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MEMORIAS

Antonio Mª García Blanco: Memorias de un cura liberal exaltado

domingo 20 de marzo de 2016, 17:50h
Antonio Mª García Blanco: Memorias de un cura liberal exaltado

Edición de Manuel Moreno Alonso. Alfar. Sevilla, 2016. 664 páginas. 20 €.

Por Carmen R. Santos

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, Manuel Moreno Alonso (Sevilla, 1951) tiene en su haber una fructífera labor investigadora, que le ha valido convertirse en uno de los más reconocidos especialistas en el estudio del siglo XIX, sobre todo en la crisis del Antiguo Régimen, la Guerra de la Independencia y el nacimiento y avatares del liberalismo en nuestro país. Biógrafo de Napoleón, trabajos como Napoleón: de ciudadano a emperador (Silex) y Napoleón. La aventura de España (Silex) son de referencia en la bibliografía sobre la invasión napoleónica, habiendo dado también a la imprenta títulos como Sevilla napoleónica (Universidad de Sevilla), José Bonaparte: un republicano en el trono de España (La Esfera de los Libros), La generación española de 1808 (Alianza), La forja del liberalismo en España (Congreso de los Diputados), y El clero afrancesado en España. Los obispos, curas y frailes de José Bonaparte (Biblioteca Nueva).

Asimismo, ha editado obras de José María Blanco White, Félix José Reinoso y Manuel José Quintana. Ahora lo hace con esta obra escasamente conocida de Antonio María García Blanco, una figura injustamente relegada, cuando no tergiversada, pese a no solo revestir notable importancia en la centuria decimonónica en España sino encerrar un indudable interés. De ahí la oportunidad de Moreno Alonso al rescatarla.

Antonio María García Blanco nació en la localidad sevillana de Osuna en 1800 y falleció en la misma ciudad en 1889. Resulta un personaje singular y poco común, pues, entre otros aspectos, su condición de eclesiástico no le impidió militar activamente en el liberalismo exaltado, que había bebido de su padre, Antonio María García y García, diputado en las Cortes del Trienio Liberal (1820-1823), ni mantener un claro anticlericalismo -en el sentido de abolir las prerrogativas de la Iglesia, que debía limitarse a su función espiritual-, que no era, aclara Moreno Alonso, “odio teológico, era más bien una actitud de la razón”. García Blanco abogaba por la libertad religiosa, ligada a la libertad política, y fue “un pragmático -resume Moreno Alonso-, que se opuso al poder y a los abusos de los señores y poderosos”. Un poder que se hacía manifiesto en el caciquismo que combatió. Como su padre, también García Blanco se sentó en el Parlamento, en su caso en las Cortes Constituyentes de 1836-1837. Su paso por el hemiciclo no fue precisamente una experiencia positiva, por lo que, sin renunciar al credo liberal, que siempre combinó con un acendrado patriotismo, se desencantó de la práctica política y de los políticos, llegando a confesar en sus Memorias que en esa etapa de su trayectoria “sufría mucho”.

Pero no solo la política ocupó los desvelos de este peculiar sacerdote. Fue catedrático de la Universidad de Madrid y reputado hebraísta, y tuvo como alumnos, entre otros, a Nicolás Salmerón, que llegaría a ser presidente de la Primera Republica, y a Marcelino Menéndez Pelayo, con quien le separaban abismales diferencias político-religiosas, y que le llevó a su Historia de los heterodoxos españoles.

La figura de Antonio María García Alonso llamó la atención de Manuel Moreno Alonso, como él mismo recuerda, ya en el lejano tiempo en el que preparaba su tesis doctoral. En ese momento se encontró con Historia compendiada de una larga vida. Resumen de un siglo, libro que ahora edita -bajo el título de Memorias de un cura liberal exaltado (1800-1889)-, con rigor, pulcritud y un excelente estudio introductorio que sitúa perfectamente al personaje. Libro que no solo da cuenta de la variopinta personalidad de su autor, englobada, no obstante, en su carácter de “intelectual dedicado a la lucha por la libertad, el progreso y la dignidad humana”, como bien lo califica el profesor Moreno Alonso. Es también una insustituible fuente sobre el siglo XIX, desfilando por sus páginas “los gobiernos, los reyes, los ministros del altar y del trono, los pobres, los ricos, los caciques, las mujeres, los estudios, los ladrones…”. Un sugerente fresco, pues, donde autobiografía, historia e intrahistoria se dan la mano, servido en muchas ocasiones con el gracejo y el sentido del humor que no le resultaban ajenos a Antonio María García Blanco.

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