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JORNADA 30: VILLARREAL 2 BARCELONA 2

El Villarreal luce épica, gana al árbitro y empata al Barça | 2-2

domingo 20 de marzo de 2016, 17:52h
El Villarreal luce épica, gana al árbitro y empata al Barça | 2-2

La calidad del Barça impuso su ley en un primer tiempo condicionado por los errores arbitrales. Los goles de Rakitic y Neymar -este último tras un penalti inexistente- parecían sentenciar los tres puntos antes del descanso. Sin embargo, la personalidad del Villarreal y la desconexión de los líderes confluyeron en la remontada que arrinconó a los catalanes, incapaces de reaccionar en pos de la victoria en el tramo final. El traspiés, por el contrario, les coloca con tres partidos de ventaja sobre sus perseguidores.

Desembarcó en Castellón el candidato a inscribir su nombre en la historia del balompié continental, por segunda vez en este lustro, sustraído de la tradicional presión, a estas alturas de torneo, por mantener la ventaja en la cima clasificatoria. El resbalón del Atlético en Gijón otorgó al Fútbol Club Barcelona la tesitura idónea para ajusticiar una Liga de gallos inconsistentes, situando casi cuatro partidos de distancia con el segundo clasificado a falta de ocho jornadas. Para alimentar su colchón en la cima del fútbol nacional habría de ejercer la atribución jerárquica que luce con rutilancia y amaestrar al rebelde Villarreal en su nido. Los tres puntos en liza despreocuparían a los culés de los menesteres domésticos, para centrarse en su cruce ante las huestes del 'Cholo', pero los levantinos no constituirían presa sencilla, pues en juego estaba también la cuarta plaza de acceso a la próxima edición de la Liga de Campeones, esa que han gestionado con dificultad en las últimas fechas -un empate y dos derrotas en los encuentros precedentes-, con el Sevilla olisqueando su estela. Por tanto, los ingredientes motivacionales permanecían preclaros, a pesar de encontrarse ambos púgiles en plena resaca europea.

 

Marcelino García Toral, que hubo de sostener la condición de inexpugnable para los grandes de El Madrigal con las ausencias de Samu García, Jonathan Dos Santos, Mateo Musacchio y Jaume Costa, no escatimó en la lista nominal para su apuesta inicial. No obstante, reprodujo la alineación que arrodilló al gigante madrileño, con Bruno y Trigueros sosteniendo la medular, Denis y Castillejo trabajando y desbordando, y Bakambu y Soldado actuando como la pareja complementaria de atacantes que corona un esquema rebosante de movilidad, solidaridad e intensidad. Sobre Mario y Rukavina recaería la doble responsabilidad de cerrar y amenazar, y Bailly y Víctor Ruíz abrigrían a Asenjo. La cohesión en el repliegue y la fluidez en la gestión del cuero marcarían la profundidad de un guión tan trabajado como necesitado de rigor de cada pieza para su cumplimiento. La concentración táctica debía ser absoluta para imponer la indigestión al ilustre rival.

 

Luis Enrique Martínez, por su parte, amplió su reparto de esfuerzos con la inclusión de Sergi Roberto en el lateral diestro y la de Arda Turán en lugar del infortunado Iniesta. Así, con el regreso de Piqué al centro de la zaga, Mascherano, Alba, Busquets y Rakitic completaban el arquetípico sistema catalán que sigue concibiendo al tridente como impermeable a las rotaciones. Messi, Suárez y Neymar refrescaban su vigencia como trío definitorio de partidos, fuera cual fuera el pelaje colectivo. Porque en este envite debía el Barça enseñar la riqueza de sus variantes, acometiendo la discusión por el predominio en la posesión o el repliegue y salida para morder en vertical. El asimilado pelaje de su oponente sugería el compromiso de cada elemento para con las labores de vigilancia tras pérdida o de presión, según marcara la escena. La pugna por el control del centro del campo y, por ende, del tempo, se antojaba nuclear en el exigente intercambio de trabajado talento que se presuponía.

 

Se alzó el telón con la exposición precoz del paisaje que dominaría buena parte del primer acto: el Barça trataría de maniatar el ardor inicial local por la vía de la circulación perpetua y con el fin de anestesiar, cansar y ajusticiar, en un partido largo, al balance energético amarillo, que venía a este examen de batallar el pasado jueves por el billete a cuartos de final de la Europa League. La enmienda ideada por el Villarreal contempló la asunción de solidez en el repliegue, en las ayudas y basculación, para explotar en transición. Desde esta última arista logró, de hecho, abrir fuego. Antes de que se cumpliera el primer minuto y los presupuestos tomaran forma, Bakambu desbordó a Roberto en el mano a mano exterior y su centro al área fue cabeceado al poste, desde el área pequeña, por Trigueros. Navegando por la inercia efervescente de la apertura, el técnico delantero controlaría un centro desde la derecha, con el tacón y en escorzo aéreo, para granjearse un remate angulado que Bravo tapó con astucia -minuto 6-.

Toda vez hubo constatado el Barça la amenaza su espalda si la vigilancia tras pérdida no resultaba la correcta, la pelota empezó a adquirir el color blaugrana y la producción de llegadas, si bien no escapó a la limitación propia de la exigencia táctica, también viró de trinchera. Así, con el decantar del ritmo hacia los intereses catalanes, cuyo batallón reaccionó a los desajustes previos alzando su presión, encontró en Rakitic al ejecutor de la respuesta. El croata robó a Bruno la salida del cuero en la frontal del área local y chutó ajustado, sin encontrar el poste izquierdo -minuto 10-. El remate fuera de diana de Messi desde media distancia -minuto 14- autografió el advenimiento del mando visitante. Su disposición, con La Pulga ejerciendo de mediapunta retrasado, buscando la asociación interior con Neymar y Rakitic, sumaba a los laterales a la labor contemporizadora de la circulación, aunque Arda y Alba buscaban, entonces, ganar alguna superioridad exterior a la red de ayudas que obligaba a sudar a dos estilistas como Denis Suárez y Castillejo.

 

Parecería que en el ecuador del primer tiempo ambos equipos se manejaban con comodidad en el control horizontal blaugrana. Cada cual acometía su hoja de ruta en un ejercicio de respeto mutuo que penalizaría las imprecisiones con rotundidad. Sin embargo, la tensa calma de una charla sin riesgo se rompió cuando la calidad reclamó su magnetismo decisivo. Soldado derribó a Neymar a 25 metros del arco amarillo. Messi, hasta entonces entregado a la distribución inocua, dibujó un lanzamiento de falta frontal exquisito hacia el desmarque de Suárez y a la espalda de la zaga. Sin espacios. Asenjo logró interceptar el envío repleto de clase pero su rechace fue rematado a la red por Rakitic, con un golpeo de categoría -minuto 20-. Se adelantaba un Barcelona dominador que amortizó la pizarra como ruta accesoria de avance. El sensacional trabajo en fase defensiva local quedó matizado con el primer chispazo del líder.

 

Quiso oponer resistencia a la lógica el Villarreal por el cauce del ascenso de intensidad, intercalando presiones elevadas y acelerando en cada robo. Trigueros consiguió gobernar en este intervalo gracias a su capacidad para batir líneas y conectar con la posición escalonada de Soldado. El juego entre líneas, principal arma de vértigo levantina, empezaba a asomar. Bravo forzó su lectura del juego para salir de su cueva y adelantarse al desmarque de ruptura de Bakambu y conjugar el balón en profundidad -minuto 26-. Pero, cuando la voluntad local susurraba el cambio de paradigma, la broza arbitral se cruzó para desdibujar la inercia. Perdonó el colegiado la segunda amarilla a Piqué por una mano clara. Al comprobar la circunstancia por la cobertura audiovisual, Marcelino elevó el tono de sus protestas y terminó por ser él el expulsado. El impasse generado nubló la determinación eficaz local y el Barça aprovechó para arrancar, de nuevo, el dictado de la trama. La coordinada presión elevada culé, que trompicaba la abrasiva salida al primer toque de Trigueros o Bruno, significó el ajuste necesitado por el bloque dirigido por el 'Lucho'.

 

Volvió la pelota a la horizontalidad blaugrana y las tratativas recobraron su piel. De este modo lanzó el Villarreal una transición que detectó a Soldado y Suárez, que combinaron con nitidez en banda derecha. La acción, ante la oposición tímida del cierre catalán, se tradujo en el chut centrado, desde la frontal, de Trigueros. Bravo detuvo sin problemas, en el minuto 35. La verticalidad castellonense superaba a las revoluciones del centro del campo visitante, por lo que el respingo del cuarto clasificado se tornó tangible. La asociación por banda derecha entre Mario y Trigueros, que explotó la pasividad del achique barcelonés y localizó la llegada del lateral hasta línea de fondo, completó la ruptura de la placidez controladora anhelada por los azulgrana. El carrilero centró con tensión y Bakambú no remató a la red por muy poco.

 

Mas, cuando mejor se desenvolvía la línea argumental diseñada por Marcelino, sobrevino el punto de inflexión inesperado: Sánchez Martínez terminó de hurtar el rol protagónico a los futbolistas y se inventó un penalti de Asenjo sobre Neymar. Messi había conducido una contra que concluyó con el pase entre líneas al desmarque del carioca. El guardameta salió de su arco para afrontar el mano a mano y sacar, con limpieza, el balón. El fallo garrafal del colegiado dio paso a una obra de arte de Neymar, con definición a lo Panenka, contaminada por el pobre rendimiento arbitral -minuto 41-. La deficiente decisión se revestía de sentencia mientras que el Villarreal ahondaba en el sentimiento de claramente perjudicado. Dicha percepción revertiría en otra pitada al juez cuando éste no amonestó el derribo de Jordi Alba a Soldado en la frontal y en una contra esclarecedora.

 

Con el colegiado fuera de eje embocaron vestuarios los futbolistas. En un partido de guante blanco, desprovisto de patadas o agresiones, el Villarreal vio cinco amarillas (Asenjo, Víctor Ruiz, Soldado, Bruno y Rukavina) y una expulsión, la de su indignado técnico. La descontexualización en la que cayó el fútbol antes del intermedio no tapó, del todo, la argumetación estadística de un enfrentamiento espectacular, salpicado de calidad y estudio táctico. Ganaba con claridad el Barça en la relación de goles y de posesión (63%). Sin embargo, en lo relativo a la gestación de llegadas y disparos entre palos, la equidistancia brillaba. Siete acercamientos al área catalanas supusieron tres chuts a puerta y cuatro centros levantinos encontraron dos remates a diana. Adolecía el conjunto amarillo de relativización de lo ajeno al verde, pues su apuesta había abonado el terreno para merecer más premio que el negado por el contexto que condicionó el primer acto. La celeridad con y sin pelota había mostrado el carril a recorrer y sobre ese renglón debía evolucionar la fe castellonense.

 

Y los pupilos de Marcelino doblegaron su apuesta con frenesí desde que se cumplió el primer segundo de la reanudación. Luis Enrique había sacado de la hierba a un gris Arda -todavía juega a un fútbol más lento que el que marca su orquesta- para incluir a Dani Alves en su puesto natural. Sergi Roberto aportaría su derroche energético en la medular para recuperar el control cedido. Pero se descubrió el Barça ahogado por la temeraria subida líneas local, que rápido deshizo el soliloquio con la pelota visitante. El reparto de vatios en el segundo acto mostró una asimetría que entregó el gobierno caótico a un Villarreal que, al fin, desequilibró en vuelo para angustiar, con severidad, a Bravo. Inauguró la soberbia deflagración una contra y acción de uno contra uno de Bakambu con Pique, que terminó en chut, tenue, a las manos del chileno -minuto 49-. Trigueros profundizó con su tiro hacia el palo largo, desde la frontal, en un envío que lamió el larguero -minuto 52-. Por el camino Pique dejó su lugar a Mathieu, preludio del gol de la esperanza del Submarino: Denis cazó una vibrante combinación en transición para desbordar en la frontal y chutar raso y cruzado. Bravo sacó el lanzamiento con apuros y Bakambu alcanzó el rédito a sus merecimientos para acortar distancias a placer -minuto 57-.


 

La ruptura de líneas catalana a la que condujo el Villarreal provocaba, además, el descosido de la circulación visitante. El intervalo desintegró la consistencia del campeón, que sollozaba por no hundirse ante la diferencia de ritmo y atención. El disparo de Castillejo a la salida del saque de esquina que Bravo sacó del primer poste y el remate desviado de Soldado en el córner posterior subrayaban la necesidad de conexión blaugrana si no quería ver su granero vaciado por el peor de sus fantasmas: la auto complacencia. Neymar respondió señalando los riesgos de tan valiente disposición al rematar una contra vertiginosa, conducida al galope de Messi, con un disparo que sacó Asenjo con una reacción de foto. Pero, la distancia de compromiso quedó desnuda en el disfrute local, por primera vez con espacios de manera sostenida, y terminó por castigar con creces al coloso dormido. De un córner cedido por un Busquets sobrepasado nació el empate posterior al épico esfuerzo. Denis lanzó y Mathieu introdujo el esférico en su portería, despistado por el cuerpeo de Soldado con su par -minuto 64-.

 

La revolución levantina duró 20 minutos. Algo más de un cuarto de hora en el que un 0-2 quedó suturado, tanto como el control del tempo y del cuero al que los pupilos de Luis Enrique trataron de regresar con la igualdad en el electrónico. Marcelino escogió a Pina para edificar el rebate al anunciado golpe de cansancio y acometer el colpaso central de la medular ante la presumible reacción de Messi. Además, Bakambu, extraordinario, dejó su escaño a Adrián en busca del refresco de la velocidad en contragolpe. Movimiento similar al implementado minutos más tarde, que incuyó en la fórmula a Baptistao en lugar de un Soldado exahusto, que mostró, una vez más, que porta una enseña de punta inteligente sin parangón en el panorama patrio. 'Lucho' no entendió adecuado introducir alguna variante adicional y dejó que los jugadores respondieran a la tesitura ellos mismos, como gusta de hacer Phil Jackson.

 

El balón parado inició la postrera recuperación de decibelios con un centro de Messi, en falta lateral puntiaguda, que Rakitic cabeceó para el florido despeje de Asenjo. No quitaría ya la pelota al Barça el notable oponente local, que quedaba contreñido al achique de agua intensivo. Como consecuencia de la cesión de metros y el encierro arribaron los disparos fuera de dirección del pulmón croata, de Luis Suárez -fuera del devenir- y de Alves. La renovada influencia competitiva de los peones mejor dotados no condujo al Barça a la orilla, pues el Villarreal mantuvo su rictus escurridizo hasta el final. Aunque no alcanza concreción, las transiciones lanzadas en los últimos minutos amainaron la tromba barcelonesa y Trigueros dio carpetazo a un partido personal sensacional con un disparo alejado de la meta de Bravo.

 

El apagón de compromiso y concentración catalán posterior al descanso y la personalidad de un Villarreal de rendimiento extremado en su ortodoxia alegre e intensa patrocinaron uno de los partidos de altura que venden la marca LaLiga. Se aseguró el bloque dirigido por Marcelino una buena inyección de confianza, pues salió vivo después de exponerse en el ejercicio de valentía realizado en el segundo acto. No en vano, los clubes que gozan de puesto en las plazas europeas no han violentado este curso El Madrigal. Y minimizó las consecuencias del regreso de los fantasmas Luis Enrique, pues este resbalón no significa otra cosa que la confirmación de la ampliación de la distancia con los perseguidores. Son ya tres los partidos que engrosan su colchón en el epílogo del campeonato doméstico. Pero, fuera del frío dato (76% de posesión azulgrana, empate a 15 en producción de llegadas y tablas, también, en tiros a puerta, con seis remates por bando), la excelente salud que sigue presentando el fútbol español exhibió uniforme esta tarde gracias a dos de sus destacados representantes extramuros.

Ficha técnica:
Villarreal: Asenjo, Mario, Bailly, V.Ruiz, Rukavina; Bruno, Trigueros, Denis Suárez (Pina min. 73), Samu Castillejo; Soldado (Baptistao min. 82), Bakambu (Adrián min. 70)
Barcelona:
Bravo, Sergi Roberto, Piqué (Matthieu min.54), Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Arda Turan (Dani Alves min 56); Neymar, Messi, Suárez.
Goles:
0-1, m.20: Rakitic; 0-2, m.40: Neymar, de penalti. 1-2, m.57: Bakambu. 2-2, m.63: Mathieu, en propia puerta.
Árbitro:
Sánchez Martínez. Amonestó a los locales Soldado, Bruno, Asenjo, V. Ruiz, Rukavina, Pina, Mario y Trigueros y a los visitantes Arda Turan, Piqué, Jordi Alba y Mascherano. Expulsó a Marcelino García Toral por protestar.
Incidencias:
25.000 espectadores acudieron al partido correspondiente a la trigésima jornada de la Liga BBVA, disputada en el estadio de El Madrigal.
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