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NOVELA

Michel Faber: El libro de las cosas nunca vistas

domingo 13 de marzo de 2016, 15:59h
Michel Faber: El libro de las cosas nunca vistas

Trad. de Inga Pellisa. Anagrama. Barcelona, 2016. 617 páginas. 24, 90 €. Libro electrónico: 9,99 €. Con "Pétalo carmesí, flor blanca", el escritor neerlandés fascinó a crítica y lectores. Vuelve a hacerlo en este "tour de force" centrado en la peripecia del pastor Peter Leigh que debe ir a predicar a Oasis.

Por Daniel González Irala

La típica y tópica frase “he conocido otros mundos, pero están en éste”, podría bien resumir el espíritu de esta obra de ciencia-ficción del autor neerlandés de Pétalo carmesí, flor blanca. Y es que Faber se muestra a sí mismo como capaz de una hazaña portentosa gracias, esta vez, a Peter Leigh, pastor evangelista, en quién un narrador no identificado en tercera persona, se acerca a su mundo de penurias y fracasos reales e impostados, transportándolo al espacio exterior.

Todo parte de una despedida entre su mujer Beatrice para llevar a cabo una misión redentora que esconde fantasmas y monstruos, aparte de la incertidumbre de ella, que piensa sin margen de error, que Peter está tan enamorado de sí mismo a través de la Palabra de Dios, que es incapaz de enfrentarse a una crisis económica global o a saber siquiera que en las islas Maldivas, en Corea del Sur, o en Nicaragua ocurren catástrofes naturales todos los días.

Explicando algo más la misión a la que Leigh es encomendado, se trata de recorrer otro sistema solar que le llevará a Oasis, un planeta que es como una urbanización, lleno de prados de blancaflor, comedores y estancias medio lujosas y minimalistas, así como una parte que se llama Villa Friki, donde viven los más desfavorecidos, zombis que se resisten a morir y que se agarran a sus palabras como a un clavo ardiendo, desesperados, agonizantes. Por momentos, estos seres que cuentan con un idioma propio son las víctimas de la USIC, empresa que contrata también a gente que despunta en diversos campos o profesiones. Y de esta forma, y como en el film Blade Runner se nos separa a siervos de gendarmes, a ricos de pobres, a replicantes de humanos. Y mientras tanto, la pobre Beatrice tiene que ver cómo ha quedado embarazada del protagonista y cómo el mundo real a su paso se va convirtiendo (incluyendo la vida del gato de la pareja, Joshua) en una pesadilla donde las alucinaciones y las heridas autoinfringidas hacen estragos.

Aparte de los reproches entre los miembros de la pareja, que se hacen mediante cartas que reciben con la ficticia tecnología Shoot, la novela es una parábola de aventuras que, con otra excusa diegética, utiliza los nombres de héroes anónimos de los cómics de la Marvel, para mostrar una brecha temporal (la acción transcurre en menos tiempo, parece, del que imaginamos, tardamos en leer) actualizada, por la que la empatía hacia los personajes con la que empieza el texto se acaba deshaciendo en un amor a la fe católica por encima de todas las cosas. De hecho, ese libro de cosas nunca vistas no es otro que la Biblia, para muchos el primer gran best-seller de la Historia, y del que éste podría tener vocación de convertirse.

El origen de Oasis acude a la mente de sus habitantes mediante brainstorming, y el responsable de llamarse así paga caras las consecuencias, al ser no sólo expulsado sino llevado a un reality-show donde el público se reirá de su desgracia vital. Y es que al principio todo allí es cutre como el panel de mando de la nave donde Peter conoce a BG y Severin que se parece más a “una máquina expendedora de aperitivos o a un cajero automático” que al control del avión de pasajeros más modesto.

Por otro lado, el existencialismo cristiano que practica Faber, lo deja entrever Bea cuando le escribe “que a los cristianos que no se preparan bien, les pueden pasar cosas malas, igual que a cualquier otro”; todo, para descubrir por sí mismo páginas después que absolutamente todos “somos almas encerradas en una jaula de huesos”.

Lo que pudiera venir a partir de aquí es una defensa del apocalipsis, sin embargo no parece eso lo más importante, pues es entonces cuando comienzan los auténticos reproches por el dinero, el hijo o el hecho de haberse salido él de la realidad gracias a ese Oasis que no es tal.

La parábola, por otro lado, no es tal en tanto no encontramos una moraleja clara, o encontramos tantas, que sería imposible consignarlas todas aquí. Desvelar pasados que se pudieran convertir en futuros o perdernos en cómo el agua verde o naranja o la manera de expedir alimentos allí se hace verdad, no son más que partes de una anécdota insignificante al lado de la proporción del viaje o la aventura

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