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JORNADA 26: REAL MADRID 0 ATLÉTICO 1

El Atlético sangra la idea de Zidane y conquista el Bernabéu | 0-1

sábado 27 de febrero de 2016, 15:57h
El Atlético sangra la idea de Zidane y conquista el Bernabéu | 0-1

El solitario gol de Griezmann decidió un derbi en el que el Madrid tuvo la pelota y el Atlético jugó mejor. La impotencia merengue abonó el desempeño soberbio del guión rojiblanco. Triunfó Simeone para distanciar a cuatro puntos a sus vecinos y escribir una página histórica de la Liga.

Inauguraba el Santiago Bernabéu este sábado el perfilado de los objetivos de Real Madrid y Atlético de cara al desenlace de una temporada que, hasta esta altura de calendario, se está antojando de transición en ambas direcciones. La rocambolesca gestión directiva y del vestuario madridista les ha otorgado el estatus de incertidumbre continuada, de huida hacia adelante, con la obra de Zidane evidenciando más goteras que certezas, fuera de la exuberancia anotadora ante púgiles de menor pedigree y bajo la sombra de Chamartín. El enemigo íntimo, por su parte, no ha avanzado como se esperaba en la mixtura entre rigor táctico, músculo y calidad. El enriquecimiento estival de este ultimo apartado no se ha plasmado en réditos estadísticos. No obstante, los colchoneros siguen manteniendo la seriedad atrás -es el equipo menos goleado de la élite continental- pero sólo el atino de Griezmann supone una amenaza consistente para el rival de turno. Así pues, envueltos en la motivación inherente a un derbi de este lustro -de refrescada competitividad-, los perseguidores del coloso blaugrana se jugaban tres puntos de más valía anímica que pragmática, cada cual con su añoranza -los locales perseveraban en su discurso contra la tozuda realidad y se veían como candidatos al título y los visitantes oteaban la manutención de su distancia para con el cuarto clasificado-. En cualquier caso, lo abrasivo de verse urgido en febrero implicaba más a la entidad de la Castellana, que vería su pretensión competitiva liguera muy mermada de no ganar.

Zinedine Zidane no escamoteó una pulgada a su filosofía, esa que ha mostrado cierta bipolaridad según el punto geográfico de la disputa del partido en cuestión. Jugaba en casa, por ende, colocó sobre el verde la acostumbrada acumulación de talento -a la espera de que Bale retorne de un congelada recuperación- y volvió a sacrificar la costura de los desequilibrios. Isco apoyaría en ambas fases del juego a la pareja Modric-Kroos y James ejercería como enlace entre líneas con el fin de aportar sustento a la movilidad de Benzema y a la puntería -todavía exenta de un test consecuente con su exigencia- de Ronaldo. La nuclear ausencia de Marcelo se vio suturada por la presencia, también creativa, de Danilo. Carvajal completaba los laterales de un sistema sostenido por Ramos, Varane y Keylor Navas. Buscaría el técnico francés reproducir la línea argumental de control de la pelota como meta primordial. De la precisión en la circulación, el compromiso con el equilibrio de la estructura, la atención a las contras oponentes y el atino en el último tramo de terreno dependería la cosecha del equipo de Concha Espina, pero la hoja de ruta -monopolio de la pelota- no se antojaba negociable. Prescindió Zizou de obreros que cimentaran una mejor vigilancia tras pérdida -principal herramienta de avance rojiblanca- en su primer evite de campanillas. Caminaría, de nuevo, sobre el alambre que penalizó, de manera sistemática, a Ancelotti en su encuentro con la fiscalización de su homólogo argentino.


Diego Pablo Simeone, protagonista del cariz igualado que luce el enfrentamiento madrileño -enseña extramuros del producto LaLiga amén del Clásico-, sí optó por edificar una medular consistente. Regresó a la titularidad Augusto para que Gabi delegara funciones, con Koke y Saúl complementando los pulmones y lanzamiento de transiciones de un centro del campo diseñado para taponar y salir tras robo, o, en su arista menos explotada, con objeto de gestionar el uso de la pelota como arma familiar y no como anexo. Sobre Fernando Torres y Griezmann recaía la exclusividad venenosa. El primero mutaría, según la necesidad, en faro de desahogo, y el segundo, como de costumbre, ejercería de inteligente recolector de pelotas sueltas o envíos en profundidad. Juanfran, Filipe, Godín y Giménez confeccionaban la zaga habitual de un sistema mermado por los infortunios, nada desdeñables, de Carrasco, Tiago y Savic. Artistas como Correa, Vietto y Óliver esperarían turno desde el banquillo. La altura de la presión definiría la intencionalidad del Cholo en esta visita al coliseo merengue. La capacidad de repliegue, afamada, no se vería tan examinada como la asociación y puntería en un enfrentamiento de rol destinado a crecer con el paso de los minutos sin desnudarse. A fin y al cabo, el empate no revestiría un resbalón en absoluto y alcanzar la victoria tampoco se descubría como algo utópico. Todo dependería de la efectividad en la conducción del partido hacia el cauce de los presupuestos que les son favorables.


Se alzó el telón sobre un pentagrama de ritmo muy alto. Ambos púgiles intercambiaban presiones muy elevadas y repliegues intensos en cancha propia, desplegando un paisaje de mordiente y reconocimiento mutuo en el primer pestañeo. El tránsito del tanteo hacia el escenario sobre el que discurriría el devenir señaló con celeridad la intencionalidad controladora del Madrid. Buscaba el equipo local presentar personalidad a través de la posesión del esférico pero, como se comprobaría más adelante, el Atlético no contemplaba representar el papel de sujeto pasivo contemplativo. La reducción de espacios y líneas adelantadas confirmaban el ejercicio de escapismo visitante, que antes del 15 de duelo ya trompicaba con asiduidad la mermada salida de pelota madridista. La red de ayudas, que mostraba su especificidad en el apoyo de Saúl y Koke a sus laterales y en el colapso del área de acción de Kroos y Modric -adosando a sus sombras a Torres y Griezmann-, incomodó la apertura de acto merengue. La ausencia de Marcelo se hacía notar en esta prematura victoria parcial del estudio de Simeone. El disparo desviado de Augusto -minuto 8- corroboró la tesitura, que enseñaba la descontextualización del Madrid con respecto a la filosofía recién abrazada.


El ahogo colchonero a la creatividad del sistema de Zidane se estiró hasta que tomó altura el partido. La comodidad del segundo clasificado quedó refutada por el intento de gol olímpico de Koke. Tan sólo sus impreciones después de robar regalaban respiro a un Madrid constreñido, desde temprano, a manejarse en transición y por banda, toda vez quedara superada la primera línea del valiente repliegue rojiblanco. La reacción vehemente local arribó con su primera circulación sostenida, que obligó a la cesión de metros contrincante. Isco y James no se asociaban con los gestadores medulares, ni por dentro ni por los extreriores, con Carvajal y Danilo sumados sin sorprender. Parecería reaccionar y reclamar el mando de la acción un Madrid obligado a exhibir tanta precisión en el toque como atención a la vigilancia tras pérdida. Varane cabeceó desviado una falta frontal -minuto 16- en la apertura de hostilidades. Mutó su aspecto un Atlético cohesionado en el achique en este tramo, afanado en la conjugación de las superioridades en banda y de los pasillos centrales. Crecían los guarismos de asociación local, si bien faltaba velocidad y verticalidad -escasez constante durante los 90 minutos-. Ronaldo autografió la metamorfosis del panorama con un disparo muy desviado desde media distancia -minuto 20-.


Fluctuaban todas las piezas de la ofensiva local en busca de grietas. Isco tendía a aliarse y mimetizarse con un James fuera de ritmo, que adornaba sus conducciones con demasiados toques, ralentizando la celeridad exigida por el oponente rojiblanco. Establecido el paradigma de juego, tocaba a los madridistas proponer y al Atlético, apostado en el balance defensivo, oponer. Los primeros no localizaban la fuga en el repliegue de Simeone, a pesar de probar con Ronaldo en banda contraria o en el centro. Benzema, elemento básico de engrase, sufría un marcaje notable que cortocircuitaba la tentativa local. Los del Manzanares se abocaban, entonces, al envío en largo hacia Fernando Torres para recuperar la sensación de amenaza que templara el monopolio madridista.


Descendió el ritmo y vatios generales y del Madrid ante su soliloquio inocuo, en cumplimiento estricto de la trama ideada por el Cholo, que mantenía a sus pupilos agazapados en la ortodoxia de su filosofía. Sólo a balón parado esbozaban el estiro de sus posiciones ante la ausencia de fluidez y continuidad en el contragolpe por vía terrestre y combinativa, hecho que limitaba las situaciones de evolución. Es por ello que implementaba la subida de líneas de manera coyuntural, para romper el temple local. Así, el desajuste merengue en un saque de falta frontal patrocinó el envío de Koke hacia Torres que el 9 estrelló en el cierre, providencial, de Ramos -minuto 24-. Empezaba a abrirse el replegado partido cuando el Atlético avanzaba con la pelota. A la espalda de su centro del campo detectó el desequilibrio Danilo -destacado-, que tras robar el mano a mano a Juanfran lanzó a Ronaldo. Giménez interceptó el envío pero el luso sacó de banda de inmediato y hacia el desmarque de Benzema. Godín le agarró para granjearse la amarilla e inaugurar un díptico madridista: la consiguiente falta desde media distancia fue engatillada por Ronaldo para el despeje de Oblak -minuto 30, primer tiro a puerta-; Benzema, a continuación, cruzó demasiado su derechazo. Mostraba carácter tangible el padecimiento de desajustes del cierre visitante cuando su medular avanzaba con el cuero. El Madrid, paciente, visualizaba su frenesí para amortizar el espacio en contraataque. Además, desplegaba presiones muy ambiciosas tras pérdida, movimiento que a falta de un cuarto de hora para el descanso le entregó el control del envite. Filipe cumplió la directriz de Simeone y derribó a Modric para evitar una transición posterior a la circulación colchonera, subrayando la cura instantánea de dicha herida.


A pesar de verse con más espacios para el crecimiento, los visitantes no habían cedido preeminencia a su mantra: primero asegurar el cero en su meta y después arriesgar. Pero, en la última recta previa al intermedio si dibujaría el Atlético un respingo que marcaría el aperitivo del punto de infexión. La primera asociación lógica y fina, propulsada por la claridad de Filipe y Koke, concluyó en un portentoso chut de Griezman que sacó Navas con una estirada de foto -minuto 39-. Koke probó los reflejos del meta en el primer poste -en la siguiente acción- y el testarazo de Godín, desviado tras un saque de esquina -minuto 42-, completó el repunte de jerarquía colchonera que desnudó la endeblez táctica sin pelota de los madridistas por primera vez. Con la receta de la salida combinativa desde la cueva había atisbado el horizonte de avance el club rojiblanco. Ylos datos repartían conclusiones camino de vesturarios. Dominó la posesión el Madrid (66% a 33%), reforzando su planteamiento. Sin embargo, la relación de opciones de remate generadas (7 a 5) y, sobre todo, la de golpeos entre palos (victoria visitante por 1 a 2 tiros), susurraban la impronta atlética. La placidez en fase defensiva estaba horadando la densidad local para desenvolver los agujeros tácticos.


Con sobresalto merengue se decretó la vuelta al trabajo. Antes de arrancar, el primer bocado a sus opciones sobrevino con la lesión del condicionado Benzema, que apuró su anatomía para llegar al derbi y terminó dando entrada a Borja Mayoral, canterano de progresión no comprobada en el profesionalismo. Bajo esta merma, que complicaba aún más la apertura de la lata por la vía central o interlineal, tomó cuerpo la extensión del último tramo de primer tiempo hasta la reanudación, que afianzó el diseño de Simeone. El alumbramiento de la postrera ruptura de líneas local ejerció como desencadenante de lo venidero. Apostó por una mayor valentía posicional el Atlético, arriesgando metros a la espalda de su centro del campo. En esta escena Ronaldo se descubrió en solitario desde el pico del área, pero cruzó demasiado su derechazo -minuto 46-. Perdonó el luso su mejor opción y respondió el decidido oponente. Griezmann y Koke cultivaron la inquietud sin remate en la zaga oponente al tiempo que se reactivaba el ritmo el duelo.




Quiso el Madrid retomar la pulsión dominadora y el Atlético le tendió el cebo del retraso de líneas. El deshilachado sistema madridista tras pérdida emergió, como tantas otras veces, para desangrar sus opciones y propulsar la ajenas. Modric falló en el corte y desencadenó el desbalance coherente. Koos e Isco llegaban a destiempo mientras Koke recogía la pelota en la frontal y movió para Griezmann. Filipe arribó sólo en el segundo poste para devolver la pared al remate a la red, cómodo y con clase, del francés. Corría el minuto 53 y se adelantaba con justicia el mejor equipo sobre la hierba. Pagó muy caro el equipo dirigido por Zidane, de nuevo, la elección nominal ultra ofensiva y la ausencia de una labor táctica que acuda al rescate en situaciones de emergencia y exigencia.


La deflagración que supuso el 0-1 disparó las urgencias de un Madrid sin soluciones para superar la ayudas exteriores de Koke y Saúl a Juanfran y Filipe. Conducido a la anestesia horizontal y el centro desde los laterales por mor del libreto de Simeone. Cedió terreno, ahora sí de forma definitiva, el centro del campo del Atlético, que se mantenía luciendo comodidad antes del ecuador del segundo acto. No sólo taponaba las vías de pase sino que se lanzaba a contragolpear con confianza. Un fallo de Kroos en su campo, para desespero de la tribuna, entregó el cuero a Koke. La jugada confluyó en el mano a mano de Saúl con Navas que salvó el tico. Juanfran centró, con peligro y de inmediato, para el despeje de Carvajal bajo palos -minuto 68-. No sabía sufrir el tercer clasificado, que volvía a padecer por su incapacidad de mantener las revoluciones altas sin pelota y un flujo de recuperaciones sensato.


Fue virando el envite hacia el monopolio del esférico blanco y el encierro agónico visitante, cada vez menos dotado de oxígeno para alcanzar la sentencia a la contra. El cansancio golpeaba en ambos onces y los entrenadores comenzaron a mover las piezas. Por el camino cabeceó Ronaldo el centro de Carvajal a las manos de Oblak en el 69. Perdonó el portugués, otra vez sin un marcador que le incomodara. Y Mayoral estrenó producción al rematar, en semi fallo, otro centro desde el perfil diestro que Oblak leyó con placidez. Isco y James -irrelevantes en ambas fases de juego- dejaron sus escaños a Jesé y Lucas Vázquez, retratando el diseño de temporada madridista que sería objeto de desairada crítica de Cristiano al término del encuentro. Zidane se abandonaba a un suicidio ofensivo que entregaba su estabilidad al caótico despliegue de atacantes. Simeone repondió ahondando en la coherencia de su fórmula: Torres -combativo y lejos de su mejor nivel con la pelota- y Augusto -esencial desde su aterrizaje en el centro del campo colchonero y valioso este sábado- dieron alternativa a Correa y Kranevitter. Trataba el Madrid de convulsionar con talento un partido amarrado y contrarrestaba dicho movimiento el Cholo inyectando pulmones para la brega y mordiente para el contraataque. Quería más verticalidad el necesitado -variable que no encontraría en todo el choque- y más horizontalidad en su desempeño de achique el que debía gestionar la ventaja.


El enésimo clinic defensivo rojiblanco que amaestra a su vecino acercaba el objetivo convirtiendo la ambición local, entonces, en un ejercicio épico a contrarreloj. La seriedad colectiva, deliciosa para el estudioso de los mecanismos que confeccionan a los equipos, no permitiría ya más que tres aproximaciones en el último cuarto de hora. El derribo de Gabi sobre Danilo en el 75 -más que posible penati no pitado- abrió fuego; Ronaldo clausuró su participación ofensiva con un chut desatinado desde la frontal; y el diestro lateral carioca protagonizó la última llegada a través de un zurdazo demasiado cruzado. El Real Madrid no tradujo la ecuación planteada y volvió a aminorar su habitual tormenta de ocasiones al enfrentar a esta rojiblanca. El intensivo colapso central y exterior bastó para desesperar dentro y fuera del césped. La volea de Saúl y el remate desviado de Griezmann completaron el soberbio despliegue visitante que significó una cota histórica: el Atlético de Simeone -gran triunfador- es el único equipo de la historia que ha salido triunfante del Bernabéu en tres temporadas consecutivas. Zidane -frágil en el manejo y preparación de soluciones que eludieran el fango atacante y la endeblez a su espalda, a pesar de contar con cuatro días más de margen para el estudio del partido que su homólogo- y Florentino Pérez vieron comprometidos sus roles en lo acontecido en un partido que deja a los colchoneros cuatro puntos por delante de lo merengues.


Así, el candidato a todo ha de modificar su pretensión de título hacia la persecución del segundo escalón. "La Liga está acabada", declaró el preparador galo. En efecto, la victoria rojiblanca no sólo vale tres puntos, también arrancó la resignación de su 'enemigo', que ya no impostará sonrisas ni convencimientos anacrónicos. Obtuvo el 68% de la posesión la apuesta de Zizou y los pitos de una tribuna desencantada por lo volcánico del curso. El giro de timón no ha supuesto el compromiso de un vestuario que se deja puntos de manera sistemática por la desatención de las atribuciones colectivas -esos "vicios" cuya solución le fue encargada a Benítez-. Quince opciones de remate madridistas supusieron tres tiros a portería y nueve llegadas atléticas constituyeron cinco remates entre palos. Perdió con merecimiento un Madrid que vio cercenados sus colmillos cuando hubo de competir en fundamentos futbolísticos y no en calidad. Como útimamente viene ocurriendo.


Ficha técnica:
Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Sergio Ramos, Carvajal; Kroos, Modric, Isco (Jesé, m.70); James (Lucas Vázquez, m.57), Cristiano Ronaldo y Benzema (Borja Mayoral, m.46).
Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Filipe; Augusto Fernández (Kranevitter, m.77); Griezmann, Gabi, Saúl, Koke; y Fernando Torres (Correa, m.81).
Goles: 0-1, m.53: Griezmann.
Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Lucas Vázquez (62), Carvajal (90) y Ramos (90) por el Real Madrid; y a Godín (31), Filipe (37), Giménez (73) y Correa (90) por el Atlético de Madrid.
Incidencias: 79.436 espectadores asistieron al partido correspondiente a la vigésimo sexta jornada de Liga, disputado en el estadio Santiago Bernabéu.
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