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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

España, en el cadalso

viernes 19 de febrero de 2016, 19:52h
Spain, Time Out. Matarile-rile-rile. La perversión del lenguaje. El dilema del prisionero. La disyuntiva inaceptable. Nos quieren colocar en la tesitura de tener que elegir la menos mala de las opciones de una ecuación perversamente simplificada: O Estado ladrón a diestra y siniestra, con el monedero como único argumento valedor de legitimidad, el inmovilismo como piedra angular de la retórica discursiva y Hacienda como única patria, o un eventual gobierno bananero de niñatos aventureros, prosoviético, protoiraní y comecuras.

En la hora del adiós, el pudridero nacional sigue encasquillado, emponzoñado de inmundicia, abducido por un impasse sin fin, centrifugando sus miserias y su impotencia en el fondo de los despropósitos, como el embrague del carro de mi compadre, mira que te lo tengo dicho. La parálisis comienza a dar motivos para el encabronamiento.

A ochenta años vista de la victoria del Frente Popular, a treinta y cinco del 23-F y a veinticinco del estreno de El silencio de los corderos…, seguimos en las mismas que al cierre del recuento de las urnas cinerarias del 20-D: con la borregada nacional pendiente de que alguno de los cabreros se haga cargo del rebaño y nos pastoree hasta la Arcadia prometida o hasta el Averno, carcomidos por una orgía de corrupción y bajo la amenaza de una secuela de la Noche de los Cristales Rotos.

España, territorio comanche. Si es verdad que la Historia acaba pasando factura con intereses de demora a quienes se empeñan en reescribirla con los renglones torcidos de la intolerancia o la dejación de funciones, vamos a terminar todos ardiendo a fuego lento en la parrilla de la condenación eterna, donde según Mateo sólo se escuchará el lloro y el crujir de dientes: los unos después de haber pecado por exceso, los otros por haberlo hecho por defecto, y unos y otros por no tomarnos todo lo en serio que debiéramos el riesgo de involución que entraña para las libertades el proyecto totalitario de Jodemos y todo lo que le cuelga.

Lo más inquietante no es el advenimiento de unas criaturas resentidas, que se lo tendrían que hacer mirar en el psiquiatra por si se tratara de algún trauma infantil irresuelto, pues pareciera como si se hubiesen propuesto tomar al asalto los resortes del poder para ajustar cuentas con los discrepantes en nombre de sus progenitores. Lo que produce desazón es que haya más de cinco millones de sujetos (y ocho si sumamos a todos los incautos) que han votado a unos individuos lo suficientemente peligrosos como para acometer una purga del discrepante que no se avenga a amoldarse a sus retorcidos esquemas mentales, ofreciéndose como cómplices de un proyecto de ingeniería social trufado de sectarismo y maledicencia.

En el bando pepero, la hemiplejia provocada por el torrencial de trincones les tiene incapacitados para dedicarle siquiera una ratito a esta cosa llamada España, mientras no aparezca un fontanero dispuesto a desatascar las tuberías de Génova y de Moncloa, drenando desagües y fumigando a tanto mangante como ha estado llevándoselo crudo mendrugo.

En la acera sociata, donde no hay menos ladrones que en la acera de enfrente, la fobia al PP roza ya la esquizofrenia, anclados como siguen en el guerracivilismo, instalados en el facherío que supone descartar cualquier negociación con vistas a la formación de una gestora –llámese Gobierno de concentración- que se haga cargo del cortijo. Son tan “demócratas” las huestes de Pedrooo, que van a nombrar a Mariano ‘persona non grata’ de Pontevedra, su pueblo. Hay que tener malas tripas para ser tan abyectos.
Con este panorama descorazonador, a izquierda y derecha, no es de extrañar que se haya encaramado a lo alto del pescante, con el látigo en ristre, el camarada Pablo Iglesias, más chulo que el tal Ernesto Colman, el dueño de Vitaldent, decidido a tomar las riendas del carruaje de la escombrera nacional a poco que peperos y sociatas se cuezan en su propia salsa. Hace ya tantos años que neandertales y sapiens se aparearon hasta el paroxismo sobre el lecho de una cueva, que será por eso que son incapaces de entenderse.

Puestos a ponderar, esta estupidez de las ‘líneas rojas’ sólo es un mantra que se haninventado unos políticos de corto alcance para que lo compren unos periodistas cortos de entendederas y desvíen el foco, los muy cenutrios, de la cuestión medular.

A este cronista, que no es ningún dechado de virtudes teologales, la unidad de España se la suda, con perdón, y el régimen político también, o sea. España puede dejar de existir, y lo mismo hasta es lo mejor que nos podría suceder, a la vista del poco aprecio que hacemos de ella; los Borbones pueden volver al exilio, como el XIII de los Alfonsos, que salió pitando por Cartagena, marcando el camino de los descendientes que seguirán sus pasos antes o después; Rajoy se prejubilará a la fuerza pero con el consuelo de que por fin podrá dedicarse full time a la que ha sido su vocación de siempre: hacer la cobra mientras lee el Marca fumándose un habano de los de Fidel; y Pedrooo se irá a la mierda, agarradito de la mano de su señora y con una bandera de España bien grande ondeando en la oreja.

Si lo dejamos estar, que después no venga nadie llorando como plañideras para quejarse de los paseíllos y de los ajustes de cuentas, porque no habrá más perdón posible que la venganza, ni más reconciliación inacabada que revanchismo refinitivo.

Lo demás será ruido, anécdota, verbena y tinta de calamar. Esperanza seguirá jodiendo in illo tempore, coherente con su auténtica vocación, pues ha vuelto a bailar la yenka, a cuenta de su negligencia in vigilando que es sólo un pretexto para arrearle con el bolso a Mariano; el Tribunal Constitucional podrá cantar misa en latín, siguiendo el rito tridentino, suspendiendo el ministerio de Asuntos Exteriores catalonide, pero Raúl Romeva seguirá negándose a encarnar al calvo del anuncio de la Lotería de Navidad; y los zombis han regresado a la FOX para recordarnos que estamos más muertos que vivos, aunque no queramos darnos cuenta.

Con la temporada del centollo oficialmente inaugurada, sólo nos resta aguardar expectantes hasta el día cinco –me ahorro la rima-, para ver en qué queda el idilio imposible entre Pedro y Pablo, que el de la coleta se está poniendo tontorrón y el romance promete: «Lo normal sería vernos y pasear juntos».

España, al dente, un suponer, abierta en canal de Isabel II. Todo ciénaga, escarnio y blasfemia. Se empieza tomando al asalto la capilla de la Complutense al grito de ¡tetas fuera! como Afrodita, la novia de Mazinger Zeta, y se acaba de vocera de la alcaldesa. Santa Rita, Rita, Rita, el sujetador no se quita. No sé a qué está esperando Interviú para hacerle un reportaje en tecnicolor a la FEMEN de PODEMEN.

«All the world’s a stage» (W. Shakesperare). Y España entera un basurero, donde como dirían Martes y Trece, huele a muerto.

Antes que de los políticos, querido Raúl (del Pozo), de quien habría que proteger a España es de los españoles.

José Antonio Ruiz

Periodista

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