprana edad, aunque no se ha aportado ningún documento sobre su defunción, lo que ha disparado todo tipo de rumores en el país. Los medios de comunicación no han dejado de subrayar la diferencia de edad de Gabriela Zapata, que tenía 20 años en 2005, frente a los 50 del presidente. Tal ha sido la insistencia que el propio Evo Morales se ha visto obligado a hacer una declaración en la que asevera que Gabriela Morales era una “señora” a la que no había vuelto a ver desde 2007.

Por cierto que a esta declaración se agregaron graves acusaciones políticas en la línea de los regímenes populistas. Su versión no es otra que se trata de una campaña sucia por la batalla constitucional. Y, por supuesto, que esa maniobra se tramó fuera del país por fuerzas imperialistas con el propósito de desestabilizar a Bolivia y zaherir a la izquierda bolivariana. Evo Morales ha reclamado también su derecho a la intimidad y ha exigido a las ONGs de derechos humanos y las defensoras de los derechos de la mujer que lo auxilien. En cualquier caso, el comienzo del escándalo ha dejado un largo rastro de sarcasmos entre la población recordando todas las veces que Evo Morales ha explicado públicamente que no tenía esposa porque “estaba casado con Bolivia.” Los chistes empezaron a circular a costa de la infidelidad conyugal a que viene sometiendo al país.

El tono pícaro y sarcástico ha tomado otro color, cuando se descubrió simple y llanamente que el presidente había mentido. Una foto difundida por la prensa, le mostraba abrazado a Gabriela Zapata en un festejo en 2015. Evo Morales ha tenido que dar otra rueda de prensa, esta vez rayando en lo esperpéntico, al afirmar que se hizo la foto por cortesía, sin saber quién era la mujer que abrazaba, a lo sumo, sostuvo, solo le pareció “una cara conocida”. ¿Una cara conocida la madre de uno de sus hijos, amante reconocida durante años? Ser “una cara conocida” es hoy una chanza de moda en Bolivia.

Finalmente, el asunto ha abandonado el ámbito de la chismografía rosa, al revelarse que Gabriela Zapata, a raíz de su relación con Evo Morales, se convirtió de la noche a la mañana en empresaria agraciada con sucesivos y cuantiosos contratos públicos. Entre 2009 y 2013 siete convenios cuando Gabriela Zapata era directiva de una empresa china en Bolivia para la puesta en marcha de una planta azucarera, la construcción de carreteras o la compra para la petrolera nacional de máquinas perforadoras, entre otros negocios, sumando la cantidad de 573.601.513 millones de dólares.

Los ciudadanos ya conocían de antes los continuos devaneos sentimentales de su presidente. Pero se acaban de enterar de cuánto han esquilmado las arcas públicas sus flirteos eróticos. Esto, sin duda, no lo van a resolver las asociaciones de Derechos Humanos ni las defensoras de los Derechos de la Mujer. Las acusaciones recaen ahora en el puro y simple tráfico de influencias, distracción del dinero de todos y la más elemental e indefendible corrupción política. El vuelvo sobre el plebiscito constitucional se ha producido en el instante de saberse estos datos.

Resulta casi imposible averiguar si la contraofensiva oficialista, culpando a poderes antibolivianos de estas informaciones, podrá en estos días revertir la opinión, pues la ley prohíbe que se realicen o publiquen estimaciones de voto en este tramo final de la campaña. Pero el escándalo puede traer consigo severas consecuencias políticas. Evo Morales es el presidente que más tiempo ha gozado el cargo presidencial, en parte gracias a la argucia de no contabilizar los años que lo ocupó antes de la creación del actual “Estado Plurinacional” (en España, esta expresión ha cobrado una curiosa actualidad), contando solo a partir de ese momento. En su larguísimo periodo en el poder ha laminado la autonomía de las instituciones, ha establecido una estructura nacional retrógrada que pretende pasar por precolombina, y, detrás de Ecuador, es el principal país hispanoamericano en gasto público per cápita, que hoy alcanza más del 43 % del PIB. Con estas herramientas no oculta su propósito de eternizarse en la presidencia sine die, perpetuando una revolución bolivariana puesta a su servicio. Pero para materializar estos sueños debe pasar por el trance de ganar el referéndum del próximo domingo. Cuando este se efectúe sabremos si la ciudadanía de Bolivia ha sabido reaccionar o no a la típica narcosis que suelen imponer los regímenes populistas.