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ENSAYO

José Luis Rodríguez Jiménez: Agonía, traición, huida. El final del Sahara español

domingo 28 de febrero de 2016, 16:39h
José Luis Rodríguez Jiménez: Agonía, traición, huida. El final del Sahara español

Crítica. Barcelona, 2015. 676 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 13,99 €. Solvente, minuciosa y contrastada investigación sobre la caótica salida de España del territorio saharaui, de la que en 2015 se cumplieron cuarenta años.

Por Jordi Canal

Los historiadores cuentan siempre con varias ventajas en relación con los contemporáneos a la hora de interpretar los hechos acaecidos. Mientras que los segundos los vivieron desde la parcialidad y la incertidumbre, los primeros se acercan a ellos armados de una perspectiva potencialmente amplia y de la superioridad de saber cómo terminaron las cosas. Aunque no resulte posible infravalorar las aportaciones a la comprensión del pasado, el yo-lo-viví siempre pierde a favor del yo-lo-estudié. Conocer el curso de la historia otorga preeminencia a la posición del historiador, pero puede resultar fatal a la hora de reconstruir los hechos, vivencias y procesos si se olvida que otras vías estaban abiertas y otros finales eran posibles. Las cosas se produjeron de una manera concreta, pero no determinada. El determinismo constituye un gran peligro para el historiador.

La Primera guerra carlista (1833-1840) finalizó con la victoria del Estado liberal, pero en algún momento de la contienda los contrarrevolucionarios estuvieron a punto de entrar en Madrid e imponerse. Y muchos de sus partidarios creían en la victoria, lo que les llevó a luchar hasta el final. La Tercera República francesa (1870-1940) culminó, en cierta forma, la larga Revolución francesa iniciada en 1789 y conllevó la definitiva consolidación del Estado-nación francés contemporáneo. Sin embargo, en 1873, tras la Guerra franco-prusiana y la Comuna de París, la monarquía estuvo a punto de ser restaurada. Descartar que otros desarrollos resultaron factibles y, sobre todo, que muchos contemporáneos pensaban que lo eran, puede empujar a la escritura de una historia asaz lineal y simple al olvidar que todo camino emprendido comporta haberse visto forzado, por una u otras razones, a desechar otras rutas.

Sobran los ejemplos históricos, así como los abusos de la posición ventajista de los historiadores. Dejemos ahora a un lado el siglo XIX y avancemos hasta fechas más recientes. Uno de los casos que podrían citarse es el del abandono por parte española del Sahara occidental a favor de Marruecos a mediados de la década de 1970. ¿Por qué la opción marroquí se impuso a las propiciadas desde las Naciones Unidas o a las reclamaciones del Frente Polisario? Solamente una reconstrucción minuciosa de los acontecimientos, de los procesos y de los distintos escenarios en juego lograría evitarnos caer en esta tentación. Es lo que, de manera solvente y contrastada, nos propone José Luis Rodríguez Jiménez en Agonía, traición, huida. El final del Sahara español, una obra bien planteada, bien construida y bien resuelta.

Entre todas las soluciones posibles, se pregunta este autor, “¿por qué la cúpula del poder político y militar español tomó una decisión tan poco favorable para España y los españoles, y desde luego la peor para los saharauis?”. El 12 de enero de 1976, las últimas tropas españolas del Sahara occidental embarcaron en Villa Cisneros y abandonaron el territorio, que pasó a ser ocupado por el ejército marroquí. A finales de febrero, cerca de la frontera mauritana, fue proclamado el nacimiento de la República Árabe Saharaui Democrática. Solamente algunos Estados iban a reconocerla. Al fin y al cabo, estamos ante los orígenes de una cuestión que todavía hoy, en 2016, sigue coleando, entre la represión de Marruecos, los cada vez menos provisionales campos de refugiados saharauis en Argelia y un referéndum tan necesario como improbable.

Uno de los problemas principales a la hora de reconstruir esta historia son las fuentes. Una parte de la documentación es inaccesible -el archivo del Ministerio de la Presidencia, por ejemplo- y, en otros casos, se facilita con reparos. El tema del viejo Sahara español genera todavía susceptibilidades. Y, en consecuencia, desconocimiento. Rodríguez Jiménez combina en su investigación la consulta de algunos archivos públicos -en especial, el Archivo General Militar de Ávila- y otros privados, como el de Carlos Arias Navarro o el de la Fundación Francisco Franco. Estos documentos se complementan con los testimonios escritos y orales de personas que vivieron en primera línea los acontecimientos. Algunos de ellos resultan de enorme interés y permiten al autor combinar, en tanto que idónea solución narrativa, los datos oficiales con las experiencias individuales. El contraste es enriquecedor y significativo.

Las andanzas de Sonsoles López y Aguirre y su marido Rafael de Cárdenas, militar, o las del joven recluta barcelonés José María Sastre Papiol, destinado en el Sahara, junto con los relatos inéditos de Josep Maria Cornellà o las cartas enviadas a las familias de la Península o de las islas Canarias nos introducen en una extraordinaria historia vivida. El lejano Sahara provocaba miedos y temores, pero también poderosos enamoramientos. Con todos estos materiales de distinta y variada procedencia, el autor del libro que estamos reseñando ha elaborado un notable fresco histórico.

Agonía, traición, huida. El final del Sahara español está dividido en tres partes, siendo la última, que ocupa la mitad del libro, la más destacada. Mientras que en la primera se aborda la tardía colonización del Sahara español -un territorio desértico y poco habitado-, los esfuerzos para localizar fosfatos y petróleo y el peculiar gobierno del territorio -no falta una útil comparación con el caso de la Guinea española-, en la segunda se trata la historia de la colonia en pleno auge descolonizador. Fue la etapa del surgimiento y rápido desarrollo del Frente Polisario, de las presiones e intimidaciones del Marruecos de Hassán II -en 1969, Ifni pasó ya a manos marroquíes-, de las dudas del franquismo preagónico sobre el gobierno presente y futuro del territorio, y, asimismo, del inicio de la explotación y exportación del fosfato saharaui, sobre todo de la rica mina de Bru Craa, al sureste de El Aaiún y a un centenar de kilómetros de la costa atlántica, en la que se hicieron cuantiosas inversiones. En ningún momento se olvida el tratamiento de la vida de los españoles en el Sahara occidental.

La tercera parte se concentra en el año 1975 e inicios del siguiente -en algunos momentos, con un tratamiento de los acontecimientos día a día-, combinando de manera adecuada varios planos: la actuación de las autoridades, militares y habitantes españoles y saharauis en el propio territorio; la presión del Frente Polisario; la enfermedad terminal de Franco y sus efectos sobre la debilidad y las dudas del Estado en España; las amenazas constantes de Marruecos, y, sin duda, las negociaciones internacionales, tanto en una descolocada ONU y en un manejable Consejo de Seguridad, como entre los países implicados -la apuesta argelina por el Polisario, la avidez marroquí, la espera mauritana, el juego proHassán de Francia y Estados Unidos-.

Entre los militares y gobernantes españoles no había posiciones unánimes, como muestra la opinión abiertamente promarroquí y antiargelina del entonces general Manuel Gutiérrez Mellado, transmitida a Carlos Arias Navarro, actor fundamental de esta historia. La Marcha Verde impulsada por Hassán II acabó por forzar las cosas, situando a España ante el peligro de una guerra tan imposible como indefendible internacionalmente. Todo un cúmulo de razones explica el abandono español del Sahara y de los saharauis; el descuido de los intereses económicos -no solamente la minería, sino el asunto de la pesca, siempre encima de la mesa-; el doble juego ante las Naciones Unidas y el tema del referéndum, y, finalmente, la abierta cesión ante Marruecos, que no iba a frenar en el futuro los conflictos con este país vecino. Agonía, traición y huida, reza el título del libro de Rodríguez Jiménez. Tres términos a los que quizás habría que añadir, como complemento y conclusión, mucha impotencia y mucho desconcierto.

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