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ENSAYO

Gordon Corrigan: Waterloo. Una nueva historia de la batalla y sus ejércitos

domingo 28 de febrero de 2016, 16:26h
Gordon Corrigan: Waterloo. Una nueva historia de la batalla y sus ejércitos

Traducción de J. M. Parra. La Esfera de los Libros. Madrid, 2015. 394 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 7,99 €.

Por Alejandro San Francisco

La batalla de Waterloo es uno de esos hitos excepcionales en la historia, cuyo resultado define el destino de una época y de las sociedades. Stefan Zweig la incluye en sus Momentos estelares de la Humanidad (Acantilado. Barcelona, 2002), con una reflexión brillante. Se refiere a que en los instantes esenciales del destino, “con desdén, ese momento decisivo rechaza al pusilánime. Y con sus brazos ardientes, como otro dios sobre la Tierra, enaltece sólo al audaz, elevándolo al firmamento de los héroes”.

Curiosamente, no se está refiriendo a Napoleón, el Emperador que se había alzado como la principal figura de su época, ni tampoco a Wellington, quien se convertiría en una leyenda de las armas británicas, sino a Grouchy, mariscal que debería haber tenido un lugar clave en la batalla que se avecinaba, pero no estuvo a la altura de las circunstancias. Era junio de 1815, cuando Napoleón había regresado al poder, donde estaría poco más de tres meses, narrados literariamente por un amigo de Zweig, Joseph Roth, en Los cien días (Pasos Perdidos. Madrid, 2013).

Al cumplirse en 2015 dos siglos de aquel suceso, se montaron exposiciones y se publicaron obras sobre el tema, que ha sido parte de las enseñanzas militares, los afectos patrióticos, las discusiones abiertas de historia contrafáctica (¿y si hubiera ganado Napoleón?) y un apasionado interés por la era de las revoluciones, políticas y militares, que transcurrieron en el paso de los siglos XVIII al XIX.

Es el asunto del interesante y bien documentado libro de Gordon Corrigan, Waterloo. Una nueva historia de la batalla y sus ejércitos. Está escrito por un hombre que, antes de dedicarse a las letras o a la historia, pasó por la vida militar, conmemoró la batalla en el ejército británico y tuvo una formación profesional en el mundo de las armas, lo cual se nota a lo largo de la obra, por las descripciones detalladas de armas y tácticas, así como también por la primacía del factor propiamente castrense en su análisis. De ahí que sea una obra que procura ser histórica y logra exponer bien las cuestiones, aunque aparece un patriotismo británico en algunas de sus páginas y afirmaciones.

Sin embargo, el libro, felizmente, intenta mostrar el tema en su conjunto, por lo cual hace una descripción de los cambios que se están produciendo en Europa, especialmente tras la Revolución Francesa y la irrupción de la figura determinante de Napoleón, como cónsul y luego como Emperador, aclamado por su pueblo y capaz de avanzar victoria tras victoria por el continente que veía al “desasosegador” suelto por distintos lados, aunque también sufriendo la dramática derrota en Rusia en 1812.

A continuación Corrigan dibuja las fuerzas con que cuenta cada uno de los combatientes, partiendo de la descripción de los comandantes: Napoleón, “que poseía una perspectiva global en lo político y estratégica en lo militar, también comprendía al soldado de a pie”, y Wellington, hombre de “considerable ingenio y una inteligencia innata”, ensayando un paralelismo entre ambos. Luego, Blücher, del ejército prusiano, y que se oponía tenazmente a la paz con Francia.

Después, sus respectivos estados mayores, los oficiales y los soldados, donde cobraba especial importancia el factor numérico, que claramente perjudicaba a Francia, considerando la amplia alianza que combatía, que incluía a ingleses y prusianos, preparados para la batalla decisiva, en la cual “la inmensa mayoría luchó bravamente por una causa en la cual creían... [sabiendo que habría] gloria y riqueza para los vencedores, derrota e ignominia para los perdedores”.

En cuanto al contexto, el Congreso de Viena había declarado a Napoleón fuera de la ley, lo cual anticipaba la guerra, que se libraría finalmente en Waterloo y sus alrededores, en lo que hoy es Bélgica. Los oficiales de Napoleón se mostraban algo indecisos, mientras los británicos procuraban aparecer con entera normalidad, como lo ilustró Wellington al asistir a un baile en Bruselas poco antes del enfrentamiento. Entre el 16 y el 18 de junio se producirían las batallas fundamentales, mientras aparecía una lluvia de primavera y se acercaban los distintos ejércitos al frente.

Los últimos capítulos, como es obvio, se refieren a las batallas propiamente tales, que no se entienden simplemente como una lucha militar de un instante, sino como la “batalla por Europa”, destacando especialmente la batalla de Waterloo, que definiría el conflicto. En ese momento aparecen los prusianos para asistir a los británicos, lo que resultaría determinante. Por su parte, “Wellington se movía constantemente por el campo de batalla”, mientras que Napoleón se sintió mal físicamente. El resultado, sabemos, sería contrario al Emperador y su historia política y militar llegaba a su fin, pero no así su leyenda, que seguiría siendo apreciada y admirada en el tiempo, incluso en el mismo lugar donde fue derrotado y ciertamente en Les Invalides, en París, donde fueron trasladados sus restos que cuentan con numerosas visitas al monumental féretro napoleónico.

El libro de Corrigan combina adecuadamente el conocimiento militar, preciso y bien documentado, con un relato ágil y comprensible para un público amplio. Hay narración de ámbitos que resultan muy valiosos e incluso novedosos, como las actuaciones de los médicos, que “eran hábiles metiendo una sonda para encontrar la bala y extraerla”, describe las amputaciones y comenta algunos casos concretos. Hay frases curiosas: “Una vez que la caballería británica alcanzó a la infantería francesa, la carnicería fue notable".

Es una obra que vale la pena, para una historia trascendental de la vida política y militar de comienzos del siglo XIX, que en buena medida decidió también el curso histórico de las décadas siguientes.

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