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TRIBUNA

Trompadas de Trump

jueves 17 de marzo de 2016, 19:55h

El polémico y xenófobo Donald Trump –ególatra, donde los haya– comenzó la asfixiante y desgastante carrera por la Casa Blanca desde el partido conservador republicano, asumiéndose gustoso como el patán que siempre ha sido, como el folclórico, como el ocurrente y pintoresco estadounidense millonetas y excéntrico, que pese a sus fracasos empresariales, orate vocifera como matarife en el mercado, bajo la máxima de que “quien grita más, vende más”, aunque solo grite sandeces de manera invariable. Parece imparable mientras lo votan disconformes con el estado de cosas y con las reglas de su partido, el republicano.

El impresentable Trump se involucra en una campaña presidencial viéndola como un pasatiempo más de quien –ocioso, jugando a dilapidar su fortuna en aventuras– se piensa a la usanza de los Estado Unidos, que todo se puede comprar, inclusive la presidencia. No es el primer magnate estridente y estrambótico de aquel país, que aspira al cargo profiriendo dislates a diestra y siniestra y cruzo los dedos para que no consiga su triunfo. Sí, me encantaría la derrota de Donald Trump en las urnas. Y sí, no depende de mí.

Y es verdad: de convertirse en el candidato a la presidencia por el partido republicano, promete que será una campaña sucia, como otras registradas en la historia de su país. Que para eso me gusta. Por citar alguna: la campaña de 1828 del silvestre Andrew Jackson, tan carente de escrúpulos que apoyó la rebelión texana contra México, librada frente el expansionista oriundo de Nueva Inglaterra y tenido por un caballero, John Quincy Adams, el firmante del tratado Adams-Onís y quien decía que Cuba era la fruta madura que caería tarde que temprano en sus manos o que llamó a los sudamericanos como personas recién bajadas de un árbol, apenas alcanzadas sus independencias. Pura joya, como ya lo puede usted constatar, amigo lector. Trump ha retado a su propio partido y lo amaga si no gana la postulación. Quienes lo han minimizado insisten en que no la conseguirá.

Si bien no es el primer estadounidense mamarracho que incursiona en semejantes lides, esta vez su participación conlleva una carga de intransigencia, bravuconería y aturdimiento cerebral tales, que ofenden al más plantado; y permiten afirmar que si ganara la presidencia como es de esperar y temer, lo colocaría en un símil de ser un burro puesto en una cristalería. Ya se puede ir preocupando el mundo si los estadounidenses le otorgan la victoria votando otra vez con los pies y no con la cabeza. Remember Bush Jr. Por eso la pregunta acierta: ¿tan mal están, que lo necesitan a él? Pues sí que andan necesitados y urgidos. De pena ajena. Ya no sería menor su presencia en la papeleta electoral, de conseguirla.

Solo es cosa de ver las constantes torpezas que comete cada vez que abre la boca tratando asuntos de política exterior, para darse cuenta de la cortedad de luces de semejante sujeto. Por algo Japón ha externado su extrañeza antes declaraciones absurdas, como el parlamento británico ha elevado una moción para prohibirle la entrada al Reino Unido o en México a los ciudadanos nos ha generado una repulsa como pocas veces un yanqui nos la puede provocar.

Y frente a los calentones de boca del politicastro Trump, preocupa, exaspera mucho ver la tibieza del presente gobierno mexicano, paniaguado como siempre frente a los Estados Unidos, ajeno al tema que va creciendo, minimizando el avance de Trump y sus retadoras palabras, como la imbécil declaración de que levantará un muro contra migrantes y lo hará pagar a México, asegurando que si no accede el vecino del sur, no querrá jugar a la guerra con su país. ¿Se puede ser más mentecato y pusilánime? Y con Peña Nieto vamos camino de reaccionar tarde y mal por su impericia y su ignorancia supina en política exterior y en temas internacionales. Algo no debe de andar bien en el silencio oficial mexicano, que hasta el vicepresidente Biden ha viajado a México aprovechando para pedir disculpas por las bravatas de Trump. Caso más digno ha sido el de Rosario Marín, que desde el Senado mexicano donde se la premió a esta mujer nacida mexicana y que nunca ha negado la cruz de su parroquia, aseveró en un perfecto español: “(Hoy) se levanta la amenaza funesta de un supuesto liderazgo portador de las más repudiables conductas populistas que haya conocido la Humanidad…ambiciones de un sujeto despreciable... (que) pretende provocar sentimientos xenófobos y racistas…pragmatismo criminal….A este siniestro personaje… le quiero recordar que la cuadragésima primera tesorera de Estados Unidos (hispana, se entiende) lo fue en un gobierno emanado del partido republicano…(él) hoy significa la peor amenaza (para todos)…”.

Palabras que son un golpe digno y certero al racismo negado de Trump. Ya se alzan voces rechazándolo. Aun son insuficientes. Chicago puso la muestra. Todo se andará. Y que se entienda por todos: su racismo no está encaminado solo a los mexicanos. Su racismo será universal, barriendo parejo. Porque cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde. Ya verá la forma. Resulta vergonzoso que haya hispanos apoyándolo, abyectos y lacayunos, porque Trump no respetará ni a los consentidos cubanoamericanos. En contraste, ya veremos su reacción ante el primer gruñido del oso ruso, que Putin ha demostrado que pocas cosas lo dejan boquiabierto. No por nada tiene atenazada, anestesiada a la Unión Europea. Ante un zorro en toda regla, Trump parece un chico pandillero, gamberro y bruto. No menos cierto es que ya lo vemos retrograda, intransigente y totalitario. En cambio, si gana la presidencia, Peña Nieto tendrá dos años más por delante, que nos serán infernales con su pazguato proceder, si lo conserva como hasta hoy.

Sorprende que a estas alturas haya quien minimiza a Trump, el tarambana, improvisado y simplista competidor. Avanzó en las preferencias. Ha conseguido posicionarse desbancando a otros que parecían más fuertes. Contra los opositores, ha podido ganar mejor en estados clave. Azuza acusando a México de generarle pérdidas a su país, callándose las ganancias que allí obtiene EE.UU. con sus empresas de toda laya esquilmando los derechos laborales de los mexicanos, que les reportan jugosísimas ganancias extras.

Los mexicanos no perdamos el tiempo elucubrando o devanándonos los sesos para adivinar si nos irá peor o mejor con tal o cual candidato estadounidense. No es nuestro debate. La relación bilateral siempre es compleja y requiere de toda nuestra atención, de nuestros señalamientos certeros y no de nuestras adivinanzas. Hay que superar esa manía de limitarnos a hacer quinielas rogando a Diosito la suerte. Trump es un problema grave y lo tenemos a un lado por vecino. Requiere que actuemos y respondamos. Hillaria, Sanders o el resto no venden piñas ni los avalan antecedentes promexicanos. Todos nos representan un reto, aunque Trump nos supone un verdadero desafío, que lo será planetario.

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