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ENSAYO

Rafael Rojas: La Revolución cubana

domingo 13 de marzo de 2016, 15:45h
Rafael Rojas: La Revolución cubana

Turner/El Colegio de México. Madrid, 2015. 204 páginas. 14,90 €.

Por Alejandro San Francisco

Las revoluciones, las guerras civiles y otros quiebres violentos en las sociedades suelen ejercer cierta fascinación sobre los estudiosos, y por eso se produce respecto a esos procesos una proliferación de estudios, historias, memorias y debates. Es precisamente lo que ocurre con la Revolución cubana de 1959, que repercutió no solamente en la historia de la isla, sino que extendió su influencia sobre América Latina y, podríamos decir sin exagerar, sobre buena parte del mundo.

Rafael Rojas es un estudioso reconocido, autor de Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano (Anagrama. Barcelona, 2006), un laureado ensayo cultural sobre el último medio siglo. Adicionalmente, nació en Cuba en 1965, lo que lo vuelve un casi contemporáneo de la Revolución que narra, si bien ha hecho parte de su carrera fuera de la isla. Todo eso, estudios y experiencia, lo pone al servicio de escribir una historia breve sobre Cuba, que cumple plenamente las inquietudes del lector.

Los casi veinte capítulos parten con la narración del régimen republicano que intentó tener la isla, pero que resultó fallido, y posteriormente explica la dictadura de Fulgencio Batista, además de las oposiciones pacífica y violenta que debió enfrentar. En este último grupo estaba Fidel Castro y los jóvenes que emergieron en el asalto al cuartel de La Moncada el 26 de julio de 1953, que costó la vida a muchos de ellos y llevó al propio Fidel a la cárcel, donde se defendió con el famoso “La historia me absolverá”. Tras un exilio en México, donde conoció al Che y reorganizó sus fuerzas, regresó a Cuba a hacer la revolución armada, que después de unos años se alzaría victoriosa y comenzaría la primera construcción del socialismo en Latinoamérica.

Rojas va narrando la historia en forma casi natural, los hechos y las explicaciones se suceden de manera inteligente, y la evidencia histórica hace innecesarios los juicios personales. Abundan las referencias escritas por actores de los distintos procesos y una amplia consulta de bibliografía reciente, que se consolida con la reflexión personal del autor. No solo hay política, sino también economía, vida social y cultural, relaciones internacionales, ideología, transformaciones en la educación. En la Introducción Rafael Rojas señala que la revolución propiamente tal se inicia en torno a 1956, el proceso que llevaría a derrocar a Batista, y concluye en 1976, con la institucionalización del socialismo a través de un nuevo régimen constitucional. Sin embargo, su propia narración permite afirmar que el proceso se mantiene en las décadas siguientes, incluyendo la sucesión del poder desde Fidel a su hermano Raúl Castro, quien anunció que dejaría el gobierno el 2018, es decir, ¡60 años después del triunfo que ellos mismos obtuvieron!

América Latina no es una región fácil, ni tuvo una institucionalidad democrática sólida en el siglo XX, en muchos momentos abundaron las dictaduras. Por lo mismo, la lucha contra Fulgencio Batista podría estimarse en una primera etapa -en que la revolución fue exitosa en términos comunicacionales- como un combate contra las dictaduras de la región, como las que encabezaban Trujillo en Santo Domingo, Somoza en Paraguay, Duvalier en Haití o Somoza en Nicaragua. Sin embargo, poco después de 1959 el mismo Fidel podía exclamar “¿elecciones, para qué?”, lo que convertía su lucha antidictatorial en el preludio de una nueva tiranía.

Ocurre, históricamente hablando, que sucesos como la Revolución cubana desatan energías insospechadas, y nunca se construye exactamente lo que se promete. Por otra parte, si en un momento son muchas las personas, partidos y doctrinas que se unen para luchar contra la dictadura y derrotarla, después de la victoria renacen las posturas divergentes, así como los deseos de conducir el proceso de acuerdo a las propias convicciones. Fidel Castro y algunos de sus compañeros de Sierra Maestra estuvieron en una posición privilegiada para ejercer el poder después de enero de 1959, y se fueron deshaciendo -incluso físicamente- de sus antiguos compañeros y ahora adversarios en el asalto al poder. Los demócratas perdieron la revolución después de su primera victoria.

Aunque Raúl Castro y el Che Guevara eran marxistas leninistas y Fidel no lo era, el proceso revolucionario devino luego en un dictadura de inspiración comunista, que se vinculó a la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría y que procuró construir un socialismo de Estado en lo económico, a veces con estímulos morales como los que promovía el argentino, en otras ocasiones con otro tipo de incentivos. La radicalización ideológica y el centralismo político -en lo que Fidel se mostró implacable- impidieron cumplir las promesas de democracia después de la revolución, y comenzaron a consolidar un régimen que soportaría sus propios fracasos económicos, la lucha contra los Estados Unidos y la caída de la Unión Soviética en la última década del siglo XX.

La continuidad ideológica de la revolución resulta interesante si se compara con una mayor flexibilidad en el ejercicio del poder, como se prueba en la última parte en relación con los contactos con Estados Unidos o las visitas de dos Sumos Pontífices sucesivos a Cuba, Juan Pablo II y Benedicto XVI (sabemos que después también lo hizo el Papa Francisco). En algunas ocasiones la isla ha sido un motor revolucionario en el continente, en otras ha preferido contemplar lo que ocurre o acercarse a nuevas vías revolucionarias del siglo XXI, como sería la figura de Hugo Chávez. A veces la represión se ejerce sin contemplaciones, a veces hay algunos atisbos de apertura.

Llama la atención, al menos a este lector, que no se use la palabra dictadura para calificar el régimen de los Castro, como sí se utiliza sin ambigüedades ni eufemismos para referirse a tantos dictadores que han inundado el continente en este último siglo. Puede ser la omisión de la obviedad o quizá simplemente la preferencia de otros términos, porque la descripción que hace Rojas del sistema creado por Castro a partir de 1959 es unívoca.

También resulta provechoso plantearse qué ocurrirá efectivamente el 2018 si se produce el cambio de gobierno en ese año, como anunció Raúl Castro, quien gobierna desde el 2006 debido a la enfermedad de Fidel. La biología indica que, en cualquier caso, se acercan al fin de sus vidas. Pero con independencia de eso, ¿qué pasará el 2018? Rafael Rojas anticipa la renovación generacional de la clase política cubana, y una eventual apertura del sistema político creado después del triunfo revolucionario.

Será interesante saberlo, y solo debemos esperar un par de años para ello. Sea como sea, es casi seguro que esas declaraciones tan soberbias como antihistóricas del tipo “el socialismo es irrevocable”, pasarán a ser parte de los estudios sobre la Revolución cubana más que realidades constitucionales hacia el futuro, con otras tantas décadas de dictadura comunista. En cualquier caso, no lo podemos saber todavía. Mientras, valga leer esta excelente historia de uno de los acontecimientos cruciales del siglo XX en América Latina y el mundo.

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