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NOVELA

Gary Shteyngart: Pequeño fracaso

domingo 28 de febrero de 2016, 16:33h
Gary Shteyngart: Pequeño fracaso

Traducción de Eduardo Jordá. Libros del Asteroide. Barcelona, 2015. 440 páginas. 22,95 €. Libro electrónico: 13,99 €.

Por Daniel González Irala

El apellido del autor de estas memorias noveladas ya hace debatirnos sobre sus contradicciones como judío nacido en Leningrado; de una parte la URSS de los 70, de otra los Estados Unidos de la era Reagan y la sociedad de consumo a la que sólo entra a formar parte con estatuto de familia refugiada que huye en un programa de intercambio económico poco antes de la Guerra Fría o con ésta en ciernes. Decimos lo del apellido porque ya en sus primeros años de escuela se da cuenta de que éste significa por un lado “Pedomierda” y por otro algo así como “Palacio de Piedra”.

Por un lado, pues, “llamar supermercado a un gastronom sería un insulto a los supermercados del mundo entero”. Por otro, su estancia y educación en Estados Unidos en el barrio neoyorquino de Queens no es menos caótica en tanto en cuanto se encuentra consigo mismo, un ser huidizo, a veces psicopático y con tendencia a beber más de la cuenta, un judío de familia pobre. De madre pianista vocacional metida a mecanógrafa, de padre cantante lírico metido a ingeniero mecánico, con una prima bailarina, no tiene por más que adorar el chiquillo las artes. Con un familiar desaparecido por culpa de Stalin y otro por causa de Hitler, parece esta vida tan contaminada por lo que ocurre en sus aledaños, que no tiene más remedio que tomársela a chufla.

Dotado desde pequeño para las matemáticas y la neurosis, escribe su primera novela con menos de siete años y la titulará Lenin y el ganso dorado; uno tiene la sensación de que este primer germen de historia le hará volcar una serie de obsesiones tipo Woody Allen que tiende a explicar y explicarse como producto, héroe y antihéroe de sus hazañas. Pronto las matemáticas quedarán de lado y se centrará en los talleres de escritura creativa que fundó Gordon Lish (el editor de Carver) que se imparten en una pequeña universidad.

“Escribo porque no hay nada tan placentero como escribir, incluso cuando lo hago sobre cosas retorcidas y que rebosan odio”, confiesa él mismo, y sospechamos que aquí está su vocación, encontrada por, otro lado, en el lugar más inoportuno de la Tierra, como suele ocurrir cuando ya no hay más remedio.

Nos recuerda también este narrador en primera persona bastante disperso (de ahí en parte su acierto) no sólo al cineasta y actor judío mencionado, también por su tendencia a la destrucción (ya sea propia o ajena) hace ver puntos comunes que vienen a autojustificarse con el James Rhodes de Instrumental. Un Rhodes sin coartada (la del inglés sería la música), lo que hace que Gary o Igor -su nombre original- tenga que lanzarse sin paracaídas al vacío tantas veces (una prueba es su historial sentimental) que parece perder el miedo, tras quejarse de que al final no hay red.

La cuidada edición española de esta novela o libro de memorias, incluye además fotografías de él mismo, amigos y familia en lo que personalmente recuerda y homenajea a Toma el dinero y corre aquella primera comedia gamberra en que de nuevo Allen encarnaba a un ladrón. Sospechamos que Shteyngart es, a este respecto, el segundo en llegar a la meta, lo que sin duda sirve para considerarlo incluso en mayor medida en aras de la meritocracia.

Triste y divertida a partes iguales, el conjunto de su obra, ya ponderada y hecha realidad hace unos años, da que pensar sobre la realidad actual de refugiados de diferentes partes del mundo y su destino aciago y a veces servil al que se ven expuestos, y marca igualmente una distancia entre aquello que nos vendieron que íbamos a ser y lo que en realidad hoy somos.

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